ALPDM (V.3, Amor IV: crueldad y superstición)

“La crueldad intencionada consiste en causar, de propósito, dolor a otros seres vivientes, y éste es el pecado más grave de todos: obra de diablo más bien que de hombre. Diréis que ningún hombre puede hacer una cosa semejante; pero precisamente los hombres la han hecho muy a menudo y aún la están haciendo cada día. Los inquisidores la practicaron, y también muchas gentes religiosas en nombre de
su religión; los vivisectores, así como habitualmente algunos maestros de escuela.”

Ánimo que ya queda poco. Con ésto ya terminamos la saga y pasamos a otra cosa.

Crueldad

Seguimos en la misma línea que en capítulos previos, desmenuzando conceptos y contradicciones relacionadas.

Causar dolor a propósito a otros seres vivientes, de entrada no tiene muy buena pinta. Pero, como siempre, hay un pero, y depende del motivo por el cual pretendemos causar dolor.

Siempre hay fines que justifican los medios (o lo pretenden, al menos) .

Intervenciones médicas

Por ejemplo supongamos una cura, una intervención médica, dolorosa. Siempre con vistas a un beneficio superior. Una extracción dental, una vacuna, una biopsia…

Otra cosa es que la intervención médica no resulte, que técnicamente sea equivocada, pero en cualquier caso desde la subjetividad del médico, el dolor de una inyección, una vacuna, una extirpación o amputación se hace con vistas a un beneficio mayor para el paciente.

Castigos

Tres cuartos de lo mismo para los castigos de los hijos, o de los alumnos. Ya no está de moda el dolor físico los cachetes, los latigazos, el “jarabe se palo”… pero igual de doloroso puede ser el dolor psíquico, castigando sin recreo, sin postre, sin salir a jugar a la calle…

En cualquier caso, el dolor se inflige, supuestamente, por un beneficio superior: la educación del niño.

Técnicamente puede ser una actuación equivocada, pero, como en el caso anterior, desde la subjetividad del educador, lo que predomina es un deseo de ayudar.

Puede ser, es cierto, que algunos padres, algunos maestros, disfruten del maltrato físico y psíquico contra sus educandos y que utilicen su rol y status favorable como educadores para dar rienda suelta a sus desviaciones, sus frustraciones y estados de ánimo.

Pero, en fin, puede suponerse que en algunos casos, los educadores utilicen la violencia física o psíquica de modo objetivo, con el consciente propósito de mejorar las aptitudes de los alumnos y su educación de cara al futuro.

El perfil netamente diabólico, o patológico, es el de la persona que origina sufrimiento, físico o psíquico, por el puro placer de causarlo, sin ningún animo de defensa, venganza o lucro personal. Ni, por supuesto, de ayuda a la víctima.

Derecho a defenderse

Pero tenemos también, por ejemplo, como decía, el derecho a defenderse de cualquier mortal:

si alguien nos agrede, o simplemente nos sentimos agredidos, nos defendemos. Con un puñetazo en la nariz, por ejemplo. Nos defendemos originándole dolor a propósito, como reza el texto. Le provocamos dolor precisamente por eso, para que no vuelva a agredirnos, para que sepa que si nos agrede responderemos provocándole dolor de nuevo.

Incluso aunque la percepción de la agresión inicial sea ilusoria, errónea, o paranoide, lo importante es la percepción subjetiva.

Claro que, entonces cambian los papeles. El agresor pasa a ser el agredido, y quien invocará su derecho a la defensa devolviendo otro puñetazo.

¿Quién entonces es “el malo”? En un momento dado ya no se sabe quién es el agresor ni quién el agredido.

Tortura

Incluso podemos optar por técnicas de tortura si pensamos que así vamos a obtener información relevante sobre el enemigo, evitar un atentado, o simplemente ganar una batalla.

En este caso tampoco puede hablarse de crueldad, con propiedad. Se trata, en principio de una defensa o una venganza como respuesta a una agresión previa.

La crueldad, en el sentido que apunta el texto debe entenderse en otro sentido. Provocar dolor por el simple placer de causarlo, sin que medie causa previa, ni espíritu de defensa o venganza, ni menos aún espíritu corrector o educador.

Bueno, sí, normalmente, aunque la tortura proceda de una “razón de estado”, los verdugos ejecutores posiblemente sean personas perturbadas que realmente disfrutan del oficio, independientemente de la motivación última.

Claro que también podríamos considerar una respuesta defensiva o vengativa desproporcionada. Alguien se burla de nuestros zapatos nuevos y en justa venganza le rociamos con gasolina y le damos fuego.

Pero, en fin, casos patológicos aparte, en las consabidas “espirales de violencia” no siempre está claro quién “empezó”, o quién es el malo o el cruel. Un daño involuntario puede ser interpretado como agresión voluntaria, sucediéndose la cadena de respuestas.

Vivisectores

Luego está el tema de los vivisectores.

Tampoco se trata exactamente de disfrutar originando dolor a los animales víctimas de estas prácticas. Como mucho se trata de intereses económicos y profesionales. Se apela también al progreso de la ciencia y posterior beneficio de la humanidad y tal y cual.

Claro que también es verdad que, aunque no se trate de “disfrutar” con el dolor, tampoco se le hacen muchos ascos al oficio. La empatía con el dolor y sufrimiento animal está muy desigualmente repartida. Mientras algunos pueden realizar indiferentemente este tipo de trabajos, otros se muestran horrorizados ante tales prácticas.

Y muy relacionado con esto un aspecto cognoscitivo, que comentaré en el epígrafe siguiente: la comprensión que cada cual tiene de la vida animal. Hasta qué punto entiende, con razón o sin ella, que el animal sufre de modo similar al humano. Quizá el ejecutor no es consciente del daño infligido. Y aunque el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento, al menos no se le puede acusar se crueldad, propiamente dicha.

La pasión científica, como otro tipo de pasiones, puede cegar e insensibilizar al científico, capaz de viviseccionar a su propia madre con tal de conseguir un Nobel. Pero, en fin, no sé si hablaríamos con propiedad de “crueldad”, si por las causas que sean no “vemos” el daño causado.

Otra forma más sutil de crueldad, y más corriente, sería alegrarse del dolor ajeno. Lo cual tampoco es de extrañar, si la persona dañada es un competidor en nuestra lucha por la riqueza y el poder.

Sin embargo esta alegría, y burla, por el dolor ajeno puede referirse hacia personas débiles o dañadas que realmente no resultan una amenaza en nuestra lucha por el Poder.

Superstición

La superstición es otro mal tremendo, que ha causado grandes y terribles crueldades. Las personas esclavas de ella menosprecian a las que saben más, y tratan de obligarlas a hacer lo que ellas hacen.
Pensad en la horrorosa matanza debida a la superstición de sacrificar a los animales y al todavía más terrible prejuicio de que el hombre necesita alimentarse de carnes. Pensad en el trato a que la superstición ha dado motivo con respecto alas clases oprimidas en nuestra amada India, y ved cómo esta mala tendencia puede engendrar una despiadada inconsideración, aun entre los que conocen el deber de fraternidad. Los hombres han cometido muchos crímenes en nombre del Dios de Amor, movidos por la pesadilla de la superstición; cuidad mucho de que no quede en vosotros ni el más leve vestigio de ella.

Superstición, o simplemente desconocimiento o ignorancia. Pero, no sé, también podemos calificar de supersticiosa la creencia de que es posible vivir sin matar animales, más o menos directamente. O la creencia de que sea posible vivir sin matarnos unos a otros, sin guerras y de forma pacífica, o sin crear castas o clases sociales, de forma igualmente más o menos indirecta.

La vida social, la lucha por la vida es muy complicada y conviene ser cautos antes de dar por absolutamente válida cualquier hipótesis en este contexto. Sobre ésto ya filosofamos en capítulos previos, “el sentido de la vida”, por ejemplo, no quiero repetirme demasiado.

En su día, yo me sentí identificado plenamente con el texto, la cuestión animalista y vegana, la cuestión de las castas sociales, la represión de los docentes… Pero…

Ética y razón

Ética y razón forman un tándem indisoluble. La ética promueve (o proscribe) una actuación general de tipo X sobre un objeto genérico de tipo Y. “No matarás”, por ejemplo.

La razón elucida cuándo una acción concreta xi pertenece al tipo X; y cuándo un objeto concreto yi pertenece al tipo Y.

Por tanto un comportamiento aparente amoral, o contrario a determinada ética, puede tener su origen en la clasificación racional de la acción y/o del objeto.

Pensemos por ejemplo en proclamas éticas del tipo “no matarás” o “no robarás”. De entrada parecen fáciles de entender o de asumir.

Pero, ¿Qué es exactamente matar, o robar? Y, ¿A quién, o a qué, no se puede matar o robar?

No matarás

Sí, de acuerdo, le doy a alguien con un martillo en la cabeza y le dejo frito. Pero nuestra responsabilidad en la muerte de nuestro prójimo puede tomar diferentes matices en diferentes contextos.

Por ejemplo, el golpe no fue certero. El otro no muere, o no muere directamente. Pero muere años más tarde, consecuencia directa de las heridas. Pero el matador fui yo, ¿No? ¿O quizá recibió más golpes de otras personas y la responsabilidad se reparte?

Y, ¿Si fallo el golpe? Porque la intención era 100% matadora… ¿soy menos culpable del delito por tener mala puntería?

O abandonamos a un niño indefenso en la selva. No lo matamos pero como si lo hiciéramos. ¿Somos matadores en tal caso? Igual confiamos en que algún alma caritativa lo encuentre y lo adopte. O quizá lo dejamos en manos de Dios, Él sabrá si salvarle, o qué hacer.

Subrogando responsabilidades

También podemos optar por contratar a alguien para que haga el “trabajo sucio”. Un sicario, o verdugo, carnicero o matarife. ¿Soy menos matador por ello?

O votar a un político para que haga lo propio. Una guerra por ejemplo. Porque, ¿somos culpables de los crímenes que cometen los políticos a quienes colocamos en el poder?

Matando sentado y con los brazos cruzados

O puede ser que tengamos delante de nuestras narices a un asesino auténtico. Con un rifle matando de uno en uno a personas inocentes. ¿Le dejaremos continuar, que siga matando gente?

Porque, entonces, somos cómplices de la matanza. ¿No? ¿Mataremos al matador?

En cualquier caso violamos el Quinto.

Claro que también puede tratarse de un gobierno tiránico. O una política concreta de un gobierno democrático.

O negamos la ayuda a un pobre, un hambriento… y a falta de recursos muere.. ¿Será también una forma de violar el quinto mandamiento mosaico? Estamos en las mismas. Millones de niños hambrientos mueren. ¿Somos igual de matadores por no preocuparnos?

Hombre, animal matador

La “sociedad”, en cierto modo, es un organismo homicida, guerrero, al cual pertenecemos por activa o por pasiva, no podemos autoexcluirnos de él. Nuestro nivel de vida se lo debemos a las guerras que promueven nuestros políticos, a guerras y conquistas en las cuales quizá participaron nuestros antepasados. El “zoon politikon” es algo más que politikon, es político-militar, es militar-matador.

Mato el aire cuando respiro

No solo podemos cuestionar cual sea exactamente la proscrita acción de matar. Podemos cuestionar cual sea exactamente el objeto sobre el cual debamos aplicar la acción (o no-aplicar, en este caso).

Se refiere a humanos, o ¿también animales? O, porqué no, también a vegetales. Y a bacterias, hongos o virus que también son seres vivos sobre quienes podemos aplicar el decreto.

Pero, claro, nuestro cuerpo viene diseñado y preparado de fábrica para matar virus y bacterias. De entrada lo tenemos un poco difícil.

Veganismo y frutarianismo

Podemos optar por una alimentación vegana, como sugiere el texto. Vegana o frutariana más bien. Pues algunos vegetales hay que matarlos para comerlos.

Pero, aún así, por mucho empeño que pongamos, quizá nos veamos obligados a fumigar nuestras cosechas, y erradicar las “malas yerbas”.

Y por el mero hecho de alimentarnos de vegetales, vamos a entrar en competencia con nuestros hermanos herbívoros. Deberemos vallar nuestros huertos, nuestras plantaciones, con lo cual, nuestros hermanos herbívoros no podrán alimentarse… y morirán… .

Lucha por los recursos

Pero la relación de competencia se extiende también a nuestros propios hermanos humanos. Hay un problema de reparto de recursos que acompaña a la humanidad desde sus orígenes. Castas superiores e inferiores, clases altas o bajas, gente que se queda sin recursos y muere… o al menos ve mermada la esperanza de vida.

Matadores y guerreros

Y por supuesto las guerras, guerras por el territorio y el reparto de recursos, inseparables compañeras de la humanidad en su peregrinaje a través de la historia.

El contexto en el que surgen las “tablas de la ley” no es ajeno a todo ello. El mismo Yahvé que proclamaba el “no matarás” establecía pena de muerte para sus súbditos revoltosos. También inducía a su pueblo a la guerra contra sus convecinos. El antiguo testamento esta lleno de testimonios de este tipo y de las más sangrientas carnicerías inspiradas por Yahvé, todo hay que decirlo.

Así que, de entrada, podríamos suponer que el objeto de aplicación del “no matarás” se refiere, puede entenderse, no exactamente a sujetos humanos de cualquier tipo, sino a los propios súbditos, a los propios miembros del mismo pueblo: prohibido matarse entre sí. Pero estaban permitidas las guerras contra los Otros, los extraños, los infieles.

Todo esto se sigue practicando hasta nuestros días, nada nuevo bajo el sol. El militar que bombardea una ciudad con miles de muertos civiles es honorado y condecorado. El civil que se defiende con un cuchillo de carnicero es marginado y despreciado como propia personificación del Mal.

Prebendas de la autoridad competente

Tampoco es exactamente que se permita, se alimente, la matanza de extranjeros, a la vista de la pena de muerte dentro del mismo pueblo, de la misma nación… y a la vista de los numerosos episodios en los que Yahvé entra en cólera y manda pasar por la espada a los revoltosos.

Entonces lo que tenemos es que el “no matarás” no es un mandamiento indiscriminado. Se puede matar al extranjero, enemigo en una batalla. Pero también al vecino… cuando así lo dictamine la autoridad competente… Lo que nos lleva a que son las clases bajas, las castas inferiores quienes tienen prohibido matar a sus vecinos. No así las clases altas, superiores y dominantes, quienes tienen potestad para matar a aquellos miembros, o subgrupos, de la comunidad, que lo estimen oportuno en el momento oportuno.

Aquí comenzamos ya a jugar con el lenguaje, a hablar de “ejecución”, “eliminación” o “anulación del objetivo”, cuando la acción de matar viene promovida por las clases dirigentes. Y hablamos de “asesinato”, de crimen cuando la acción de matar se promueve al margen de las susodichas clases dirigentes. Hay todo un juego de términos, en la vida civil y militar, y según quien sea el matador, si es un miembro de “las fuerzas del orden”, si es un soldado del propio ejército, “nuestros muchachos” o del ejército enemigo, o un “bandido”, o un “terrorista”.

De nuevo volvemos al discernimiento correcto de la correcta acción, independientemente de normas y recetas preestablecidas.

Animalismo y veganismo

Si asumimos que el mandato ético se refiere a “no matar personas”, pero permite la matanza de animales todavía nos encontramos con el problema racional de distinguir al humano del animal. No es lo más corriente, pero imaginemos que descubrimos un eslabón intermedio, o eslabón perdido entre el hombre y el animal. ¿Le serán aplicables los mismos principios éticos que al humano? Hummm… No es un dilema nuevo, también la reciente esclavitud de personas de raza negra se justificaba alegando que no eran propiamente humanos… o el propio eslabón perdido entre hombre y mono…

Aborto

Dilema similar aparece en la cuestión del aborto. ¿Cual es la diferencia entre matar un niño recién nacido o hacerlo unas semanas antes de nacer? ¿Y si en lugar de semanas ponemos meses? ¿En qué momento decidimos que el feto es un ser humano objeto de aplicación del “no matarás”?

No robarás

Sí, de acuerdo. El objeto O pertenece al sujeto X. Entonces llega otro sujeto Y que se apropia del objeto O. Pongamos que lo hace con violencia, o con engaños…

Esta claro lo que es el sujeto X y lo que es el sujeto Y. Claro también lo qué es el objeto O.

Pero, ¿Qué es exactamente la relación de propiedad de un objeto O con respecto a un sujeto X?

No se trata precisamente de una noción objetiva, sino más bien convencional.

Pues, ¿quién decide que tal sujeto es el propietario de tal objeto?

La propiedad puede entenderse en términos jurídicos. Como el derecho de propiedad, o de uso, de un objeto. Y como tal, viene referido a un sistema jurídico, que a su vez viene referido a un poder ejecutivo.

Mi móvil es mío, según el sistema legislativo del Estado en que vivo. Viene alguien y me lo roba. Entonces doy parte al sistema ejecutivo para que capture al ladrón y me devuelva lo que es mío. Pero los sistemas ejecutivos no son perfectos. Puede que no descubran al ladrón, por negligencia o mala fe, y que yo no recupere mi móvil. Un móvil que, de hecho, ya no será mío sino del ladrón. A falta de pruebas o criterios que demuestren que el móvil es mío, la propiedad de hecho se convierte en una propiedad de derecho según el propio sistema legislativo inicial.

Los sistemas legislativos cambian, lo que hoy es mío según un sistema legislativo de referencia mañana puede dejar de serlo a través de un decreto ley o orden judicial. Pero también, en un mismo ecosistema social pueden entrar en competencia dos sistemas legislativos, amparados por sus respectivos ejecutivos. Caso típico es el de una declaración unilateral de independencia de una región, o cuando dos países se disputan el control de un área fronteriza. Pero también, y aunque de modo menos formal, cada individuo, o grupo social, puede portar sus propios principios, sus propias consideraciones sobre sus propios derechos, muy especialmente sobre el derecho y reparto de la riqueza y la propiedad. A falta de un sistema ejecutivo firme que lo respalde, puede aprovechar cualquier fisura en este último para intentar ejercer sus propias convicciones.

De modo que el “no robarás” no puede proclamarse así sin más, debe ir referido a un sistema legislativo concreto que sea quien en última instancia determine quién es propietario de qué, el sistema de propiedad de los legislados.

Así de sencillo.

Obedecerás a la casta gobernante

De modo que el no matarás y el no robarás no tienen un significado absoluto, vienen referidos a sistemas legislativos particulares. El sistema legislativo es entonces quien determina quién no debe matar a quién, pero también quién sí puede hacerlo.

Al final lo que tenemos es un “obedecerás al gobierno”.

Lógico si consideramos la creencia ancestral de que Reyes y mandatarios eran elegidos a dedo por la propia divinidad.

Pero a falta de tal creencia, lo que tenemos es, de nuevo, falta de criterios objetivos para reconocer al legítimo gobierno. Como no sea, precisamente, la capacidad del ejecutivo para hacer respetar las leyes del legislativo. O sea: el más fuerte.

Recordemos las palabras de San Pablo
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“Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan; porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Por consiguiente, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto…”

Pero ¿Quién es la autoridad?

¿El más fuerte? ¿Y si la autoridad es tiránica? ¿Si nos obliga a coger el fusil a pegar tiros contra el enemigo? ¿Haré caso al gobierno independentista recién proclamado, o al gobierno central? ¿Al ejército invasor?🤔🤔

Amor, superstición e ignorancia

Entonces, sí. Como dice el autor, la superstición y la ignorancia pueden ser promotores de comportamientos crueles. Y una de las patas del Amor debería ser el conocimiento, y el conocimiento de aquellas actuaciones que, de rebote, o de manera no muy explícita, pueden resultar en el sufrimiento de terceros.

El problema es que la vida es muy complicada, intelectualmente hablando. La lucha por la vida es muy complicada, y por un vericueto o por otro, siempre terminamos dañando, o matando, a terceros. El humanitarismo, en términos absolutos y globales no es factible, por todo lo que venimos desarrollando.

Hemos visto las contradicciones del vegetarianismo, o del veganismo así como nuestra responsabilidad en los crímenes de guerra de nuestros gobiernos y en las relaciones de explotación que mantienen con la periferia. Tampoco nos sirve quedarnos de brazos cruzados mientras otros andan robando y matando ante nuestras propias narices.

Solo es factible un humanitarismo local, enfocado a nuestros próximos, literalmente hablando. Hacia nuestra familia, amigos vecinos, nuestro “pueblo”… O sea, hacia nuestro grupo local de referencia que, indefectiblemente… entrará en conflicto con otros grupos externos. Otras familias, otros pueblos.

En cualquier caso, sí, quizá sea mayor pecado matar a alguien con nuestras propias manos que hacerlo a través de un sicario. Quizá sea mayor pecado degollar un animal que llevarlo al matadero. Quizá sea mayor pecado bombardear un país extranjero que disfrutar cómodamente, en la retaguardia del botín de guerra.

No sé.

Después de todo el que mata a alguien con sus propias manos es más consciente de lo que hace que el cómplice que se queda en casa esperando el embutido o el botín de guerra.

Y, después de todo, para entender que nuestro buen nivel de vida se basa en intervenciones militares genocidas en países extranjeros hace falta cierta capacidad de análisis socio-político e histórico que quizá no esté al alcance de todos.

En el mejor de los casos lo que tenemos es una cuestión de grado y, en mayor o menor medida, todos estamos en el punto de mira del karma de la crueldad.

Pero no tan sólo estáis obligados a refrenaros de este modo ante el mal, sino que habéis de ser activos para el bien. El intenso deseo de servir ha
de llegar al máximo, hasta el punto de estar siempre a la mira para aplicarlo alrededor de vosotros no tan sólo a las personas, sino a los animales y a las plantas. Debéis prestar vuestro servicio hasta en las pequeñas cosas de la vida diaria, de modo que, acostumbrándoos a ello, no podáis substraeros, cuando se presente la oportunidad de hacer cosas de mayor importancia. Pues si deseáis llegar a ser uno con Dios, que no sea para vuestro propio beneficio, sino para convertiros en canal por donde fluya Su amor para alcanzar a vuestros semejantes. El que está en el Sendero no vive para sí mismo, sino para los demás; se olvida de él para poder servirlos. Es a manera de pluma en manos de Dios, por la que fluye Su pensamiento y tiene expresión aquí abajo, lo que no podría suceder sin ella. Es a manera de un canal de fuego viviente que derrama sobre el mundo el Divino Amor que llena su corazón.

Bueno, lo dejo así.

Ya he venido dando vueltas a las contradicciones del humanitarismo. En nuestro querido mundo mayavico ayudar a Uno, en el contexto de una lucha de todos contra todos por el poder, ayudar a Uno implica perjudicar a otro.

Únicamente tiene sentido en el sentido del grupo de referencia… Pero siempre en perjuicio de otro.

Otra cosa es, como dice el texto, convertirse en un canal “por donde fluya su amor” un “canal de fuego viviente”. Ya que podemos suponer que el amor Real actúa “por encima del bien y del mal”, a otro nivel, indiferente a las luchas humanas por el poder. Dos personas en lucha, podemos transmitir nuestro amor, impersonal y Real, a ambos contendientes, independientemente de quien gane o pierda la lucha. Incluso aunque actúen en perjuicio nuestro.

Y, sí, puede ser, que practicando la “ayuda al prójimo” aunque sea de tipo mayávico, preparamos nuestro sistema psíquico para convertirnos en “canal de fuego viviente”, independientemente de todo lo demás, independientemente de las consecuencias imprevistas, o indeseadas, de nuestra “ayuda”.

Tal vez…

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ALPDM (V.3, Amor III: maledicencia)

Maledicencia y Crítica

“Veamos los efectos de la maledicencia: Principia con el mal pensamiento, y esto en sí mismo es ya un crimen. Porque en todas las personas y en todas las cosas existe el bien y el mal. A cualquiera de éstos podemos prestarle fuerza, pensando en él, y por este medio ayudar o estorbar la evolución; podemos hacer la voluntad del Logos o trabajar en contra de ella.

El tema de la crítica resulta muy recurrente en la praxis espiritual, y en el discurso de líderes espirituales. Pero, como siempre, no exento de contradicciones.

Volvemos a retomar el hilo de lo comentado en el capítulo de la tolerancia. Los conceptos van relacionados: la intolerancia lleva a la crítica, la crítica a la maledicencia, y de ahí a la crueldad.

Criticando a los críticos

Todos los gurús, buenos o malos o mediocres, que se exponen públicamente con doctrinas extrañas, o al menos no muy ortodoxas, se exponen a importantes respuestas críticas, contra su persona y contra su doctrina.

No es de extrañar, por tanto, que estos mismos gurús se muestren muy críticos con los críticos.

Pero resulta también, que estos mismos gurús, en sus prédicas doctrinales, se muestran igualmente críticos contra todo y contra todos. Contra el pecado y la ignorancia, cualquiera que sea el enfoque doctrinario. Excepto, es de esperar, contra sí mismos.

Todos hemos sido víctimas, en mayor o menor medida de críticos y de críticas, sabemos cuán dolorosas pueden ser y no podemos menos que suscribir buenamente cualquier discurso anticríticos.

Pero, cuando analizamos un discurso anticrítica de un líder espiritual, en su adecuado contexto, comprobamos que, generalmente, la crítica que se proscribe es, precisamente, la crítica contra la persona del líder, sus doctrinas y sus lugartenientes.

Toda doctrina asume, en mayor o menor medida, de modo más o menos explicito, que “el mundo está mal”, “la humanidad va por mal camino”, “el líder está bien” “el líder ayudará a enderezar los caminos hacia el Bien”.

El líder ha de ser de ser crítico con la desviada humanidad, sí o sí. No parece que pueda ser de otra manera.

El líder comienza descalificando la crítica en general pero continúa criticando a los pecadores, a los rezagados, los no-despiertos, los ajenos al culto… también a los miembros de la congregación que no son lo suficientemente diligentes.

Con lo cual, una buena parte de la sugestión en contra de la crítica se anula, y, subliminalmente, lo que perdura, es la sugestión de que lo único que no es criticable es la propia figura del líder.

La contradicción crítica

La condena de los críticos encierra ya, desde el principio, una contradicción interna difícilmente superable. Y es que si condenamos, o criticamos, a los críticos, entonces nosotros mismos nos estamos convirtiendo en críticos, en críticos de los críticos, que también deben ser condenados. Pero si descalificamos al crítico que crítica a los críticos, precisamente por criticar, entonces queda descalificada su crítica, con lo cual queda anulada igualmente la descalificación del crítico que descalificaba a los críticos.🤯 😜

Nuestro sistema neuronal no puede asimilar semejante contradictorio discurso en su forma literal. Lo que queda finalmente es que el líder, siendo bueno, puede criticar a todo el mundo, y por el propio bien del mundo. El verdadero pecado es la crítica contra el líder, o sus lugartenientes, o su organización burocrática, crítica que no puede proceder más que de personas malvadas e ignorantes…

Es una configuración bastante frecuente en comunidades sectarias. La prohibición de criticar al líder, al mismo tiempo que la aceptación sumisa de las críticas que el líder pueda hacer tanto a sus seguidores como, por supuesto, al resto del mundo. Basta con que el líder critique a alguien o algo para que los seguidores hagan lo propio, replicando y amplificando la crítica inicial.

Liderazgo: oficio difícil

La verdad es que los pobres líderes, en cualquier campo, religioso, artístico, político o cultural, no lo tienen muy fácil, se ven expuestos a las miradas, y por ende a las críticas, de miles de personas que, antes o después, pueden terminar por quemarlos (aunque algunos se les ve que les va la marcha y no dejan el oficio ni de coña 😈).

De modo que, si queremos líderes, del tipo que sean, y posiblemente sean necesarios, no está de más un pequeño esfuerzcito por cuidarlos 😉, siempre sin perder el control, sabiendo que no son perfectos, que están al servicio de la comunidad, y no la comunidad al servicio de ellos.

Y por supuesto, no hay que creerse todo lo que dicen. Se trata de una estrategia eminentemente práctica. Los buenos líderes portan una envidiable capacidad de persuasión y de aglutinar a su alrededor cientos y miles de seguidores que, lo cual, sin embargo no va parejo a sus capacidades técnicas y logísticas.

La maledicencia y sus consecuencias

“Si pensáis mal de otro, cometéis tres iniquidades a un tiempo:

1a Llenáis el ambiente que os rodea de malos pensamientos en vez de buenos, y así aumentáis las tristezas del mundo.

2a Si en el ser en quien pensáis existe el mal que le atribuís, lo vigorizáis y alimentáis; y así, hacéis peor a vuestro hermano en vez de hacerlo mejor. Pero, si generalmente el mal no existe en él y tan sólo lo habéis imaginado, entonces vuestro maligno pensamiento tienta a vuestro hermano y lo induce a obrar mal, porque, si no es todavía perfecto, podéis convertirlo en aquello que de él habéis pensado.

3a Nutrís vuestra propia mente de malos en vez de buenos pensamientos, y así impedís vuestro propio desarrollo y os hacéis, a los ojos de quienes pueden ver, un objeto feo y repulsivo, en vez de bello y amable.

No contento con hacerse todo este daño y hacerlo a su víctima, el maldiciente procura con todas sus fuerzas que los demás participen de su crimen. Les expone con vehemencia su chisme, con la esperanza de que lo crean, y entonces los convencidos cooperan con él, enviando malos pensamientos al pobre paciente. Y esto continúa día tras día, y no lo hace sólo una persona, sino miles. ¿Veis ahora cuán bajo, cuán terrible es este pecado? Procurad evitarlo en absoluto. No habléis jamás mal de nadie; negaos a escuchar a quien os hable mal de otro, y decidle, afectuosamente: “Tal vez eso no sea verdad, y, aunque lo fuese, es mejor no hablar de ello”.

Bien, vale, sí. Suena estupendo.

Pero estudiémoslo más despacio.

Aparte de las convencionales consideraciones éticas propiamente dichas hay un interesante enfoque ocultista de la maledicencia y la crítica.

Aspectos esotéricos de la crítica

Como siempre que nos metemos en terrenos mágicos y esotéricos hay que ir con cuidado, sin perder el norte, sin olvidar que pueden ser hipótesis no demostradas, que no vayan más allá de un simple modelo explicativo.

Veamos cuáles son los presupuestos esotéricos del párrafo seleccionado:

1. ” si pensáis mal de otro … llenais el ambiente que os rodea de malos pensamientos … y aumentan las tristezas del mundo”

Esto viene a decir que nuestra actividad mental y emocional se transmite, por algún mecanismo mágico-esotérico al resto del universo. Quiero decir que se trasmite por un mecanismo diferente al de expresión corporal.

Entonces, si tenemos “malos pensamientos”, como dice el autor, llenamos el ambiente de malas vibraciones, que se van expandiendo en todas direcciones y aumentamos las tristezas del mundo.

No es la primera vez que sale este asunto de un mundo etérico y astral, por el cual circulan energías de tipo igualmente etérico y astral (ver por ejemplo el capítulo de “Jerarquías astrales”).

Cuando pensamos, bien o mal, influimos en estas corrientes energéticas, para bien o para mal, según la calidad de nuestro pensamiento.
Estas corrientes etéricas, por las leyes que sean, por los caminos que sean, influyen en la conciencia de los demás. Más concretamente, influyen en el pensamiento y las emociones. Y, a su vez, inversamente, camino de ida y vuelta: pensamientos y emociones influyen en las corrientes astrales.

Digamos que hay una especie de “respiración astral” a través de la cual se inspiran energías astrales que influyen en la conciencia, y son transformadas y devueltas, expiradas, de nuevo, hacia el circuito astral.

No es muy evidente, a primera vista, si estas corrientes astrales, influirían en las personas que tenemos cerca con mayor intensidad que las que están lejos. O quizá intervienen leyes diferentes a las correspondientes al mundo de las energías físicas.

En principio, según el texto, parecería que sí, puesto que habla del “ambiente que nos rodea”. Pero también con una cierta libertad de movimientos espaciales, con la facultad de incidir en el campo de respiración de personas más distantes.

En cualquier caso, como decía, para hablar de canales astrales de influencia tenemos que excluir toda influencia informacional. Si tengo pensamientos puros, o negros, se los puedo trasmitir a los demás por la mirada, la expresión de la cara, el tono de voz, etc. Pero eso, en principio, nada tiene que ver con un canal de transmisión esotérico.

O quizá sí, si consideramos que la línea divisoria entre la información y la energía queda un poco difuminada, especialmente en contextos astrales. Por ejemplo, si consideramos que toda emisión de información a través del cuerpo va acompañada de su correspondiente emanación etérico-astral, aunque luego sigan caminos independientes, con alcances también independientes.

La emanación astral, pura y llanamente entendida, sería aquella puesta en circulación por un ermitaño aislado del mundo, o una congregación de monjes en un recóndito valle del Himalaya, o un secreto ritual de magia negra.

¿Llegarán a influir sus pensamientos sobre el resto de la humanidad por los vericuetos ocultos que sean?

Puede que sí, o puede que no. Pero si lo hace será sin mediación de contacto físico e informacional, por corrientes astrales puras y duras.

Por cierto, que la denominación “astral” debe venir literalmente de los astros, o planetas, que también ponen en juego su doble astral, su circulación astral que afecta periódicamente al cuerpo astral humano, y por ende, a su siquismo. Pero eso no nos importa ahora.

Max Heindel (cito un párrafo más abajo) hablará de “mundo del deseo”, dando a entender que se trata de energías similares a los deseos. O sea, imágenes reflejo del mundo material, impregnadas de fuerzas de atracción y repulsión.

2. “Si en el ser en quien pensáis existe el mal que le atribuis lo vigorizais y lo alimentais.” “Y si no, …. Vuestro maligno pensamiento tienta a vuestra hermano...”.

Aquí tenemos algo más. No se trata solo de que nuestro pensamiento, bueno o malo, se trasmita al astral y de ahí a todos los demás, para bien o para mal.

Según el texto, cuando pensamos algo malo de alguien, el pensamiento le afecta especialmente a la persona a la cual se refiere dicho pensamiento.

Y ésto nos complica el modelo mágico-esotérico. Porque, digamos, es como si el pensamiento colocado en el conducto astral, llevara impresa la dirección del destinatario.

Es decir: fabrico un mal pensamiento asociado, por ejemplo, al terrícola H-427j 😉. El pensamiento genera una vibración que es colocada en el conducto astral y trasmitida al cuerpo astral del objetivo referenciado. La vibración incide por tanto en su microsistema de pensamientos, deseos y emociones alterándola en el sentido señalado.

Nótese que, según este planteamiento, la vibración astral puesta en circulación resultaría inocua, o casi, para los siete mil y pico de millones de habitantes del planeta, y que sólo incide en el destinatario. O al menos incide con mayor intensidad en el destinatario que en los demás.

No digo que no sea posible, sólo que tengamos en cuenta de lo que se está hablando.

En ciencias ocultas se comenta mucho el axioma de que “lo semejante atrae a lo semejante”. Entonces, si ponemos en circulación un pensamiento, o un pulso astral, asociado a una persona concreta, entonces, en virtud de la citada ley, la vibración emitida, se trasladará directamente al cuerpo astral de esa misma persona, con la cual guarda la comentada semejanza, pasando inadvertida para los demás.

Bueno, también podríamos suponer que el pulso astral se dirige, no únicamente al destinatario principal sino a otras personas interconectadas con el destinatario principal. Así, un pensamiento negativo asociado a H-427j se transmitiría también a sus amigos y conocidos induciéndoles en su psiquismo la replicación del pensamiento negativo.

Digamos, por ejemplo, que cuando H-500i piensa sobre su amigo H-427j, el pulso negativo previamente introducido en el sistema etérico-astral, detecta la afinidad con H-427j y se arrima igualmente al campo de respiración etérica de H-500i, modulando e influenciando su pensamiento.

Vamos, que sin darse cuenta muy bien cómo, los pensamientos y recuerdos de H-500j sobre H-427j vienen modulados e influenciados por el patrón negativo inicialmente introducido en el sistema astral.

Esto resulta especialmente relevante cuando los patrones se refieren a líderes, ya que son vivificados por un número de personas especialmente numeroso. También cuando la crítica y maledicencia es puesta en circulación por un líder, ya que esta es asumida y replicada igualmente por miles de seguidores convencidos.

La clave vibratoria personal

Otra cosa es ver cómo las leyes que rigen el funcionamiento de los circuitos de corrientes astrales, determinan una correspondencia entre la persona concreta, (H-427j en nuestro caso) y el pulso vibratorio.

Cuando decimos que pensamos en alguien estamos establecido una correspondencia biunívoca entre la persona concreta, su apariencia exterior y su reflejo en nuestro interior. Una correspondencia que se establece, en principio, a nivel subjetivo.

Pero ¿qué relación objetiva hay entre la persona real y su reflejo en mi mente? ¿El borroso recuerdo de su cara, o de su voz? ¿El recuerdo de su camisa o de su coche? ¿Donde queda la identidad, o la esencia de la persona sobre la cual estoy pensando?

A pesar de todo, nosotros sabemos que esos pensamientos van asociados a esa persona.

Podemos intentar reforzar la intensidad de nuestros pensamientos, relajándonos, entrando en “alfa”, intentando visualizar con mayor nitidez los rasgos de su cara, o recordando alguna escena pasada.

Pero, realmente, ¿Que relación existe entre nuestra actividad psíquica asociada a esa persona y la persona misma.

¿Alguna clave o patrón vibratorio se trasmite, se interconecta, desde la apariencia exterior de la persona hacia el pensamiento-recuerdo en el perceptor? ¿Una clave o patrón vibratorio que sea la esencia individual de, por ejemplo, H-427j?

Entonces, esa clave vibratoria individual se transmitiría de la esencia de H-427j a la apariencia, apariencia perceptible, y de la apariencia al pensamiento del perceptor.

Pero, el pensamiento del perceptor, asocia la clave principal a otro tipo de patrones vibratorios… El modelo general sería “Yo pienso/siento X de/por “Y”. O sea: “Y” es la esencia de la persona acerca de la cual se piensa algo. “X” es lo que se añade a Y, a la esencia de la persona. A través del mágico acto de pensar/sentir/desear se pone en circulación el tándem XY, un código vibratorio personal asociado a un patrón añadido.

Pongamos por ejemplo que se dice: “H-427j es comunista”. Aquí H-427j es la Y de la ecuación. X aparece, en principio, como un aspecto puramente intelectual que puede ser verdadero o falso, o en general, probable. Y también un segundo aspecto que puede ir más o menos explicito según el contexto. Por ejemplo, en este caso puede ir asociado a que “odio a los comunistas” o “temo a los comunistas” o “amo a los comunistas”. Luego puede ser cierto o no que H-427j sea comunista, pero lo que prima es la corriente de amor, odio o miedo.

Entonces, a lo que íbamos. Que cada vez que la clave principal se manifiesta, en cualquier circunstancia, se manifiestan igualmente los patrones vibratorios mágicamente asociados. De entrada, la propia manifestación espacio temporal de Y (la original, digamos) se verá asaltada por estas corrientes. Pero, igualmente, cada vez que un tercero invoca la clave vibratoria principal Y” se verán atraídas las vibraciones del añadido “X” hacia el punto en el cual están siendo invocadas.

Resumiendo, que cuando pensamos en H-427j, estamos invocando su clave vibratoria, única e intransferible. Y cuando pensamos algo malo de H-427j, estamos asociando a su clave vibratoria un patrón de maldad. (O en su caso de bondad, como cuando pretendemos “enviar amor”)

La intensidad de la asociación depende de la intensidad y duración del pensamiento, y de la eventual intervención de ciertos rituales mágicos. Pero, principal y frecuentemente, la verbalización, en voz alta, del maligno pensamiento. Con la verbalización, la asociación se vuelve más poderosa. Pero, si además es escuchada por un auditorio, el patrón de maldad crece. Y crece exponencialmente a medida que cada miembro del auditorio replica a su vez el maligno patrón.

Nótese que en la vida cotidiana, el maldiciente cuenta con un auditorio relativamente reducido, cuatro amiguetes tomando unos vinos, o una familia en la cena de Nochebuena. Los auditorios se vuelven especialmente poderosos en los contextos de líderes predicando a sus seguidores, sean éstos de tipo religioso o político o similares.

Entonces se forma en el astral un poderoso patrón maligno asociado a una clave vibratoria individual. Y, dónde quiera y como quiera que se manifieste, o se invoque, esta clave individual, el patrón maligno a ella asociado se verá atraído y manifestado igualmente.

Pero estos patrones asociados no son eternos ni inamovibles. Al contrario. Otras personas pueden “pensar bien”, pueden asociar patrones benignos a la misma clave vibratoria personal. O en cualquier caso, los patrones pueden ser de otra naturaleza y anularse, o debilitarse mutuamente.

Nótese que estos principios son usados en ciertos rituales mágicos donde se intenta extraer la clave vibratoria individual a través de una fotografía, un mechón de pelo, o unos calzoncillos. A continuación se asocia la clave vibratoria a un evento que se quiere forzar en contra, o a favor de la persona referenciada.

Igualmente, muchos videntes, por ejemplo, que buscan a personas desaparecidas, también intentan conectar con la clave vibratoria individual a través de una prenda, o de un objeto que haya estado en intenso contacto con el desaparecido.

Tres cuartos de lo mismo para los médiums que invocan a difuntos, a partir de la clave vibratoria personal del fallecido que, supuestamente, se mantiene en el “más allá”. Y supuestamente se mantendría en una hipotética reencarnación. La clave vibratoria personal sería el hilo conductor que relaciona cada encarnación con la precedente.

Puede ser. Pero también es posible, es de esperar, la aparición de formaciones astrales asociadas a una clave personal que no sean la persona propiamente dicha. Puede ser que el medium sintonice, no con la persona propiamente dicha, o lo que queda de ella después de la muerte, sino con este tipo de formaciones alimentadas por el pensamiento de terceros, o los propios familiares de la víctima que ansían el contacto.

Hace falta, pues , mucho sentido del humor para meterse a investigar estos campos, si no fuesen ya suficientemente complicados los humanos de carne y hueso 😉.

En general, cuando conocemos a alguien nuestros recuerdos ya portan su clave vibratoria. A continuación, cuando “pensamos” estamos poniendo en juego nuestro poder creador, asociando la clave vibratoria a eventos, cualidades, emociones de tipo especulativo, y conformando el patrón vibratorio asociado X que queda circulando con mayor o menor energía en el astral.

Por ejemplo:

“Es idiota”,

“Es un pederasta” “es un crítico insoportable”
“Le odio”
“Ojalá que caiga fulminado por un rayo”…

O en clave positiva…

Especialmente dignos de mención son las claves vibratorias de los líderes. Lideres que quizá hemos conocido personalmente, y adquirido un contacto directo con su clave.

Pero más digno de mención son los líderes que no hemos llegado a conocer, más que a través de terceros. Y que a lo mejor no han existido nunca.

Pues ¿Que relación existe entre mis pensamientos sobre Buda o Cristo y el personaje real, si es que realmente existió?

Y si puedo pensar y sentir con relación a un personaje que nunca existió… ¿Qué valor le queda a la hipótesis de la clave vibratoria personal? 🤔🤔

Entonces ¿es cierto todo esto?

Bueno, yo siempre le he dado bastante credibilidad. Y me he cuidado de asociar las claves vibratorias de mis próximos a patrones malignos. También he practicado, creído practicar, el “envío” de pensamientos de amor y energía curativa.

Con los años me he vuelto un poco escéptico. Sigo practicando el mantram de trasmisión de amor pero creo que la transferencia se hace principalmente al contacto físico e informacional. No voy a negar todo el mecanismo de transmisión, pura y duramente, a través del astral. Pero, cuando “enviamos” un pensamiento de amor o de odio hacia alguien el pensamiento se puede quedar en la “bandeja de salida” esperando la apertura de un canal de comunicación, físico o astral.
Por ejemplo, cuando le tenemos físicamente delante o al teléfono. Entonces, el pensamiento prefabricado y almacenado se transmite a través de la mirada, expresión facial y corporal, tono de voz … el discurso y modo de comportarnos.
Todo lo cual ya es en sí motivo suficiente como para cuidar nuestros pensamientos del mismo modo que si realmente se transmiten a través del Astral.

Ojos que no ven corazón que no siente” reza el dicho popular.

Y la verdad es que con frecuencia, nuestros más cercanos amigos nos están traicionando, maquinando maldades a nuestras espaldas… y no nos enteramos.

Todo depende de la sensibilidad de cada cual, por supuesto…

Me temo que, aparte de los videntes cualificados, tampoco podemos discernir, por ejemplo, a quién pertenece un objeto que, supuestamente estaría impregnado de su clave vibratoria. Ni siquiera podemos adivinar a quien pertenece una voz, ni menos aún un texto escrito, relacionarlos quiero decir cuando se perciben por separado. De modo que la hipótesis de la clave vibratoria personal queda, aunque pueda explicar algunos eventos, un poco en entredicho.

Tampoco queda muy claro que podamos establecer un contacto telepático básico invocando la clave vibratoria de una persona. Incluso, aunque posible por parte de unos pocos psíquicos, si la mayoría de la gente no dispone de estas facultades, no nos resulta de mucha utilidad.

Enfoque Maxheindeliano

A continuación un interesante texto de Max Heindel. La primera vez que lo leí me encantó, tanto así que lo mecanografié con mi vieja olivetti:

Una máxima oculta dice que “una mentira es a la vez criminal y suicida en el Mundo del Deseo”. Las enseñanzas de los Hermanos Mayores contenidas en el Concepto Rosacruz del Cosmos explican la idea de que dondequiera que ocurre un suceso, una forma de pensamiento determinada generada en el mundo invisible toma registro del incidente. Cada vez que se comenta el suceso o es examinado, se crea una nueva forma de pensamiento que se infunde con la primitiva y la robustece, siempre que las dos sean verdaderamente de la misma vibración. Pero si se dice una cosa incierta acerca de lo sucedido, entonces las vibraciones de la original y las de la repetición no son idénticas y el resultado es que se embisten y luchan destrozándose mutuamente. Si la forma de pensamiento buena y verdadera es suficientemente fuerte conseguirá el dominio de la situación y aniquilará a las formas de pensamiento basadas en una mentira y consecuentemente el bien vencerá al mal, pero cuando los pensamientos embusteros y maliciosos son los más fuertes pueden vencer a la forma de pensamiento buena del suceso correspondiente y demolerla. Después de esto se combatirán entre sí y todo a su vez será aniquilado.

Todo evento vital genera un reflejo electromagnético en el mundo del deseo (o mundo astral, o invisible). Y toda referencia, habladuría o crítica sobre tal evento genera nuevas energías astrales que se asocian con con las preliminares, influyendose mutuamente. Cada persona se rodea pues de una envoltura energética como reflejo de lo que es realmente, de lo que dice, de lo que piensa… Pero, al mismo tiempo, también genera energías, lineas de fuerza, relacionadas con sus semejantes. Cada vez que alguien piensa algo de un vecino genera una imagen-pensamiento, un conglomerado de energías astrales que influye en la envoltura del destinatario.

Liderazgo y maledicencia

Vamos a volver a los líderes. Porque todo este mecanismo de la maledicencia, con todas sus negativas connotaciones en el astral…

¿No lo practican también, y sobre todo, los buenos líderes espirituales? ¿No “piensan mal” de los demás? ¿No piensan de sus convecinos que son pecadores, en el mejor de los casos recuperables, cuando no perdidos irremediablemente para el infierno?

El propio autor del texto, ¿No piensa mal de los que piensan mal de otro? ¿No hace peor a su hermano crítico cuando a su vez le critica? ¿No nutre su mente de malos pensamientos? ¿No habla mal de los que hablan mal?

¿No, procura, con todas sus fuerzas, que los demás continúen pensando mal de los que piensan mal y continúen hablando mal de los que hablan mal?

Veamos cómo se expresa, por ejemplo, el protagonista de la leyenda evangélica:

“Vosotros [fariseos] sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer (Juan, 8:44)”

“De cierto os digo [a los lideres sacerdotales], que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.” (Mateo 21:31)

“Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.
Así también vosotros, de fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres; mas de dentro, llenos estáis de hipocresía e iniquidad.” (Mateo 23:27,28)

No se anda con muchas lindezas 😃. Y considerando que Jesucristo (o la literatura evangélica, si se prefiere) es guía de numerosos gurús ya podemos ir esperando lo propio.

En cualquier caso, ¿ qué podemos hacer cuando a nuestros queridos líderes se les va la olla, empezando a comportarse de un modo extraño, o se vuelven tiránicos y abusadores?

¿No habrá que criticarles? ¿No habrá que advertir a nuestros prójimos que se anden con cuidado?

De nuevo, lo que parecía una regla de oro, impregnada de gran verdad y sabiduría, comienza a escurrirse de entre nuestras manos.

Es de recordar que, Leadbeater, el supuesto autor o coautor del texto fue acusado de pederastia, y abusos contra los hijos de sus seguidores, de la sociedad teosófica. Por los cuales, no cabe duda, sentiría un intenso amor…

Naturalmente, fue “víctima” de una importante ola de maledicencia entre propios y extraños.

Pero ¿Qué otra cosa podrían hacer?

Si releemos el párrafo previo pensando que ha sido redactado por un pederasta que sufre de la maledicencia de las víctimas y de sus familiares… y proclama que no se debe hablar mal de los demás… Se entiende desde una nueva luz…

Pero entonces… ¿Qué hacemos con el “no criticarás”? ¿Nos sirve de algo la receta? ¿Quizá sea mejor investigar y divulgar sin descanso los defectos de nuestros prójimos?

Tipos de critica

Se intuye que hay una gran verdad, en el precepto, pero quizá haya que diferenciar tipos y tipos de crítica. Quizá haya una crítica constructiva y otra destructiva. Quizá positiva y negativa… En cualquier caso queda pendiente un par de vueltas de tuerca a este concepto.

Hay varios aspectos. Por ejemplo, si lo que se crítica es la persona o su conducta, o ciertos aspectos de su conducta. Luego si es verdadera o no.

La crítica a la persona debe basarse en “hechos”, hechos conductuales, por supuesto. Y los hechos pueden ser ciertos o falsos, o en general, probables. La crítica puede ser más o menos parcial o global. Quiero decir que cada persona tiene sus cosas buenas y menos buenas. Airear los malos comportamientos al tiempo que se ningunean los buenos, en cierto modo, puede ser una descripción verdadera, pero resulta incompleta, y el resultado final no es un cuadro verídico de la persona cuestionada.

Luego hay conductas de tipo “técnico”, de medios con arreglo a fines: Si alguien va a dar un trago a una fuente de agua podemos criticarle avisándole de que la fuente está contaminada y que casi mejor que beba de otro sitio.

De modo similar, a un bebedor podemos criticar su conducta alegando que el alcohol es malo para esto o lo otro o peligroso al volante.

El maestro, encargado de nuestro aprendizaje, en la materia que sea, matemáticas, idiomas, música… debe criticarnos, si hacemos mal los deberes, si no demostramos asimilar correctamente las lecciones.

En suma, podemos criticar los medios para llegar a un fin concreto, suponiendo que el interesado está conforme con el fin. O también, podemos criticar los Fines en sí mismos.

Luego está la utilidad de la crítica, si, por ejemplo, la conducta criticada es subsanable. Una cosa es criticar los hábitos alimenticios de una persona, y otra muy distinta criticar rasgos inmutables como el aspecto físico, una cojera, una discapacidad, o el color de la piel.¿ Es una crítica decir por ejemplo que Y es negro? En principio no. Pero la expresión puede ir formulada en un contexto de odio a los negros, con lo cual el elemento clave no está en el color de la piel sino en las emociones asociadas

Otra cosa es la maledicencia propiamente dicha. O sea, divulgar a terceros la crítica con la intención de que la compartan y divulguen.

También tenemos casos y casos. Si se ha de elegir a una persona para un cargo de responsabilidad, es comprensible, incluso deseable que se pongan sobre la mesa todos los defectos del interesado en cuestión y que pudieran afectar a la correcta ejecución del cargo. Las desviaciones sexuales citadas más arriba pueden ser un ejemplo, para personas encargadas del cuidado de niños.

Homicidas, cleptomanias, psicopatías, en fin sobran ejemplos. Tanto para cargos públicos como para instituciones privadas, pongamos el matrimonio, por ejemplo.

Entonces, como venimos señalando habitualmente: la crítica y maledicencia resultan cuestionables, sí. Pero no en términos absolutos. También tenemos contextos en los que su uso pudiera ser apropiado.

Lo importante, como siempre, el discernimiento. Discernimiento del sistema de líneas de fuerza que nos envuelve al momento de hablar de los demás.

Normalmente ya nos damos cuenta. Nuestra conciencita nos avisa cuando estamos criticando a alguien con afecto, o con envidia, o resentimiento, o similares.

De nuevo nos quedamos sin recetas firmes. No queda otra que observar con atención lo que es, los sistemas de líneas que modelan nuestra conciencia.

La crítica en Jan van rijckenborgh

Resulta interesante el enfoque rijckenborgiano, primero porque su planteamiento es muy similar al texto que estamos comentando.

En outre, il devra commencer par refuser absolument d’emettre des pensees et des sentiments de critique et d’opposition. Tant en particulier qu’en general, l’homme, le groupe, doit commencer par eviter absolument toute critique. Pourquoi? Pour des considerations ethiques? Parce que la critique est parfois si mechante, si blessante? Non, lecteur, parce que chaque pensee ou activite emotionnelle critique eveille une radiation astrale qui lui est conforme. Quand un homme, sur la base de son etat astral, agit d’une facon incorrecte et que vous critiquez cette action, comme c’est l’habitude, vous appelez encore une fois sur cet homme le meme etat astral avec toutes ses consequences.

Cela ne peut manquer. Et le plus souvent vous recevez egalement un coup de bec. Ceci revient a employerdes armes. Parleurs pensees et lsentiments de critique les hommes se livrent donc de perpetuels assauts.” (Jvr- La gnose chinoise)

JvR nos dice que cuando criticamos la conducta de alguien activamos una radiacion astral que refuerza la conducta criticada. Es más o menos lo que decía el texto:

Si en el ser en quien pensáis existe el mal que le atribuís, lo vigorizáis y alimentáis; y así, hacéis peor a vuestro hermano en vez de hacerlo mejor. Pero, si generalmente el mal no existe en él y tan sólo lo habéis imaginado, entonces vuestro maligno pensamiento tienta a vuestro hermano y lo induce a obrar mal, porque, si no es todavía perfecto, podéis convertirlo en aquello que de él habéis pensado.

Tampoco JvR nos resuelve la contradicción que supone “criticar a los críticos”. En la misma linea podemos suponer que cuando criticamos a un critico activamos una radiación astral que refuerza la conducta crítica del crítico.

Por otra parte, tambien encontramos en JvR esa preocupación por las críticas hacia su trabajo, hacia su escuela espiritual:

“Entourer de critiques l’Ecole Spirituelle et ses travailleurs est
l’arme tre’s ancienne que ses adversaires ont porte contre elle au
cours des sie’cles. Si l’on fait cela chaque jour ne serait-ce que
cinq minutes, une nuèe de difficultés s’abattent sur l’Ecole”

Pero, ostras, que pretende JvR, ¿que nos creamos sin más todo lo que nos cuenta? No parece muy serio. Incluso se contradice consigo mismo cuando dice aquello de “no creas nada que no entiendas“.

Tampoco se trata de que uno se convierta en un malvado adversario por el mero hecho de pensar diferente. Una honesta búsqueda de la verdad, en grupo, supone manejar honestamente los diferentes puntos de vista. Incluso cuando alguien pretenda ser infalible no puede esperar que otros lo asuman. ¿o sí?

Bueno, lo dejamos así, de momento, a ver si terminamos con el texto.

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ALPDM (V.2, Amor II: deseo, voluntad y altruismo)

”El Amor es la cualidad más importante, porque cuando es bastante fuerte en un hombre, lo estimula a revestirse de todas las demás, que sin ella nunca serían suficientes.” (ALPDM, J.K.)

Vale, de acuerdo más o menos. Siempre que estemos hablando de Amor Real, o Absoluto.

Incluye Conocimiento, y/o Discernimiento.

Incluye la Alegría y la Confianza, asociadas igualmente al Amor. Y, se entiende, cuando es lo suficientemente fuerte, es una “Aspiración Única”.

Amor, Conocimiento y Deseo

Solo cabe cuestionar a ver cómo relacionamos el amor con la “carencia de deseos” a la vista de que, amor y deseo apuntan hacia líneas de fuerza similares.

El Amor Real es, inicialmente, ante todo, un amor a algo desconocido. El deseo se refiere a un objeto conocido. O mejor dicho, el Amor transciende desde la apariencia de un objeto conocido hacia la esencia que se encuentra oculta. El deseo empieza y termina en las apariencias ilusorias del objeto, pertenece al dominio de Maya.

El Amor, en su desarrollo final, abraza a todo y a todos.

El amor es amor a uno mismo, al yo-mismo, es amor al conocimiento de uno mismo y es el propio conocimiento de uno mismo.

Pero todo evento que aparece en la conciencia es parte del uno-mismo. Incluido el prójimo, o la percepción de nuestro prójimo.

Todo evento amado, es entonces transmutado y conocido hasta fundirse en Uno.

El deseo es parcial y excluyente. Se enfoca en un evento limitado y excluye a sus contrarios. Desea lo “bueno” y excluye lo malo. (Bueno para sí, malo para sí, se entiende). Desea al amigo odia al enemigo. Desea el placer, la fama, el poder, la riqueza… y odia a cualquier adversario, cualquier amenaza que se interponga.

El Amor elimina la dualidad sujeto/objeto, el deseo la conserva.

Amor y Deseo, sin embargo, van íntimamente relacionados. El Uno emerge del otro. El amor es deseo transmutado, o evolucionado. El Camino, la Búsqueda, es, en cierto modo, un proceso de transmutación del deseo en Amor. Transmutación del deseo del objeto conocido al amor del objeto desconocido. Desconocido en tanto que no se trata de objeto propiamente dicho.

De modo que el Campo de Fuerza del Amor siempre va a ir unido, o mezclado, con el campo de fuerza del deseo. Y a medida que avanzamos, a través de los vaivenes vitales, la intensidad de uno será más predominante que la del otro.

O, como decíamos en los capítulos previos, el Campo de Fuerza Real se superpone al campo de fuerza mayávico.

“Suele definirse el amor como un intenso deseo de unión con Dios y de liberación de la rueda de nacimientos y muertes” (ALPDM, j.k.)

Bueno, aquí aparece la peliaguda mezcla de la noción de amor y la de deseo.

En parte de acuerdo, considerando la estrecha relación, en términos metafóricos, entre amor y deseo.

Pero, como decía antes, el Amor, el Amor Real no es deseo, y decir que se desea la unión con Dios no puede llevar más que a confusiones.

¿Se desea la unión con Dios de la misma forma que se desea la cercanía de un padre protector? ¿Se desea la unión con Dios de la misma forma en que se desea el Poder, la riqueza y la fama? (Atributos clásicos de la divinidad, por cierto, especialmente en la judeocristiana)

Entonces hay una confusión de conceptos. Si decimos, literalmente, y sin intención metafórica alguna, que deseamos la unión con Dios, entonces, posiblemente, el Dios al que nos referimos no sea el verdadero Dios, ya que, por definición, Dios no sería un objeto de deseo.

Tampoco estoy diciendo nada del otro mundo. Dios es, por definición también, un algo desconocido y no podemos desear algo que no sabemos lo que es. Al menos no podemos desearlo en la misma forma en que deseamos un objeto conocido, una chocolatina, o un bastón de mando. Por eso usamos el término Amor que incluye tanto el instinto inconsciente hacia algo desconocido como la búsqueda, la indagación, el conocimiento…

También es cierto que no hay dos objetos exactamente iguales aunque participen de una misma idea de semejanza. Así que todo objeto de deseo no es exactamente un objeto conocido, o exactamente conocido. O también: el objeto de deseo es la extrapolación de objetos de deseo similares previos a través de los cuales, por analogía, esperamos obtener un placer similar. Pongamos por ejemplo la chocolatina que deseamos en base a su relación de semejanza que hemos establecido con las chocolatinas previas que hemos degustado.

De lo conocido a lo desconocido no tenemos entonces un escalón abrupto, siempre vienen superpuestos aspectos conocidos y desconocidos.

Lo de la liberación de la rueda de nacimientos… lo mismo:

¿Para qué queremos liberarnos? O, ¿cómo nos imaginamos que sea ese mundo nirvánico? ¿Quizá esperamos encontrar todo lo que deseamos en este mundo mayávico, y vernos libres de todo lo que nos agobia?

El amor, entonces, incorpora un elemento de Misterio, de Investigación, Búsqueda, de algo, o hacia algo, que no es de este mundo mayávico, y con lo que, de entrada, solo podemos establecer aproximaciones o extrapolaciones de corte metafórico.

Amor y Voluntad

“Pero este concepto del amor suena a egoísta e implica sólo una parte de su significado. El amor es más que deseo; es voluntad, resolución, determinación.” (ALPDM, J.K.)

Bien, de acuerdo, el amor es más que deseo, o algo diferente al deseo, como decía antes. Pero identificarlo con la voluntad, la resolución y la determinación no creo que ayuda a aclarar las cosas.

Voluntad, resolución, determinación… sí, podría ser… si entendemos que van enfocadas hacia “el Objeto desconocido”.

Pero ya no tanto si van enfocadas hacia objetos mayávicos de naturaleza ilusoria.

Hablar de voluntad, resolución, determinación… no excluye para nada el egoísmo. Podemos hablar igualmente de voluntad, resolución y determinación… hacia el Mal. Todos los verdaderos Malos de la historia, malvadamente peligrosos, se han distinguido por una férrea voluntad, resolución y determinación… hacia sus propios objetivos malévolos.

Amor y altruismo

“Es, sin duda, la voluntad de ser uno con Dios, no para escapar del sufrimiento y de la fatiga, sino a fin de que, en razón de vuestro amor profundo hacia Él, podáis obrar con Él y como Él obra… Pues siendo Dios Amor, si queréis llegar a ser uno con Él, debéis también estar poseídos de amor y perfecto altruismo” (ALPDM, J.K.)

Bien, aquí se matiza, en parte, lo comentado anteriormente. “No para escapar del sufrimientos y la fatiga“.

Pero se contradice con postulados previos. ¿No decía Buda que, precisamente, el camino era un camino de liberación del dolor y del sufrimiento? No decía Cristo aquello de “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré “(Mateo 11:25)

La resolución del jeroglífico no se presenta fácil 😁. Pero, en fin nos quedamos precisamente con ello, que la correcta línea de fuerza que ha de unirnos con Dios, no se basa en clichés o recetas facilongas.

Digamos que sí, que de lo que se trata es de liberarnos del sufrimiento, pero no para refugiarnos en su contrario mayávico,

¿”Obrar con él y como él obra”?

Bueno, estamos en lo de siempre. Si no conocemos a Dios tampoco podemos saber cómo él obra. De nuevo el autor se saca de la manga lo del altruismo.

¿Será el altruismo una solución?

Puede ser. Pero como ya hemos comentado en otras ocasiones, altruismo o humanitarismo, no deja de portar sus consecuencias contradictorias.

Se plantea el altruismo como una receta, una técnica, como si “siendo buenos” en este mundo recibiremos como recompensa la unión con Dios, la unión con el Padre protector que nos librará de todos los males, de todos los miedos, y compartirá con nosotros toda su hacienda.

Con lo cual el carácter puramente altruista queda un poco en entredicho.

Un robot también puede ser perfectamente altruista, si lo programamos adecuadamente.

Ahora bien, de nuevo: si no conocemos a Dios, ¿Como podemos saber lo que él quiere? ¿Como podemos conocer de antemano las recetas que nos colocarán ante su presencia?

Quizá alguien nos lo dijo, quizá alguna autoridad social, quizá alguien que supuestamente alcanzó el sagrado conocimiento y se dispone amablemente a señalarnos el camino.

Pero ¿Porqué habríamos de creerle? O, incluso creyéndole, ¿Como habríamos de entenderle?

No dejan de ser palos de ciego.

Señor, ¿qué quieres que yo haga? (Hechos 9:1-9)

Es la eterna pregunta que el buscador se hace a sí mismo ( aunque la conjugue en 2ª persona). El mantram básico del buscador. Eterna pregunta sin respuesta. Y a falta de respuesta no queda otra que ir tanteando con la esperanza de no equivocarnos demasiado, aunque solo sea.

Sobre las contradicciones del humanitarismo ya comenté en el capítulo V de la saga de “el sentido de la vida” (“sociedad humanista” y “humanitarismo”) Dista mucho de resultar la receta perfecta.

En la vida diaria, esto significa dos cosas: primera, que procuréis cuidadosamente no causar daño a ningún ser viviente; segunda, que siempre estéis alerta por si se presenta la oportunidad de ayudar.

Pero, situando el texto en su contexto, mejor dicho, en mi contexto: el planteamiento humanitario básico a mí me encantó.

Lo asumí como un ideario ético propio, basado en los tres ejes básicos desarrollados más abajo: maledicencia, crueldad y superstición. Con el tiempo hube de ir matizando algunos aspectos, pero, en general, me han acompañado siempre.

La cita es extensa, pero creo que merece la pena ir comentándola. La dejo para el próximo capítulo.

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ALPDM (V.1, Amor I)

Y vamos con el último capítulo del texto, dedicado al “Amor”.

 

Podríamos comenzar definiendo el Amor en términos modernos, científicos, energéticos o vibratorios.

 

Claro que, puesto que hay muchos tipos de energías y de campos vibratorios (el propio odio puede definirse en esos mismos términos), quizá no avanzaríamos mucho.

A ver qué dice la literatura tradicional.

El Amor en la Biblia

La referencia espiritual clásica sobre el amor es el mandato evangélico:

(Mateo 22:30)

“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.”

De todo lo cual se derivan tres tipos, o aspectos, del amor:

– amor a Dios

– amor al prójimo

– amor a uno mismo, o al sí mismo.

Y quizá cabría añadir el “amor a los enemigos”, si es que entendemos que el amor al prójimo-amigo es de naturaleza diferente que el amor al prójimo-enemigo.

Mateo 5:43

Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.

44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

***

El amor en la vida profana

En la vida cotidiana y profana, nos manejamos igualmente con varios tipos de “amor”.


– amor sexual o enamoramiento (heterosexual u homosexual)

– amor a la familia, entre padres, hijos, hermanos etc.

– amor a los amigos.

De aquí surgen otras formas mixtas o intermedias del amor:

– el amor maduro entre cónyuges, como forma intermedia entre el sexual y el familiar.

– relaciones incestuosas, igualmente como cruce intermedio entre el amor sexual y el familiar.

– atracción sexual sin amor ni enamoramiento, con todas sus variantes, no muy ortodoxas algunas, como puedan ser la violación, sadomasoquismo, prostitución, zoofilia, etc.

– la amistad heterosexual, pensemos por ejemplo, dónde empieza y dónde acaba el amor “platónico” o el “solo amigos”, si se basa en una simple abstinencia de relaciones sexuales o si tenemos algún continuum entre cualquier tipo de atracción intersexos.

– Y, por analogía, la amistad homosexual: podemos plantearnos hasta qué punto el sentimiento de “amistad” entre homosexuales, (o de homosexual hacia heterosexual, en cualquier caso) es diferente del sentimiento sexual o un simple continuum.

Homosexualidad y Cristianismo

La cosa tiene su importancia cuando consideramos la gran cantidad de homosexuales que engrosan las filas de organizaciones religiosas (pongamos como ejemplo la iglesia católica, de moda últimamente), y cuando consideramos cuál pueda ser su reacción al mandato evangélico de “amor al prójimo”.



El evangelio promueve por un lado el amor al prójimo, pero prohíbe el amor sexual por otro. Las mujeres son planteadas así como objeto de pecado y de perdición, lo cual conlleva implícita  una distinción entre amor sexual y amor no-sexual, o “amor cristiano”, que se plantea, se puede plantear como amor entre hombres y amor cristiano entre hombres y mujeres.

Hasta que aparece en escena el amor homosexual, entre hombres (y el análogo entre mujeres) que pudiera generar cierta ambigüedad en lo que se refiere a su interpretación cristiana.

Es de suponer que la gran afluencia de homosexuales en las iglesias cristianas se debe al establecimiento de una analogía entre el mandato evangélico de amor al prójimo y la atracción homosexual por el mismo prójimo.


Igualmente cabe esperar una analogía entre el desinterés homosexual por las mujeres y los valores espirituales del celibato y la castidad, y la consideración de la mujer como fuente de pecado y perdición.

Metafísica del Amor

Bueno, ya tenemos sobre la mesa todo un abanico conceptual relacionado con el “amor”. A ver ahora qué hacemos con todo ello.

Lo primero que tenemos es una estrecha relación entre las nociones de “amor”, “placer”, “atracción”, “cercanía” y “unión”.

Por medio del amor, el amante atrae hacia sí el objeto amado. La atracción acorta las distancias con el objeto atraído, y  la cercanía es una forma de unión que origina placer. Dos objetos se unen cuando están juntos.

El  placer de la unión es la expresión subjetiva de la fuerza que mantiene a ambos objetos unidos.

Esto se muestra así en toda su intensidad en el amor sexual, pero tiene igualmente su paralelo en otras formas de Amor, y de deseo.

Amor cómo propiedad humana

Tenemos, entonces, una relación entre un sujeto que ama y un objeto que es amado. Ambos han de ser entidades humanas, o humanoides, aunque en ocasiones se hable de amor hacia otros tipos de objeto.

Pongamos por ejemplo el amor a los animales, a la Naturaleza, o a otras cuestiones de tipo más abstracto como el amor a la Ciencia, a la Verdad, a la Justicia… (que, por otra parte, no dejan de ser creaciones humanas).

 

Entonces, el sujeto amante, ha de ser, esencialmente, un sujeto humano, y el objeto un objeto humano, con las salvedades señaladas.

Salvedades muy probablemente de corte metafórico.


El amor a los animales se entiende en la medida que nos referimos a sus cualidades humanas, o en tanto que son próximos al género humano.

El amor al Arte, o a la Ciencia tambien se entiende en la medida en que son creaciones humanas, y propiamente humanas.

Reciprocidad

El objeto-amado, por tanto, es susceptible de convertirse en sujeto-amante, de modo recíproco: el sujeto amante es a su vez amado por el objeto que, con el cambio de coordenadas, se convierten, objeto en sujeto y sujeto en objeto.

Claro que la reciprocidad no es perfecta: el amor de A hacia B nunca va a ser igual que el de B hacia A.


Especialmente en condiciones asimétricas como entre padres e hijos por ejemplo. Y en general todo el “amor no correspondido”

En el caso del amor a los animales no procede hablar de reciprocidad, si bien también tenemos diferentes tipos de animales, desde el mamífero al insecto.

 

Finalmente tenemos el “amor a Dios”: supuestamente sí sería recíproco y asimétrico, aunque todo depende de la concepción de Dios que estemos manejando. Bien sea un dios antropomórfico, o una energía impersonal.

Conocimiento del objeto amado

El objeto amado puede ser un objeto concreto, conocido, como cuando hablamos del prójimo. Bueno, es cuestionable, hasta que punto “conocemos” a nuestro prójimo. Pero, en fin, lo dejamos ahí. Al menos si no lo conocemos sabemos a qué se refiere, o por donde tirar.

El objeto de nuestro amor puede ser un objeto desconocido como cuando hablamos del “amor a Dios”. “amor a la verdad”, amor al conocimiento, la sabiduría y similares.

Pero, ¿Cómo podemos amar a algo que no conocemos, que no sabemos lo que es, o que ni siquiera sabemos a ciencia cierta si existe?

Al menos, parece, poco tiene que ver el amor al objeto conocido con el amor al objeto desconocido. Como mucho podemos suponer que, quizá, se está utilizando, de nuevo, la clave metafórica.

Y, finalmente, tenemos el amor a “uno mismo”.

Pero, el uno mismo, el yo-mismo… ¿se trata de un objeto conocido o un objeto desconocido?

O mejor, antes que nada ¿ se trata de un objeto o de un sujeto?

El amor a uno mismo, en clave reflexiva, va estrechamente unido al “conócete a ti mismo”, otro mandamiento clásico en la literatura espiritual.

Entonces, lo que tenemos son tres tipos de “amor”, unidos entre sí por un hilo conductor:

– El amor al prójimo se refiere a un objeto visible, o perceptible. Un objeto cuya percepción, cuya cercanía, nos genera placer, un objeto cuya ausencia nos genera el deseo de atraerlo.

– El amor a Dios se refiere a un objeto no perceptible, lo cual nos lleva a una contradicción. Ya no podemos decir que su percepción nos procure placer, por eso mismo, porque no es perceptible. (A no ser que hablemos de algún aspecto de Dios que irrumpa en nuestra conciencia. Algún tipo de vibración o radiación espiritual que podemos percibir directamente en nuestra conciencia por medios no sensoriales).

– el amor a uno mismo nos lleva directamente al conocimiento de uno mismo, y al problema de los límites entre el yo y el no-yo, (y si es que hay algo que realmente no está en mí).

Entonces, digamos que, el amor a Dios, es el amor a lo desconocido. En principio es una línea de fuerza que actúa de modo inconsciente, que nos empuja a descubrir Aquello que desconocemos y Aquello que intuimos que falta en nuestras vidas.

El Amor a Dios pasa pues por el amor a uno mismo. Al sí-mismo, o al yo mismo. Pero el amor al sí-mismo es también amor al conocimiento de sí-mismo. Es el amor a un peculiar proceso de transmutación a través del cual se desvela el aspecto desconocido de lo conocido.

Hacia el Amor Real

Estamos dando vueltas a la contradicción señalada al principio: el amor, ¿Se refiere a un objeto conocido o a un objeto desconocido?

De entrada parecía, que debía referirse a un objeto conocido. Pero también parecía que implicaba algo más.

  Implica conocimiento del objeto. Implica absorción del objeto. Implica algún tipo de transformación del objeto, o de la línea de fuerza que une sujeto con objeto.

O también, dicho otro modo, implica transformación de la apariencia del objeto hasta llegar a su esencia

Ahora bien, en tal caso, el verdadero objeto del amor no es la apariencia sino la esencia. Pero la apariencia es el aspecto conocido mientras que la esencia permanece oculta. Con lo cual llegábamos a la paradójica conclusión de que el verdadero objeto del Amor no es un objeto conocido sino desconocido.

Y, de nuevo, ¿Como es éso de de amar algo que no sabemos lo que es?

De entrada lo que tenemos es impulso, fuerza dinámica. Es investigación y búsqueda. Es atracción y placer, un placer cuya intensidad aumenta a medida que nos acercamos al corazón del objeto. Es unificación.

Cuando Amamos ponemos en juego una energía dinámica, un sistema de líneas de fuerza. Unas líneas de fuerza inicial que actúan sobre un objeto particular que es atraído, investigado, desvelado, al tiempo que libera múltiples interconexiones con otros objetos que son igualmente atraídos, investigados, desvelados, conocidos… hasta formar parte íntegra del sujeto.

La tendencia final es unificadora. La union del amante sujeto con el amado objeto. El conocimiento total y absoluto del objeto es la eliminación de la dualidad.

Amor y Deseo

Ahora bien, entonces a ver dónde metemos el amor parcial.  A ver cómo lo relacionamos con el deseo y el placer.

Porque parece que exista un hilo conductor entre el Amor real, amor parcial, llamémosle mayávico, y el deseo.


En anteriores capítulos ya ha salido está relación entre el universo mayávico y el Real, como una relación metafórica, evolutiva o educativa:

El deseo mayávico de un objeto parcial sirve como modelo metafórico del Amor Real. La comprensión del significado del deseo mayávico evoluciona hacia la comprensión del Amor Real, y de ahí a su realización.

De ahí también que a veces se cruzan y confunden los términos como cuando hablamos del “deseo” de unirnos a Dios, o el “deseo” de recorrer el camino de liberación.

Inversamente también hablamos de “amor” para referirnos a objetos mayávicos.

El deseo se refiere a un objeto conocido, a través del cual experimentaremos un placer también conocido. Pongamos el deseo de una chocolatina.

Podemos decir que, inicialmente, el objeto está “fuera”.

Por el deseo lo atraemos. Por la atracción nos unimos a él. Por la unión se libera placer. Finalmente desaparece la dualidad.

En este caso, de la chocolatina, el objeto es absorbido, engullido, pasa a formar parte de nuestro ser. Donde antes había Dos, ahora solo hay Uno. Es el clásico proceso de nutrición animal.

Partimos de una dualidad sujeto-objeto. El sujeto sufre inicialmente una fase de inquietud, de insatisfacción, de búsqueda… es el hambre. En una segunda fase el sujeto encuentra el objeto de su búsqueda: es el alimento, o la presa. Comienza un proceso de atracción, de persecución, más o menos tenso, más o menos complejo. El sujeto atrae el objeto hacia sí, en cierto modo el sujeto se une al objeto.

La unión se produce en dos fases placenteras.

La primera es la captura, la posesión y el control de la presa.

Pero la unión culmina cuando el alimento es engullido en una fase de clímax de placer. Engullido, absorbido comido.

La dualidad desaparece. Ya no hay Dos sino solo Uno. El objeto pasa a formar parte íntegra del sujeto. En cierto modo el objeto muere y se diluye en el sujeto.

Y aquí tenemos un primer modelo, una primera metáfora del Amor y del camino espiritual. Maya nos muestra un modelo, una experiencia, que nos ayuda a ir comprendiendo o aprehendiendo, futuros desarrollos.

O dicho de otra forma, en clave evolutiva: el proceso a través del cual el sujeto engulle al objeto va evolucionando hacia el proceso espiritual de eliminación de la dualidad.
  Puede entenderse en el sentido del Sujeto que absorbe dentro de sí al universo objeto. Pero también en el sentido del objeto que se deja engullir por el Sujeto supremo, o Dios.

Claro que los modelos no son perfectos, son simples pistas que nos da Maya, cursillos preliminares, para ir desarrollando el lenguaje, el sistema cognoscitivo, y comprendiendo los sutiles procesos de la interacción con Brahman.

 Este modelo, basado  en la nutrición biológica, viene referenciado en la tradición evangélica gnóstica, por ejemplo, cuando se dice aquello de

“el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna” (Juan 6, 51-58)

o también:

“el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás” (Juan 4, 14)


Otros modelos


Amor sexual

Aquí la interacción es recíproca, la búsqueda es recíproca y el placer igualmente recíproco.

Ambos resultan ser sujeto y objeto según sus respectivos sistemas de coordenadas.

Ninguno engulle al otro, salvo ciertas especies animales y ciertas desviaciones sexuales.

La unión se refleja en un “abrazo” donde sujeto y objeto se funden en una unidad, pero sin perder completamente la individualidad ni la dualidad.

Es un modelo relativamente frecuente en la literatura espiritual, pongamos por ejemplo el Cantar de los Cantares, las bodas alquímicas, o algunos salmos o parábolas bíblicas.

Amor paterno/materno filial

Otro modelo al respecto es el amor entre padres e hijos, hijos y padres. De ahí surge el modelo del Dios padre, y la Diosa madre.

El sujeto amante (hijo) busca el objeto protector, que le reporte seguridad y alimentos, de forma muy similar a como busca y desea el alimento propiamente dicho, como en el primer modelo. El placer aquí resulta más permanente, y menos intenso. Y, como en el modelo sexual, sujeto y objeto mantienen su autonomía.

Pero contrariamente al sexual no es un modelo igualitario, o simétrico. Las perspectivas del padre-protector, hijo protegido resultan muy desiguales.

El objeto de deseo no solo no es engullido como en el primer modelo. Al contrario, es el sujeto quien pierde parte de su autonomía.

El modelo aparece muy extendido en las cosmogonías espirituales, especialmente la judeocristiana. La consideración de un Dios-padre, o una diosa madre, a quien solicitar protección contra las adversidades, los enemigos… a pesar de que objetivamente se demuestra que la respuesta nunca llega 😉

***

Bueno, pasemos al texto.

 

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ALPDM (IV.4, Alegría, Confianza y aspiración única)

A ver si vamos terminando con la retaila de cualidades y conceptos y atributos relacionados con la “buena conducta”, que ya se alarga demasiado.

El mago Leadbeater se las apaña para permanecer en nuestros espacios mentales 😉

Hemos visto, demos un repasico:

– Dominio de la mente

– Dominio de la acción y

– Tolerancia.

Nos queda la alegría, la confianza y la aspiración única. Voy a empaquetar en un solo capítulo, a ver si terminamos.

Alegría, Confianza y autoayuda

Alegría y Confianza parecen deseables cualidades no solo para recorrer el “sendero” sino para manejarse en la vida de todas formas. Cualidades dignas de figurar en cualquier manual de autoayuda y desarrollo personal.

La primera objeción que nos viene a la cabeza se refiere a si estas cualidades pueden manejarse a Voluntad o deben ser adquiridas mediante algún tipo de técnica.

Más bien parece que deba ser la segunda, o al menos parece que tengamos que descartar la primera. Porque, ¿Quien no quiere vivir alegre y seguro de sí mismo? ¿O es que la gente permanece en depresión por voluntad propia?

En cualquier caso, el texto no da ninguna pista sobre cuáles podrían ser esas técnicas. Únicamente podemos depositarlo en nuestro cajón de propósitos vitales. Como rumiando interiormente el mantram “quiero ser una persona alegre y confiada” y calibrando, en el día a día, en cada momento, en qué medida vamos respondiendo al modelo ideal de la alegría y la confianza.

En las técnicas de autoayuda, control mental, autohipnosis etc… la técnica para obtener este tipo de cualidades psicológicas es precisamente repitiendo mentalmente afirmaciones del tipo “quiero ser alegre y confiado“. O, más exactamente, “soy alegre y confiado”, en presente, como dándolo por hecho, y engañando a los circuitos neuronales para que, creyendo formar parte de un psiquismo alegre y confiado, actúen en consecuencia.

Las afirmaciones, además, deben repetirse en estado de relajación o, en cualquier caso, en un estado mental peculiar, “alfa”, o como se quiera llamar.

Parece que funciona, más o menos.

Pero por ahora no vamos a entrar a valorar si funciona mejor o peor, dejémoslo en un 50%.

Alegría, confianza y camino espiritual

La segunda objeción frente al cultivo de estas cualidades, más importante, es si realmente la alegría y la confianza están directamente relacionadas con el camino gnóstico espiritual o llevan trampa asociada.

Especialmente las así conseguidas, mediante técnicas de autohipnosis o control mental.

Y, como siempre, va a ser que sí, que hay trampica, que toda receta lleva implícita su letra pequeña.

Alegría

La alegría siempre, o casi siempre, va unida a un objeto, una circunstancia, que va a tener por causa directa.

Normalmente la satisfacción de un deseo, una buena noticia… pongamos que nos toca la lotería… nos ponemos a saltar y gritar de alegría.

Pero, realmente, ¿éso tiene algo que ver con el camino espiritual?

Hay otros tipos de alegría más cuestionables.

Por ejemplo, la que nos llega tras beber unas copas de licor, o un cigarro de marihuana.

Pongamos también que nos alegramos del dolor ajeno. Nuestro enemigo tiene un accidente y muere… pongamos que sea un dictador, un competidor en nuestra carrera
hacia el éxito, se muere, o enferma, y nos deja vía libre…

O alegrarse sin más del sufrimiento ajeno, sin que medie algún beneficio a nuestro favor.

Tampoco suena muy espiritual que digamos.

Entonces, tendríamos que suponer un tipo de alegría peculiar independiente de todo objeto, y circunstancia. Y aún así quizá no fuese demasiado políticamente correcto.

Ya no se trataría del tipo de alegría que podamos experimentar cuando nos toca la lotería o cuando gana nuestro equipo de fútbol favorito. Se trataría más bien de una alegría en abstracto, una alegría por la Vida, una alegría por la propia existencia independiente, repito, de las circunstancias que nos acompañen.

Se trataría de mantenerse alegre en la riqueza y en la pobreza, en la salud y la enfermedad, en el éxito y en el fracaso.

Aún así, decía, en determinados momentos, quizá no sea demasiado políticamente correcto, como cuando muere un ser querido, o cuando la desgracia recae sobre nuestros vecinos.

Una cosa es que aceptemos con humor y alegría nuestras propias desgracias. Pero esa misma actitud ante terceros puede resultar un tanto ofensiva.

En cualquier caso, si asumimos el papel del sufrimiento en la evolución, en el aprendizaje, como señalan muchos místicos, pues difícilmente vamos a poder compatibilizarlo con un estado de constante alegría.

Confianza

Al tema de la confianza también podemos darle un repaso.

¿Tener confianza en nosotros mismos? Sí, pero,

¿Confianza en unas habilidades que no tenemos?

¿Confianza en que saltando por la ventana venceremos la fuerza de gravedad?

¿Confianza en nuestro ego?

¿Confianza en nuestro Camino?

Sí, pero, ¿y si seguimos el camino equivocado?

¿Confianza en el “Maestro”?

Sí, pero, ¿ como sabemos que se trata de un auténtico Maestro y no un genio maligno?

¿Confianza en el Maestro, o confianza en nuestra capacidad de discernir al buen Maestro?

¿Confianza en la Vida, así en abstracto?

Humm, puede ser. Pero hay que calibrar adecuadamente ese status vibratorio que estamos definiendo como “alegría” o “confianza”

Hablaba más arriba de la capacidad de discernir al buen Maestro. O sea, la capacidad de discernir lo Bueno y lo Malo, que comentábamos en el primer capítulo.

Y es que todas estas últimas cualidades tratadas: tolerancia, alegría, confianza… deben montarse sobre el discernimiento. Pues de lo que se trata, en última instancia, es de confiar en lo bueno pero desconfiar de lo malo. Alegrarse de lo bueno, pero apenarse por lo malo, tolerar lo bueno…. o quizá, más bien, tolerar lo mediocre y rechazar lo malvadamente Malo.

En una palabra, y volviendo a lo de siempre. De lo que se trata es de discernir el tono vibratorio adecuado, sea cual sea el nombre que queramos darle. Toda palabrería no va a ser más que orientativa y muy dependiente del contexto.

Aspiración única

Tres cuartos de lo mismo para la “aspiración única”.

Para alcanzar cualquier objetivo en el plano mayávico, nada como la aspiración única: concentrar toda nuestra energía mental en un objetivo, sin distracciones.

De nuevo tenemos una técnica de autoayuda, que puede usarse para lo bueno tanto como para lo malo. Tanto en un contexto terapéutico como en un contexto de lucha satánica por el poder.

De nuevo lo importante va a ser el discernimiento, discernir el campo vibratorio hacia el cual orientarnos, manteniendo la orientación cada hora del día y cada día del mes.

El buscador medio, pongamos, se encuentra dividido entre orientaciones y aspiraciones diversas, incluso contradictorias, que disipan su energía mental.

Sería a través de la “aspiración única”, la orientación constante hacia el campo de fuerza gnóstico que la evolución espiritual se consolida.

Pero, igualmente, es a través de la aspiración única, de la orientación constante hacia objetivos mayávicos y satánicos, que el Mal se consolida en el mundo.

Vayamos con el texto.

“Debéis sobrellevar alegremente vuestro karma, cualquiera que sea, aceptando como un honor que el sufrimiento caiga sobre vosotros, [..] Por muy penoso que resulte, agradeced que no sea peor.

Bueno, aquí tenemos una contradicción, de entrada. Si sobrellevamos alegremente nuestro karma, o lo que sea, entonces no podemos decir que sea penoso. Si sobrellevamos alegremente el sufrimiento, entonces deja de ser sufrimiento. ¿Como es éso de agradecer que no sea peor? El sentido que se deja entrever, en clave paradójica… es diferente.

Una cosa es la alegría y otra el sufrimiento. Y otra el sufrimiento “sobrellevado alegremente”. Digamos que al menos hay dos tipos de sufrimiento: el sobrellevado alegremente y el sobrellevado, digamos que, de otra manera.

Cada cual que lo integre como pueda.

Se intuye que sí, que tiene su sentido, aunque yo casi diría “sobrellevado positivamente“, no se… Pongamos por ejemplo que reconocemos en el sufrimiento, sufrimiento físico, una propiedad curativa, educativa, o liberadora. En un dolor de cabeza, por ejemplo. Y lo recibimos con una actitud abierta y positiva.

En cierto modo, de lo que se trata es de permanecer “alegre” en circunstancias adversas. O sea, en condiciones contrarias a las comúnmente consideradas como precursoras de la alegría. O dicho de otro modo: se trata de una alegría independiente de la ilusión fenoménica.

Debéis desechar toda idea de posesión. El Karma puede arrebataros las cosas que más queráis y hasta a las personas que más améis. Aun entonces debéis permanecer alegres, dispuestos a separaros de todo”.

Bien, aquí saltamos al dolor psíquico, presumiblemente originado por la pérdida de alguna cosa o alguna persona. Podemos darle el mismo enfoque. No sé trataría de que nos pongamos a dar saltos de alegría al recibir la noticia de la muerte de un ser querido, o de la pérdida de todos nuestros ahorros en la bolsa. Presumimos que estas pérdidas nos van a originar un dolor, una perturbación psíquica, que intentaremos enfocar positivamente, más bien que alegremente, con la pregunta, con el interrogante vibracional:

“¿Que tengo que aprender de esta experiencia?”.

Bueno, en general, todo dolor por toda pérdida lo primero que nos muestra es la medida en que estamos atados a la ilusión fenoménica. Pero tampoco podemos obviar un aprendizaje de tipo más práctico, en el sentido de “¿qué pude hacer para evitar la perdida? O ¿Que podré hacer en el futuro para evitar una perdida similar?

Si nuestro hijo muere, por malos cuidados, o perdemos nuestros ahorros por una mala gestión… La primera lección que que debemos extraer es de tipo práctico, y aprender a cuidar de nuestros hijos y de nuestros negocios. Luego, en segundo lugar, ya vendrán las consideraciones kármikas y mayávicas.

“A menudo el Maestro necesita verter Su fuerza sobre otros por medio de Su discípulo e incondicional servidor; y si éste cayese en la depresión no podría Él realizarlo. Así, la alegría debe ser vuestra norma.”

Bueno, yo diría, y según el lenguaje que vengo empleando, que el campo de fuerza Real se trasmite de unas personas a otras. No necesariamente de maestro hacia alumno, sino que horizontalmente, entre alumnos, o entre buscadores. Y no hablaría tanto de alegría como de energía, energía positiva, por supuesto.

Como señalaba más arriba, la alegría pura y dura no siempre es lo más oportuno para conectar con un próximo. Especialmente si se encuentra en momentos difíciles, un funeral, pongamos por caso. Lo realmente relevante es la conexión con el campo de fuerza Real, sea en clave de “alegría”, o en clave de serenidad, tranquilidad, o incluso una cierta tristeza nostálgica y lúcida.

“Debéis confiar en vuestro Maestro; debéis confiar en vosotros mismos.”

Bueno, lo dicho. Habrá que matizar el significado de esa “confianza”, no sea que se vuelva en nuestra contra. Sea lo que sea que entendamos por el “maestro”, si es un “mal maestro”, no nos conviene para nada confiar en él.

Mejor suena lo de “confiar en vosotros mismos“. Pero al final estamos en las mismas. Podemos creer que vamos por buen camino y estar completamente equivocados.

Claro que también es verdad que no queda otra, pero no está de más considerar nuestras creencias, nuestros puntos de vista como humildes hipótesis

Si ya habéis visto al Maestro, confiaréis del todo en Él a través de vidas y muertes. Si aún no Lo habéis visto, debéis tratar de imaginároslo y confiar en Él, porque si no lo hiciéreis, no podrá Él ayudaros.

Por si hubiera alguna duda sobre el sentido que el texto da al “maestro”, aquí nos aclara que no se trata de un maestro de carne y hueso, sino de un maestro etérico, que nos guía y tutela incluso de una encarnación a otra. En cualquier caso ésto no quita ni pone nada a lo ya dicho. Puede tratarse igualmente de un mal maestro, aunque trabaje desde el plano etérico o astral.

Sin completa confianza no puede establecerse la perfecta corriente de amor y de poder

Vosotros, vuestro Yo real, es una chispa del propio Fuego Divino; y como Dios, que es omnipotente, está en vosotros, nada hay que no podáis hacer si queréis. Decíos: “Lo que hizo un hombre, otro hombre puede hacerlo. Yo soy un ser humano, más aún, soy Dios en el hombre: puedo y quiero hacerlo.” Porque vuestra voluntad debe ser cual acero templado, si queréis hallar el Sendero.

Sin negar el carácter terapéutico de este último párrafo, resulta un tanto peligroso: “nada hay que no podáis hacer si queréis”; “soy Dios en el hombre”, rayan visiblemente en el satanismo: se pretenden los poderes divinos para alcanzar metas terrestres 🤔🤔.

Si lo vemos como terapia, todavía podríamos darlo como aceptable. Sin embargo, la frontera con el satanismo no queda muy evidente. Todo depende, quizá, de aquello que pretendamos conseguir. ¿Una modesta supervivencia vital? ¿Salir de un bache depresivo? O quizá nos estemos refiriendo a luchas por el Poder de alto standig?

Para cogerlo con cuidado.

“Aspiración única significa también que nada deberá jamás desviaros, ni siquiera por un momento, del sendero en que habéis entrado. Ni tentaciones, ni placeres terrenales, ni mundanos afectos deberán nunca apartaros de él. Porque vosotros mismos debéis identificaros con el Sendero, el cual ha de formar parte de vuestra naturaleza, de tal modo que lo sigáis sin necesidad de pensar en él ni en la posibilidad de abandonarlo”.

De acuerdo. Si se basa en el auténtico discernimiento del auténtico campo de fuerza gnóstico. Pero, ¿Y si lo que perseguimos es otra cosa? ¿Si el sendero nos lleva a otra parte?

“Ni tentaciones, ni placeres terrenales, ni mundanos afectos deberán nunca apartaros de él”

Sí, de acuerdo. En principio de acuerdo.Pero eso mismo podría aplicarse a un tirano en tiránica senda hacia el Poder.

Porque hay algo peor que una persona “mala”. Y es una persona concentrada totalmente en el Mal. Y, dicho sea de paso: peor que una persona mala, es una persona que vive alegre y confiadamente con su maldad.

Una persona en la cual el Mal “forma parte de su naturaleza” y “sin posibilidad de abandonarla“.

Porque, tambien tenemos personas malas, o medio malas, que cargan con su conciencia, con el dolor, la tristeza, la inseguridad… de la conciencia de una maldad que no pueden controlar…

Conclusiones

Bueno, para concluir yo diría que lo de siempre.

Lo importante es el discernimiento, calibrar con atención la calidad del campo de fuerza hacia el cual nos orientamos.

Las cualidades citadas: alegría, confianza, aspiración única… no son las llaves que nos permitirán acceder al Campo de Fuerza Real. Inversamente, son las consecuencias de una orientación Real. Pero se trataría de una Alegría Real, una Confianza Real, y una Aspiración Real. Esto es, independientes de los vaivenes del mundo fenoménico.

Consideradas en su aspecto mayávico, estas cualidades pueden ser útiles, pueden ser terapéuticas, pero deben ser mantenidas a mínimos, con riesgo de devenir en satanismo.

Dinero y Poder nos proporcionan alegría y confianza. Pero no resultan estables, no resultan Reales. Nos vemos impulsados entonces a perseguirlos, a concentrar nuestra búsqueda, aspirando únicamente a ellos.

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Bueno, el próximo y último capitulo trata sobre el Amor. Una de las palabras más traídas y llevadas en la literatura espiritual. Se merece una atención especial. Y a ver si pasamos a otra cosa, ya llevamos cuatro meses con el comentario.

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ALPDM (IV.3, Tolerancia)

” [debéis sentir una] perfecta tolerancia hacia todos y un sincero interés por las creencias de los que profesan otras religiones, tanto como por la que profesáis. Porque la religión de los otros es un sendero que conduce a lo más elevado, lo mismo que la vuestra

Sed bondadosos, amables, tolerantes con todos los hombres sin distinción, sean budistas, indios, jaimas o judíos, cristianos o musulmanes.

Ahora que vuestros ojos están abiertos quizá os parezcan absurdas algunas de vuestras antiguas creencias y ceremonias, tal vez lo sean en realidad. Pero aunque ya no toméis parte en ellas respetadlas por consideración a aquellas buenas almas para quienes todavía tienen importancia. Ellas tienen su lugar y su utilidad, como la falsilla le sirve a un niño para escribir derecho, hasta que aprende a escribir mejor y con mayor igualdad sin ella”

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Tolerancia física y psíquica

La tolerancia, así como otras formas de “amor al prójimo”, siempre me parecieron bellas e inamovibles reglas de oro, auténtico rumbo a seguir. Especialmente cuando la consideramos a nivel puramente psíquico.

Yo ponía en práctica, en la vida cotidiana, una buena tolerancia y respeto ante mis convecinos, especialmente ante aquellos colectivos más marginales, y más dañados psíquicamente, con quienes mantenía un nexo especial.

La perfecta tolerancia no podía limitarse a una compasión burguesa, ni al establecimiento de una relación jerárquica entre el tolerante y el tolerado. Se hacía necesario colocar el nivel vibratorio al mismo nivel, elevándole a la categoría de “igual”, o de “colega”, aunque ello implicase paradójicamente sufrir la intolerancia de terceros.

Pero no podía dejar de percibir que estas reglas de oro no eran perfectas, hacían agujeros por algunas esquinas.

Pues, ¿hasta qué punto debemos ser tolerantes frente a la mala conducta de nuestros vecinos, y especialmente cuando consideramos el nivel físico? Bueno, habrá casos y casos. Para pequeños deslices de conducta quizá pensemos que no es asunto nuestro.

Pero, ¿Seremos tolerantes con un criminal que ante nuestras propias narices se dedica a robar, asesinar, torturar y violar a nuestros amigos y familiares?

Porque, si lo hacemos, en cierto modo, nos volvemos cómplices.

Cierto que el texto que estamos considerando se está refiriendo a creencias religiosas y ceremoniales.

Y cierto también que muchos crímenes se cometen en nombre de creencias religiosas, y que muchos ceremoniales religiosos van aderezados con sacrificios humanos (y la quema de herejes, pongamos por caso) por no hablar de las “guerras santas” o de religión.

De modo que, aunque intuimos que la propuesta de tolerancia encierra una gran verdad, conviene investigarla con cuidado, no sea que nos pillemos los dedos.

Y es que, ante todo, la tolerancia, como las diversas formas del amor, parece que debe practicarse, principalmente, en el plano psíquico y subjetivo, reservándonos el derecho de intervenir en el plano material para corregir las conductas desviadas, siempre que esté a nuestro alcance.

Derecho al libre pensamiento y a la libre expresión

Creo que es de Spinoza la proclama del “derecho a pensar libremente y a decir lo que se piensa”. Pero quedando excluido el derecho de actuar libremente.

Claro, mi libre pensamiento es perfectamente compatible con el libre pensamiento de los demás. Y mi libertad de expresión es perfectamente compatible con la libertad de expresión de los demás.

No ocurre lo mismo con la actuación, en el plano físico, donde chocan intereses contrapuestos, mi libertad de acción choca contra la libre acción de mis vecinos.

Entonces, pareciera que podríamos postular el principio de tolerar y respetar el libre pensamiento y la libre expresión, reservándonos el derecho de cuestionar, criticar y, si fuese necesario, reprimir, la conducta inapropiada.

Una libertad de expresión que puede extenderse del lenguaje verbal a ciertos comportamientos. El lenguaje no-verbal, por ejemplo. O la forma de vestir, ciertos hábitos, ciertas ceremonias… Siempre que se queden en eso: formas de expresión.

La represión de la conducta desviada, por su parte, se limitaría exclusivamente al plano físico, idealmente sin una implicación emocional contraria a la subjetividad del sujeto reprimido.

La proclama de Spinoza data ya del S. XVI. Pero por alguna razón, la libertad de expresión se resiste a formar parte integrante de nuestras sociedades modernas.

Palabras letales

Suele decirse que la palabra mata más que la espada, no sin razón, y es que con la sola palabra, con el sólo derecho a nuestra libre expresión, nuestra libre crítica, podemos arruinarle la vida a más de uno. Pensemos por ejemplo, en los modernos casos de acoso, o bullying, escolar o profesional… O la libre exposición al público de información personal, íntima y comprometedora de nuestros vecinos, tal y como viene siendo habitual en las redes sociales.

De modo que motivos no faltan para cuestionar, o al menos matizar el principio espinoziano.

Crítica e intolerancia

Claro que también podemos pensar en criminales de distintos tipos, pederastas por ejemplo a quienes podemos denunciar, igualmente con nuestra sola palabra.

Por cierto, que Leadbeater, el supuesto autor o coautor de este texto sufrió en sus carnes acusaciones de pederastia, no es de extrañar, por tanto, que se preocupe de señalar los nocivos efectos de la intolerancia, la crítica y la maledicencia.

Pero, ¿realmente debemos practicar la tolerancia con un pederasta, especialmente cuando está encargado de la educación espiritual de nuestros hijos? ¿Debemos abstenernos de criticar a cualquier tipo de criminales?

La crítica, más o menos destructiva, también es una forma de intolerancia. Pero, ¿No habrá que ser tolerante, igualmente, con los críticos?

¿No habrá que ser tolerante con los intolerantes? Porque en caso contrario nos convertimos en aquello que queríamos cuestionar.

Entonces ¿como salimos del laberinto?

Recetas de buena conducta

De modo que, como viene siendo habitual en esta investigación, la “buena conducta” se resiste a ser codificada en una simple receta. La tolerancia, como una de las patas del Amor apuntaría más bien hacia un modelo vibratorio, no necesariamente en correspondencia con una conducta material.

En cualquier caso, intentemos ir un poco más hasta el fondo del asunto.

El malo, el feo y el tonto

Podemos subdividir las personas, o las conductas criticables, en malas, feas y torpes, o estúpidas.

Entonces, la tolerancia puede entenderse, en un primer momento, que deba ser aplicable preferentemente, frente al tonto y frente al feo. Sin embargo, frente al “malo”, podríamos reservarnos todo nuestro potencial crítico.

Bueno, puede ser. Las personas “malas” atentan directamente contra nuestros intereses o nuestra integridad física, y estamos en nuestro derecho a defendernos, a experimentar impulsos instintivos de rechazo, y a comunicar a nuestros amigos el malévolo potencial de la conducta ajena, siempre con el fin de protegerles.

Debilidad mental

Las personas “tontas”, o débiles, y “feas” también pueden provocar en nuestro interior reacciones instintivas de rechazo, burla y marginación. Pero en este caso el motivo de la reacción no resulta tan evidente. Al menos no atentan directamente contra nuestra integridad ni contra nuestras estrategias particulares.

Quizá provenga de estrategias adaptativas de la especie, de marginar y expulsar a los débiles de la comunidad, con el fin de evitar su procreación y la trasmisión hereditaria de tal debilidad.

La intolerancia se manifiesta aquí sobre la base de cualidades objetivas, normalmente de tipo mental. La discapacidad física, en general, es bastante bien tolerada en la sociedad moderna y la discriminación abierta contra estas personas parece más bien cosa del pasado, o de niños, o personas de deficiente nivel cultural.

Más evidente resulta la intolerancia frente a ciertas deficiencias psíquicas, incluso las más sutiles y las que no supongan factores objetivos de inadaptación.

Belleza y fealdad

La marginación de los feos quizá tenga un origen similar. Aunque no sean débiles, en el sentido literal de la palabra, la fealdad puede entenderse como un indicio de algún rasgo diferente, y sospechoso de portar algún tipo de debilidad o de mutación. Una mutación que puede ser degenerativa, pero también podría ser evolutiva o neutra.

Pongamos por caso el modelo de “el patito feo”, dónde la percepción subjetiva de la fealdad se refiere a los rasgos propios de otra especie.

La fealdad se entiende aquí, por supuesto, como algo más que la simple apariencia física. Pongamos ciertos tics nerviosos, maneras de andar, de moverse, de reírse… Y, sobre todo, la forma de hablar, y conversar, de simpatizar o sintonizar con el próximo. Las “malas vibraciones” quizá también podríamos meterlas en este apartado estético.

Entonces, por alguna razón, las personas que muestran ciertas características de este tipo sufren la intolerancia y rechazo del entorno, aún siendo inofensivas y perfectamente competentes, de por sí, en cualquier ámbito de la vida, excepto precisamente en los ámbitos donde se requiere cierta belleza de aspecto, de simpatía o don de gentes.

Inferioridad espiritual

En la misma línea tenemos otro criterio de intolerancia basado en criterios subjetivos, no sabría muy bien como denominarlo…

Se trata de un criterio basado en una hipotética superioridad/inferioridad de tipo espiritual, intelectual, filosófico o ideológico, o cosmogónico.

No se trata exactamente de fealdad o discapacidad, aunque tiene en común con la primera su aspecto subjetivo, y con la segunda una atribuida debilidad o incapacidad mental peculiar.
En este sentido discriminamos a nuestros vecinos por su forma de “ver la vida”, pensamientos filosóficos, espirituales, políticos, cosmogonía y similares.

Es cierto que una idea política o religiosa puede ser precursora de un comportamiento agresivo y contrario a nuestros intereses vitales. Sin embargo el rechazo no se produce en este contexto. El rechazo se basa en un sentido de superioridad, de hombría quizá (hombría en el sentido de hombre maduro y evolucionado) de que tales ideas políticas y religiosas son fruto de algún tipo de déficit intelectual, o evolutivo, aunque realmente, en la vida práctica, no supongan una merma de sus aptitudes. Al contrario, desde el punto de vista profesional, o político, o militar, pueden ser extraordinariamente competentes, pero quedan subjetivamente descalificados en base a este principio.

Yo diría que este sentido de superioridad/inferioridad es netamente espiritual aunque se da en otros contextos de tipo político e ideológico. Digamos que apelan al sentido de “lo sagrado”, que no siempre se expresa con apariencia religiosa. Como el sentimiento de superioridad que expresa el ateo frente al creyente, el comunista frente al capitalista, y similares.

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ALPDM (IV.2, Buena Conducta: Dominio de la Acción)

Dominio de la mente y dominio de la acción. Ayudando a la humanidad. Ayudadores y ayudados. La Ayuda como persuasión y represión. Ayudando a manifestar el campo Real. Haz lo que quieras que te hagan. Ayuda como quieras que te ayuden. El gurú ayudador. El deber del deber. “Ellos”

Si vuestra mente es tal como debe ser, se perturbará muy poco con vuestra acción. Recordad que para ayudar a la Humanidad, el pensamiento debe convertirse en acción. En esta labor no caben tibiezas, sino una constante actividad. Pero debéis cumplir vuestro propio deber, no el de los demás, a no ser con su permiso y con el fin de ayudarlos. Dejad que cada cual cumpla su propio deber, a su modo peculiar; estad siempre dispuestos a ofrecer vuestro apoyo cuando sea necesario, pero nunca os entrometáis. Porque, para algunas personas, la cosa más difícil del mundo es aprender a cumplir sus propios deberes, y precisamente esto es lo que vosotros debéis hacer.

Aunque tratéis de realizar una labor más elevada, no por ello debéis olvidar vuestros deberes ordinarios, pues hasta que éstos no queden satisfechos, no estaréis en libertad para prestar otros servicios. No os comprometáis a nuevos deberes mundanos; mas debéis cumplir perfectamente aquellos de que estéis encargados, esto es, todos aquellos deberes que reconozcáis como evidentes y razonables, no deberes imaginarios que otros traten de imponeros. Si queréis servirles a Ellos, debéis cumplir vuestros deberes ordinarios mejor y no peor que los demás; porque haciendo esto también Les servís.

Este corto capítulo resulta un tanto difícil de digerir.

Esperábamos ansiosamente unos consejos espirituales que nos ayudasen a comprender cómo orientar nuestra conducta en el fenoménico. Pero, la verdad, el planteamiento resulta un tanto mediocre. Vayamos párrafo a párrafo.

Dominio de la mente y dominio de la acción

Si vuestra mente es tal como debe ser, se perturbará muy poco con vuestra acción. “

No le veo mucho sentido a la frasecita. Quizá debería decir “si vuestra acción es tal como debe ser perturbará muy poco a vuestra mente“. Digo, por decir algo parecido que tenga sentido.

Una buena acción debe traer como resultado una buena sintonía mental. Al menos la podemos definir así. Y a la inversa: una mala acción traerá como resultado una perturbación mental.

También podríamos decir que el dominio de la mente implica dominio de la acción y a su vez el dominio de la acción realimenta al dominio de la mente.

Una realimentación que no sería absoluta, más bien intervenida por la influencia del fenoménico, de las líneas de fuerza ilusorias.

Quiero decir que el dominio de la acción empuja hacia un mayor equilibrio de la mente. Pero, tanto la influencia positiva de una buena conducta, como la influencia negativa de la conducta equivocada, pueden ser contrarrestadas por las influencias aleatorias de las líneas de fuerza externas, en un sentido o en otro.

Digo, por relacionar la frase con algo coherente, lo demás no le veo pies ni cabeza.

Ayudando a la humanidad

Recordad que para ayudar a la Humanidad, el pensamiento debe convertirse en acción.”
Bueno, aquí se saca de la manga lo de la ayuda a la humanidad. Lo plantea como si, en algún lugar del texto, ya se habría decidido, o demostrado, que de lo que se trata es de “ayudar a la humanidad”. Pero este tema aún no lo habíamos desarrollado.
Y, aunque decidamos que lo correcto es “ayudar a la humanidad”, todavía nos queda decidir el cómo habría de llevarse a cabo tamaño propósito. Que no es en absoluto evidente.
Ayudadores y ayudados
Aún así, la idea de “ayudar”, en algunos casos, resulta un tanto sospechosa de algo, de un cierto sentido de superioridad, o de un deseo de dominar, de ponerse por encima de los ayudados.


Es un tema que se repite con frecuencia en el texto, lo de la “ayuda”, ayuda al prójimo, ayuda a la humanidad…
Cuando nos otorgamos el rol de “ayudadores” nos otorgamos un rol de superioridad, más o menos solapadamente. Se trata, en cierto modo, de una relación de dominación a través de la cual el ayudador-superior somete al inferior-ayudado.
¡ “Ayudar a la humanidad”!, ¡ni más ni menos!
Pero, ¿Ayudar? ¿ O dejarse ayudar? 🤔🤔

Problemas prácticos de las “ayudas”
¿Con qué criterios vamos a determinar a quién corresponde ser ayudado y de qué forma?
Cada cual tiene sus objetivos y deseos en el mundo. Y cada cual agradecería gustosamente cualquier ayuda encaminada a satisfacer dichos objetivos. Pero puede tratarse de objetivos insanos, o criminales, y en cualquier caso los objetivos y deseos de una persona actúan en contra de los de otra.
Ayudar a uno, la mayoría de los casos, en el contexto de una guerra de todos contra todos, tiene como resultado necesario, el perjudicar los objetivos de otro.
Pero ¿Se dejará ayudar la “humanidad”? ¿Se dejará ayudar el prójimo?
Bueno, todo depende, como decía, de lo que entendamos por “ayudar”. Si se trata de facilitar a alguien la satisfacción de sus deseos (de riqueza y poder, por ejemplo) no creo que haya mayor problema.
Ahora bien, si por “ayudar” entendemos que el prójimo haga lo que nosotros queremos que haga, lo que nosotros entendemos que es “bueno”… O más exactamente, que cambie su forma de actuar o de pensar, o su sistema de creencias y valores… Como cuando queremos evangelizarle o convertirle a nuestra causa…
Entonces las cosas no van a ser tan fáciles.
La Ayuda como persuasión y represión
En tal caso, la ayuda debe entenderse, primero como “persuasión”. Y si no fuera suficiente, aderezarla con un poco de coacción, u opresión, o represión, si se prefiere. Como un buen padre que intenta persuadir a su hijo para que haga ésto o lo otro por las buenas, y siempre por su bien. Si no lo consigue optará por medios más coactivos, castigándose sin paga, o sin postre, o, según los casos, con un par de cachetes.


Y si le sale demasiado rebelde puede solicitar ayuda psiquiátrica, un buen tratamiento neuroleptico por ejemplo, o de electroshock, que le ayude a ayudar a su querido hijo.

Todo ello por el bien del ayudado, por supuesto.
Las intenciones pueden parecer de lo más loable y desinteresado en estos casos. Pero, desde el punto de vista del “ayudado”, por estos medios coercitivos, la ayuda no es diferente a la de cualquier otro tipo de represión, o explotación. “Todo para el pueblo pero sin el pueblo”
Ayudando a manifestar el campo Real
La ayuda, en la línea de lo comentado en capítulos previos, se puede enfocar en el sentido de ayudar al prójimo a manifestar la naturaleza Real de cada cual. Ayudar, o no estorbar, al menos.
En cualquier caso no es evidente cómo habría de hacerse, sobre todo considerando que tampoco es evidente cómo desarrollar nuestra propia naturaleza, y considerando que nuestro prójimo quizá no tenga ninguna gana de arrimarse al campo de fuerza Real o, en cualquier caso, tenga sus propias ideas sobre lo Real o la manera de manifestarlo.
De modo que, de entrada, podríamos entender la ayuda Real como un deseo de que nuestro prójimo manifieste en su ser la naturaleza de lo Real. Desearle las mismas cualidades vibratorias que deseamos para nosotros mismos.
Pero hemos visto también que esa manifestación de lo Real, esas cualidades vibratorias, van a depender de las líneas de fuerza ilusorias y fenómenicas. Y que, en parte, podemos modularlas con el poder de nuestra voluntad.
Por ejemplo, si asumimos que, para manifestar ciertas cualidades vibratorias, es necesario es necesario un cierto confort, una cierta tranquilidad, refugio, vestido, comida… Entonces podemos enfocar nuestro deseo de ayuda en el sentido de ayudar a satisfacer estás necesidades básicas.

Claro que, estas condiciones básicas, aunque pudieran ser necesarias no son suficientes. Podemos dar de comer y beber al hambriento y sediento, podemos darle cobijo y sanarle sus heridas…. que una vez recuperado quizá continúe dedicándose a hacer picias, y suerte si no se vuelve contra nosotros, nos ataca y nos roba lo que nos queda. “Cría cuervos que te sacarán los ojos”, que se dice.
Así pues, podríamos seguir modulando la estrategia ayudadora limitándola a aquellas personas que, entendemos, harán buen uso de ella.

Lo cual es fácil decirlo pero, ¿cómo saber el uso que cada cual hará de nuestra ayuda? ¿Como saber el grado de sintonía con lo Real manifestado por nuestro vecino? Y, aún así, ¿Privaremos de nuestra ayuda a nuestros vecinos por el mero hecho de que les consideremos un menor grado de desenvolvimiento espiritual?

Haz lo que quieras que te hagan

Hay una regla de oro que viene a decir algo así como que “haz a tu prójimo lo mismo que quieras que haga contigo”. O, poniéndola en negativo, “no hagas lo que no quieras que hagan contigo”. Se atribuye a los evangelistas cristianos, (Mateo 7:12) aunque me suena debe venir de atrás, desde Confucio, quizá.

Bueno, no suena mal. Parece una buena linea de investigación para orientar la conducta.

Aunque quizá no siempre sea fácil llegar a su esencia profunda.

Por ejemplo, a mí me gusta el chorizo, y me encanta que me inviten a comer y me sirvan las alubias bien aderezadas con unos buenos tropiezos.

Aplicando la citada fórmula, hago a los demás lo que quiero que hagan conmigo, les sirvo los garbanzos con unos buenos pedazos de chorizo, chorizo orgánico y artesano del bueno, y, mira, oye, que me topo con un vegano, o mejor con un musulmán que no puede catar el cerdo. 😈😈

Gentes de otras culturas y otras religiones, Suicidas, masoquistas, homosexuales… pueden tener gustos y disgustos diferentes a los nuestros, y complicarnos la aplicación directa de la sabia receta.

Podemos elevarnos algún peldaño en el nivel de abstracción. En lugar de hacer a los demás, exacta y concretamente, lo que queremos que nos hagan a nosotros, podemos decir: “a mí me gusta que me hagan, o me den, lo que me gusta, lo que deseo. Así que yo haré, o daré, a los demás lo que desean“. (Para lo cual no es menos cierto que primeramente debemos conocer los deseos y aspiraciones de nuestro prójimo)

Pero estamos en el mismo caso comentado más arriba. Mi prójimo puede tener deseos criminales y psicópatas, ¿Le ayudaré a satisfacerlos?

La receta sigue sin funcionar.

Ayuda como quieras que te ayuden

Como último recurso podemos decir: “quiero manifestar la naturaleza Real en mí, por tanto quiero y espero que mi prójimo me ayude, o al menos no me estorbe en mi Camino. Por tanto haré lo que pueda por ayudar a mi próximo a que recorra ese mismo Camino

Bueno, puede ser. Pero un par de problemas. Primero con aquellos que no quieren recorrer el Camino. Segundo con aquellos que sí quieren recorrer el Camino, o uno parecido, pero tienen puntos de vista diferentes.

Aunque, pensándolo bien, no dejan de ser dos variantes de un mismo problema. En ambos casos se trata de “ayudar” al prójimo a ir por una senda que no es la que ha escogido libremente.

Entonces podemos plantearnos ayudar a los demás a recorrer el Camino en la misma manera en que nos gustaría que nos ayudasen a nosotros. Incluso respetando la senda que hemos elegido.

Con lo cual no sé si avanzamos mucho, porque, igualmente, tenemos diferentes perspectivas sobre el Camino, y diferentes perspectivas sobre el modo en que nos gustaría ser ayudados.

Por ejemplo uno esta muy en su derecho de recorrer el Camino practicando sacrificios rituales de animales y personas, y reivindicar su derecho a que nadie se entrometa en su camino, así como él tampoco se entromete en el nuestro (siempre que no nos otorgue el privilegio de servir como alimento a sus dioses, claro 😎😎)

Igualmente, y volviendo a lo comentado más arriba, tendríamos que valorar si realmente nos gusta que nos coloquen la etiqueta de “ayudados” cual si se tratase de un status de inferioridad, para valorar en qué medida nos corresponde hacer lo propio.

El gurú ayudador

Y ésto tampoco es una cuestión fácil, porque, generalmente, tenemos un doble baremo al respecto. Generalmente tendemos a reconocer y adorar a ciertos gurús en unas coordenadas un tanto asimétricas. No solo no nos importa que el gurú nos coloque en un estatus de inferioridad, sino que nos parece normal y deseable, como deseable nos parece también que el citado gurú nos acepte entre su séquito de ayudados.

Ni se nos pasa por la cabeza imaginar una relación simétrica con el gurú, en la cual invertiéramos la línea de fuerza y nos dispusiéramos a ayudar al Gurú así como él nos ayuda a nosotros. Dándole buenos consejos espirituales por ejemplo. 😉

Pero con los compañeros que también siguen al mismo gurú no toleramos tan fácilmente el mismo intercambio vibratorio. No toleraremos tan fácilmente que el compañero tome el rol de “discípulo avanzado” y tenga el atrevimiento de señalarnos nuestras faltas y “ayudarnos” desde una posición de superioridad. Con lo cual en tal caso nos tocaría hacer lo propio, guardársela y devolvérsela a la primera ocasión.

Bueno, total que nos quedamos un poco con las manos vacías. Parece que sí, que la máxima encierra una profunda Verdad, pero tan pronto como intentamos ponerla en práctica y analizar sus consecuencias prácticas se nos escurre de entre las manos.

El deber del deber


“No os comprometáis a nuevos deberes mundanos; mas debéis cumplir perfectamente aquellos de que estéis encargados, esto es, todos aquellos deberes que reconozcáis como evidentes y razonables”

De nuevo nos plantea el texto cuestiones que da por evidentes cuando no lo son en absoluto. ¿Qué es el deber? ¿Cómo saber cuál es mi verdadero deber? ¿Cómo saber si lo que hago es realmente lo que debería de hacer?

Porque el hecho de que alguien considere un deber como “evidente y razonable” no prueba que ello sea así en absoluto.

Nuestro primer contacto con el “deber” suele ocurrir en la escuela, cuando el maestro nos manda los “deberes”. O sea son las “órdenes” de la autoridad político militar. Al menos, una autoridad administrativa que actúa al amparo del poder político-militar citado que para el caso es lo mismo.

Así que en un primer momento podemos entender el “deber” como la obligación de obedecer a las autoridades establecidas.

Puede tener su lógica, pues desobedecer a las autoridades puede originarnos serios problemas que, a su vez, nos privarán de la calma necesaria para el Camino.

Además es una definición objetiva. En todo momento sabemos dónde está la autoridad que debemos obedecer, la autoridad capaz de poner en marcha los recursos represivos de persuasión.

Salvo en época de crisis y revoluciones, por supuesto.

Pero también se habla del “deber” en términos subjetivos, de “principios” de “honor”, de “dignidad” y similares. Como cuando decimos que “es mi deber cuidar y defender a mi familia”. O “es mi deber vengar la muerte de mi hermano” , o “defender al débil” o “decir siempre la verdad”… Y porqué no, “es mi deber rebelarme contra el tirano” o “es mi deber desobedecer las leyes injustas”,

Entonces, el asunto no queda muy claro. Cada cual puede enfocar el sentido del deber de formas muy diferentes.

Puestos a especular, podríamos hablar del deber de “luchar por la vida” y cuidar y defender a los hijos; esto es: por el sustento, comida, vivienda, vestido. Pero ésto es también: luchar por la vida contra otros que, igualmente, sienten el deber de luchar por la vida; defender a nuestros hijos de otros que también están defendiendo a los suyos.

Podríamos hablar de un sistema ético de principios y valores en el cual se enmarca la citada lucha por la vida, asumiendo el deber de respetarlos. Como unas reglas de juego con la cual enfrentarnos a nuestros contrincantes.

Luego se puede hablar del deber de procrear, formar una familia… Con lo que automáticamente uno se ve confrontado con el deber de educar y cuidar a los hijos.

Pero, cambiando un poco el enfoque: ¿A qué se opone el deber?

En principio al placer, a la diversión.

Pero también se opone, parece, a otras actividades vocacionales como estudiar o investigar, o leer la Biblia, o los Vedas… actividades que nos resultan sumamente placenteras y edificantes… pero que debemos aplazarlas para cumplir nuestro deber…

Pero.. ¿Cuál?

Por ejemplo estamos absortos en la lectura de las Upanishad, hemos comenzado a experimentar la sublime realidad del todo es uno, y hemos comenzado a levitar, elevándonos un palmo por encima del suelo…

De repente unos gritos nos interrumpen. Nuestro hijo se ha caído a la piscina, no sabe nadar se ahoga, grita pidiendo auxilio.

¿Qué hacer? ¿Interrumpir el profundo éxtasis espiritual? ¿O dejarme llevar por la mundana y mayávica corriente y salvar a mi hijo?

El Gita lo dice: “el espíritu ni muere ni puede ser matado”, “ni hay no-existencia de lo que existe”. ¿Qué sentido tiene pues que me preocupe por ello?

La Biblia también dice “todos los cabellos de vuestra cabeza están contados” y “mandaré a mis ángeles para que os protejan y no tropeceis con alguna piedra”. Entonces ¿qué?. Dios cuida de mi hijo, Él le ayudará a salir de la piscina. Y si no lo hace ¿Quien soy yo para inmiscuirme en sus designios? Pues aunque muera en la piscina Dios le tiene reservada una morada a su diestra…

Bueno, posiblemente el animal y mayávico instinto maternal sea más fuerte que todo el éxtasis inducido por la literatura sagrada. Posiblemente nuestro nivel de conciencia pase automáticamente al estado de semiconciencia mayávica, y en un par de saltos, y con asombrosa agilidad, y sin saber muy bien cómo, nos plantamos en la piscina y rescatamos a nuestro hijo.
Quizá podamos entender aquí que “era nuestro deber”.

Claro que la cuestión sienta precedente.

Porque hoy es nuestro hijo el que cae a la piscina. Mañana pude ser nuestro sobrino, o el hijo de nuestro vecino.

¿Interrumpiremos igualmente nuestro profundo éxtasis para salvar a un extraño?

Pero, espera, que en lugar de mirar por la ventana, miremos por la tele-visión. Miles de niños, cientos de miles de hijos de alguna madre, todos ahogándose, enfermando, muriendo, demandando auxilio.

¿Qué hacer entonces? ¿Abandonar definitivamente el plácido éxtasis espiritual para responder a tanta demanda de auxilio? Y, ¿Como? ¿Dónde empieza y termina mi deber para con el mundo?

Ellos

Si queréis servirles a Ellos, debéis cumplir vuestros deberes ordinarios mejor y no peor que los demás; porque haciendo esto también Les servís.

¿Ellos? ¿Quienes son ellos? Ellos, los Maestros, los Mahatmas, tan traídos y llevados en el seno de la ST.

En su día ya hablamos de Ellos, en la saga de la sociedad Teosófica.

Solo comentar que Krishnamurti, más adelante, termina pasando de Ellos. Especialmente después de darse cuenta de que le estaban tomando el pelo. Parece ser que le prometieron que sería el gran maestro del mundo, siempre en compañía de su querido hermano. Pero su hermano murió, en contra de las proféticas revelaciones de Ellos. A partir de aquí decide desechar este tipo de revelaciones y contactos y apostar por un método que incide directamente en el centro de nuestra conciencia.

Pero, en lo que respecta al comentario de este texto, y engarzando con lo comentado hasta ahora podemos considerar, siendo buenos, que los Maestros simbolizan el nexo con lo Real.

Y entonces, lo que vendría a decirnos es que cumplir con los deberes cotidianos es una forma de mejorar la sintonía con el campo Real.

Pero, claro, todavía no nos hemos aclarado con qué es eso del deber.

Hay una contradicción de fondo, en cualquier caso:

Aunque tratéis de realizar una labor más elevada, no por ello debéis olvidar vuestros deberes ordinarios, pues hasta que éstos no queden satisfechos, no estaréis en libertad para prestar otros servicios.

Parece que por un lado nuestro deber ordinario es el mejor medio de sintonizar con lo Real. Por otro, parece que no nos deja realizar otro tipo de actividades o “servicios” más acordes con lo Real 🤔🤔

Conclusión

Entonces, bueno, algo hemos filosofado, pero seguimos con más interrogantes que respuestas sobre la mesa.

Después de todo, me quedo con las manos vacías, sin una referencia clara sobre cuál haya de ser la actuación correcta, la estrategia correcta en el campo ilusorio.

Podríamos postular, a modo de resumen que, “la acción correcta es la que ayuda a manifestar el campo de fuerza Real“.

Puesto que en cada momento nos sentimos unidos al campo de fuerza Real de un modo más o menos intenso, podemos calibrar, aunque sea muy rudimentariamente, si la acción, si la estrategia de actuación que venimos desarrollando, se acopla al campo de fuerza Real.

Igualmente puedo postular que “la acción incorrecta es aquélla que nos desconecta del campo de fuerza Real”

Y estos dos postulados básicos, se basan en la premisa fundamental de que nosotros, nosotros solitos, y sin intermediarios, somos capaces de calibrar en qué medida estamos sintonizados con uno u otro de estos campos de fuerza. Con humildad, naturalmente, con la humildad de quién va dando palos de ciego, con la conciencia de que el calibraje puede ir equivocado. Pero con la seguridad de que no hay otra salida, y que nadie puede decidir por nosotros la medida en que vamos discerniendo, cada vez con mayor acierto, la naturaleza de lo Real y sus interacciones con lo ilusorio.

Resumiendo, que, de nuevo, siguiendo a Perogrullo: la acción correcta es la que nos acerca a nuestra idea de Bien. La incorrecta nos aleja de nuestra idea de Bien. Una percepción subjetiva, por supuesto.

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ALPDM, (IV.1 Buena Conducta: Dominio de la mente)

Temperamento y dominio de las emociones. Voluntad y Poder de voluntad. Lo Real, lo ilusorio y la Voluntad Creadora. Voluntad y control de emociones. Voluntad, autonomía y libre albedrío. La Voluntad Creadora: entre el mundo físico y el mundo psíquico. Voluntad y visualización creadora. Voluntad y modelos vibratorios. Ritmo vibratorio consciente y ritmo vibratorio semiconsciente. La Voluntad como Creadora de ritmo consciente. Lidiando con líneas de fuerza ilusorias. La atención sobre el mundo físico. Pulsos de amor. Adaptación supervivencia y camino espiritual.

Dominio de la mente

Bueno, no nos esperábamos que en un capítulo dedicado a la “buena conducta” nos íbamos a encontrar con estos aspectos tan, digamos, mentales. Aunque, sí, en cierto modo, la “conducta mental” no deja de ser éso: conducta. Y el “dominio de la mente”, o el dominio de las emociones, influirá indirectamente en la respuesta conductual del sujeto en cuestión.
La mente, lo mental, se define aquí, parece, como un espacio de actividad psíquica que excluye, por un lado, la percepción sensorial, y por otro la Voluntad controladora. Digo que, “parece” porque, igualmente podríamos considerar que la percepción sensorial es parte de la mente. De hecho la percepción se produce en el cerebro, no existe realmente ahí afuera.

En cuanto a la Voluntad controladora… y puesto que estamos hablando de dominar, o controlar la mente… parece que el elemento controlador deba existir fuera de la mente… 🤔🤔 a no ser que digamos que la mente se controla a si misma 🤔🤔…

El concepto de Yo va a ir muy ligado al de “voluntad”, bien sea que identifiquemos la voluntad con el yo, o que separemos conceptos como cuando decimos “mi voluntad”. De momento usaremos el Yo literalmente como un pronombre personal cuyo sentido depende del contexto y que apunta hacia la voluntad, hacia el sujeto controlador/decisor/hablador.

Pero mejor sigamos con el texto.

“Dominio de la mente implica dominio del temperamento, de suerte que no podáis sentir cólera o impaciencia; dominio de la mente, de modo que podáis sosegar y tranquilizar el pensamiento y, por medio de la mente, dominio del sistema nervioso, a fin de que se excite lo menos posible.”(“A los pies del Maestro”, J. K)

“[Dominio de la mente] significa además firmeza para considerar serenamente cuanto os acontezca en la vida cotidiana, y evitar el incesante tedio e inquietud que dimanen de ciertos pormenores de la vida, en los que muchos malgastan la mayor parte del tiempo.”(A los pies del Maestro, K.)

Dominio de las emociones

Dominio de la mente implica dominio del temperamento“, otra palabreja, “Temperamento”, que se suele definir en función de la reacción a los estímulos ambientales, “de modo que no podáis sentir cólera o impaciencia“.

Así que el “dominio de la mente” implica el dominio de las reacciones ante los eventos ambientales. Reacciones como pudieran ser la impaciencia y la cólera. Supongo que se podrán añadir toda la cohorte de emociones y reacciones tales como el miedo, el odio, el asco y demás.

El texto lo que cita es éso: impaciencia y cólera. Más abajo habla de “sosegar” y “tranquilizar”, que poniéndolas en negativo se convierten en “desasosiego” e “intranquilidad”. Luego habla también, más abajo, de tedio e inquietud, tristeza, disgusto, depresión.

Entonces, parece ser, de lo que se trata es de dominar o controlar el movimiento de la vida psíquica.

En el capítulo previo ya hablamos de los “deseos”, ahora metemos también las emociones, los sentimientos, los pensamientos… en fin todo lo que se mueve dentro del psiquismo, a excepción de, como señalamos más arriba, las percepciones directas de los sentidos, y a excepción de la Voluntad Creadora, del supuesto Sujeto espectador/actor 😉.

Como estamos hablando de “dominio”, o de “control” de la mente, suponemos en principio que una cosa es el objeto controlado y otra cosa el sujeto controlador.

Podemos optar por un modelo no dual, y describir el sistema objeto-sujeto como un “campo vibratorio” o sistema de líneas de fuerza. Entonces, el “dominio de la mente” se corresponde con un determinado nivel vibratorio del campo de fuerza; y el “no-dominio de la mente” o “descontrol de la mente”, si se prefiere, se corresponde con otro nivel vibratorio diferente, o con una diferente configuración del sistema de líneas de fuerza. Y, bueno, más exactamente, pensemos en un continuum desde el pleno dominio hasta el pleno descontrol.

En cualquier caso lo que importa, más que la estructura lingüística, es saber de lo que estamos hablando. Y estamos hablando de “lo que es“, una expresión muy sugerente que Krishnamurti utilizará posteriormente en su obra madura. Y lo que es… es lo que es.

Claro que también podemos conjugarlo en primera persona y decir “lo que soy es lo que soy”, o “Yo soy lo que Soy” 😉
Dominio, control, poder

En cualquier caso, aquí, la palabra clave de este capítulo yo diría que es el “Dominio”. Quizá podríamos hablar de “Control”. O también de Poder.

Cotidianamente nos vemos asaltados por líneas de fuerza interconectadas con el mundo “exterior” como las citadas impaciencia, cólera, y todo lo demás.

Y de lo que se trataría es de controlarlas, o dominarlas.

“[Se trata de] evitar el incesante tedio e inquietud que dimanen de ciertos pormenores de la vida”,

Pero, ¿Cómo se hace eso? ¿Podemos controlar las emociones y reacciones de forma similar a como controlamos el movimiento del cuerpo? ¿Podemos ordenarle a una emoción que desaparezca y no vuelva, o se transforme en su contraria, de forma similar a como le ordenamos a una pierna que empiece a andar?

Bueno, vamos a suponer que sí. Que, aunque no sea completamente, que aunque sólo sea en una pequeña medida, supondremos que podemos empujar un poquito para que estas emociones, estás líneas de fuerza ilusorias vayan perdiendo intensidad.

Pero, ¿Cómo? ¿Aguantando la respiración y contando hasta diez?

Puede ser. La sabiduría popular siempre nos ofrece sugerentes recetas.

El deporte también puede ser una ayuda de cara al control de la intensidad de las emociones.

Y si hace falta también hay remedios farmacológicos de todo tipo. La moderna psiquiatría dispone de todo un arsenal para controlar las explosiones emocionales revoltosas.

O intervenciones quirúrgicas. Sabiendo los rincones cerebrales donde tienen lugar las diferentes emociones podemos extirpar, y medicar, y diseñar una mente libre de emociones, o con configuraciones emocionales a la carta, quizá con un par de microchips adecuadamente implantados e interconectados con los nodos cerebrales.

Claro que, quizá, no es eso exactamente a lo que se refiere el texto.

La Voluntad como controladora

Hasta aquí, no tenemos ninguna pista.

Supongamos que, simplemente, “queriéndolo” o “deseándolo” podemos ejercer un control sobre la emoción en cuestión.

Así que toca investigar la esencia profunda del “Poder de la Voluntad”. Investigar las teclas concretas que puedan ser pulsadas de modo autónomo.

Así que supondremos que, con el Poder de nuestra mente, o el Poder de nuestra Voluntad, podemos modular, aunque sólo sea un poquito, todas estas actividades psíquicas, de modo similar al modo en que podemos modular, aunque igualmente sólo un poquito, el mundo físico, o mundo de percepción sensorial, con el Poder de la Voluntad aplicado al movimiento de nuestro cuerpo.

Digo que lo suponemos, como punto de partida. Luego ya veremos si llegamos a una contradicción sin salida y debemos replantear la premisa inicial.

La Voluntad ante los campos de fuerza, Real e ilusorio

Engarzando con los capítulos previos, el guión general quedaría como sigue:

Teníamos un campo de fuerza ilusorio, un campo de fuerza Real, y un subsistema autónomo, o microcosmos, que conformaría el Poder Creador, o la Voluntad creadora del buscador.

La Voluntad creadora se ve confrontada con estas líneas de fuerza (miedos, enfados etc) procedentes del campo ilusorio, y que intentará controlar o transmutar.

No es muy claro el texto en relación con si la Voluntad actúa, o si debe actuar, directamente sobre estas Líneas de Fuerza ilusorias. Es decir, que, en el momento en que aparecen, la Voluntad actua, dándoles la orden de que se vayan por donde han venido.

O quizá, el proceso sea más indirecto. Por ejemplo, que el trabajo de la Voluntad consista en reforzar día a día, gota a gota, pulso a pulso, la unión o la sintonía con el Campo de Fuerza Real, de modo que, en virtud de esa unión, las líneas de fuerza ilusorias van perdiendo su influencia y disipándose progresivamente.

Yo casi me inclino por esta segunda opción… aunque, quizá, el trabajo vaya por una doble vía: de un lado la conexión general con el Campo de Fuerza Real; pero, al mismo tiempo, un manejo efectivo de las líneas de fuerza ilusorias en el momento en que se presentan.

Y sin olvidar el enfoque más práctico, que consiste en evitar aquellas situaciones, aquellos escenarios, de nuestra vida cotidiana que favorezcan la aparición de estas tormentas emocionales.

En cualquier caso, la cuestión es que ahora estamos dando nombre a estas abstractas líneas de fuerza comentadas en capítulos previos. Les estamos dando “forma y color”. O sea, como decíamos, cólera, impaciencia, miedo, desasosiego, tristeza, depresión, etc.

Voluntad, autonomía y libre albedrío

Aquí nos topamos con una importante objeción, y es la cuestión de si, realmente, como decíamos, la Voluntad es capaz de modular autónomamente las líneas de fuerza o si obedece todo a un mecanismo programado y determinado de antemano.

En realidad son dos cuestiones diferentes aunque íntimamente relacionadas.

– una es la eterna cuestión del libre albedrío, si existe realmente o no. Si todo está mecánicamente predeterminado. Si, realmente, cuando pienso o decido algo, cuando creo que he decidido algo, tal pensamiento, ocurrencia o decisión, no habrá sido puesto en mi mente por un sistema externo generador de ocurrencias, deseos y decisiones.

– otra es la cuestión del ámbito de competencia de la Voluntad autónoma. Es decir: de entre el conjunto de ocurrencias que surgen en mi mente, de entre el conjunto de pulsos vibratorios, la cuestión es discernir cuáles portan un parámetro diferenciador que les otorga el derecho de pertenecer a una categoría conceptual específica y diferenciada del resto: a la categoría de pulsos creadores emanados de la Voluntad autónoma.

Quiero decir que, del conjunto de ocurrencias, imágenes, pensamientos y demás líneas de fuerza que surgen en mi mente, tengo que investigar primero si puedo clasificarlas en tipos. En dos grandes tipos o categorías. Pero con unas características diferenciales evidentes que me permitan decir que éstas son una creación de mi voluntad y ésas otras van por libre.

La Voluntad Creadora en el mundo físico y en el mundo psíquico

Campo físico

En el campo físico, o corporal, las citadas categorías parecen bien diferenciadas. Yo quiero mover un dedo, y muevo un dedo. Quiero mover el brazo y muevo el brazo. Decimos entonces que están bajo el control de la Voluntad. O dicho de otro modo el movimiento del dedo, o del brazo es un evento creado por la Voluntad. O al menos así podemos definirlo, aunque sea de modo provisional.

No ocurre lo mismo con el movimiento de los dedos de mi vecino: quedan fuera del control de mi Voluntad. No es una creación de mi voluntad. Mi relación con el movimiento de mi dedo es esencialmente diferente que mi relación con el movimiento del dedo de mi vecino. Y esencialmente diferente también del movimiento de las nubes, o del movimiento de los astros, que parecen creados o dirigidos por una Voluntad exterior, no importa cual, no importa como, pero no es la mía y autónoma que estamos considerando.

Algo parecido cuando comparamos el movimiento voluntario de un dedo, o de un brazo, con el involuntario resultante de, por ejemplo, un pinchazo o una descarga eléctrica.

Campo mental

En el campo mental y emocional las cosas no son tan claras. Cuando experimentamos rabia o miedo o asco… ¿Hasta qué punto somos capaces de “mover”, o actuar (y actuar creativamente) sobre la emoción de modo similar a lo que hacíamos con el dedo?

Una cosa es que, desde el punto de vista corporal, seamos capaces de controlar, o reprimir, el impulso de salir corriendo, por miedo; o de propinarle un puñetazo a nuestro jefe, por rabia, o asesinar al amante de nuestra esposa por celos.

Pero, desde el punto de vista puramente mental y psíquico… ¿Qué ámbito de actuación puede tener nuestra Voluntad? ¿Podemos fabricar a voluntad una emoción para experimentar a la carta rabia o alegría o miedo? O, inversamente, ¿podemos hacer desaparecer a voluntad las emociones o convertirlas en su contraria?

¿O quizá obedecen a una suerte de Voluntad exterior, así como los movimientos reflejos, los movimientos de los dedos del vecino, de las nubes o de los astros?

¿Quizá, sólo estará en nuestra mano darles o quitarles un poquito de su fuerza?

La cuestión tiene su importancia. Y es que en el nivel físico habíamos clasificado ciertos movimientos como “voluntarios” y como creaciones de nuestra Voluntad. Pero ahora pasamos al plano mental donde se crea el deseo, o la decisión de mover el dedo o el brazo.

Y entonces nos preguntamos, ¿Fue realmente esa decisión una creación de nuestra Voluntad?

Porque si el deseo de mover el dedo no ha sido una creación de la Voluntad, ni tampoco la decisión final de moverlo, difícilmente podremos decir, con total propiedad, que hemos movido el dedo “voluntariamente”.

Aún así se mantiene la diferencia entre un tipo de movimiento y el otro. El voluntario y el involuntario o reflejo. Y, por supuesto, el movimiento propio y el ajeno.

Vamos a examinarlo más detenidamente.

Visualización creativa

Pensemos en los pensamientos, si se me permite la redundancia. Pensemos en nuestro poder de recordar o visualizar.

Por ejemplo, visualizo una manzana. Una hermosa manzana rojiza, colgando de la rama del árbol…

¿es realmente una creación de mi Voluntad?

Bueno, en realidad, lo que importa, como decía antes, es si esta imagen de la manzana que he creado, que he creído crear, es esencialmente diferente de algún otro tipo de imagen mental que pudiera aparecer en mi espacio mental. Si así fuera… podría suponer (o definir) que la manzana es creación propia y la otra imagen fruto de algún tipo de voluntad exterior. Exterior o inconsciente, o subsconsciente, de momento me da igual.

Pero, realmente… ¿hay alguna otra imagen? ¿Alguna otra imagen de algún otro tipo? ¿Algún otro modelo de vibración psíquica?

Sigamos con la manzana.

Sigamos creando eventos a su alrededor.

El viento, por ejemplo, que menea la rama. Una mariposa revoloteando… Un pájaro se posa sobre la rama y se pone a cantar…

Pero, oye, ¿Realmente he creado yo al pájaro? ¿O quizá alguna línea de fuerza externa lo creó por mí, o a través de mí ? ¿Y cómo fue éso de que se me haya ocurrido crear al pájaro? ¿O alguien lo creó por mí? ¿Alguien puso en mi mente la ocurrencia de la imagen del pájaro? 🤔🤔

Claro que esa misma reflexión se la puedo aplicar a la mariposa, al viento a la rama… y a la propia manzana.

Sigo visualizando la manzana, el árbol el pájaro… intentando llegar a la comprensión de cómo se produce la visualización, de cómo ocurren las imágenes, qué misteriosos procesos tienen lugar para que, de la nada, de repente, en mi mente haya aparecido una manzana, una mariposa, un pájaro…

De repente, una nueva imagen aparece de nuevo. Es mi Jefe. Me recuerda los montones de trabajo atrasado que tengo en la oficina.

¡Ostras! Esa imagen sí que no la he creado yo! Eso ha venido inesperadamente de otro lado, eso ha venido de fuera.

O quizá sí, en cierto modo también es una creación mía. O quizá realmente no sea yo el verdadero creador de ninguna… 🤔🤔🤔…

Pero lo que sí que está claro es que se trata de dos tipos de imágenes (o de videoclips, si se prefiere) diferentes. Asociados a modelos vibratorios diferentes, y por ende categorizables en categorías lingüístico-conceptuales diferentes. Incluso se aprecia una perdida de la calidad de la conciencia cuando me asalta la imagen del jefe, o del amante.

Hay una cierta lucha, una cierta interacción entre ambos modelos vibratorios.

Lo más parecido a un pensamiento propio, o un pensamiento consciente es, parece, el guión de la manzana. Las otras imágenes parecen venir de “fuera”, o ser creadas desde fuera. Incluso aunque parezca que también son mías. Incluso aunque parezca que la ocurrencia de visualizar una manzana también ha llegado del exterior.

En cualquier caso, mientras mantengo la atención sobre la manzana, aparentemente por una decisión voluntaria, constantemente me veo asaltado por otro tipo de imágenes intrusas, recuerdos del pasado, pecupaciones por el futuro… Son como digo, modelos vibratorios diferentes, que delimitan ámbitos del psiquismo diferentes.

Veíamos antes que el movimiento voluntario del brazo está asociado a una línea de fuerza esencialmente diferente a la asociada con el movimiento reflejo, o involuntario, y diferente a la asociada al movimiento del brazo de un tercero…

Y así también, ahora, la aparición de la manzana en el espacio psíquico, va asociada a una línea de fuerza diferente que la asociada a la aparición del jefe.

¿Cuál de los dos modelos vibratorios queda más cercano al Yo, al Yo-soy?

¿y cuál queda más cercano al Campo de Fuerza Real?

En principio parece que al de la manzana… Pero solo en principio…, seamos cautos…

Digamos que mientras mantenemos la atención sobre la manzana nos encontramos en un nivel de consciencia superior. Pero cuando nos dejamos llevar por la rueda de los demás videoclips intrusos pasamos a un modelo de semiconsciencia. Y como siempre tendremos diferentes niveles de consciencia, o semiconsciencia, en función de la intensidad de la línea de fuerza intrusa.

Y esto es así por percepción subjetiva directa.

Lidiando con líneas de fuerza ilusorias

” El Maestro enseña que a un hombre no le debe importar lo más mínimo cuanto provenga del exterior: tristezas, disgustos, enfermedades, pérdidas; todo esto nada debe significar para él, ni ha de permitir que perturbe la calma de su mente. Estas cosas son resultado de pasadas acciones, y cuando sobrevengan, debéis soportarlas con calma, recordando que todo mal es transitorio, y que vuestro deber es permanecer siempre contentos y serenos.”(A los pies del maestro)

No cedáis jamás a la tristeza ni a la depresión. La depresión es un mal, porque contamina a otros y torna sus vidas más penosas, a lo cual no tenéis derecho alguno. Por esta razón, si alguna vez os acometen, desechadlas para siempre.” (A los pies del maestro)

Hay dos vías principales a través de las cuales el buscador puede protegerse de las tormentas emocionales.

Protección física

Una, lo más práctico, evitando las situaciones potencialmente perturbadoras. Retirándonos del mundo, a una cueva o a un monasterio, por ejemplo. Aún así, necesitaremos unos recursos mínimos para subsistir, y si nos retiramos a una comunidad con otros buscadores nos veremos envueltos igualmente en medio de perturbaciones emocionales, luchas de poder, odios, antipatías celos y similares. En cualquier caso, suponemos que hay escenarios más apropiados que otros para el recogimiento mental, y que con una simple decisión en este sentido, aleatoria o voluntaria, quedamos protegidos. Nótese que aquí la voluntad trabaja en el espectro físico, más fácil de controlar, y de definir, en principio.

Coraza protectora

La otra forma es desarrollando internamente, en el espectro psíquico, una imperturbabilidad emocional, una coraza protectora, que nos permita andar por el mundo ajenos a este tipo de tormentas electromagnéticas. El cómo hacerlo, el cómo “desecharlas para siempre” no es asunto evidente.

Podemos suponer que, en el día a día, nos vamos arrimando a lo Real, de modo que espontáneamente vamos creando la citada coraza protectora.

Tiene su sentido. Puesto que sufrimos la influencia de un mundo ilusorio, en la medida en que nos sumergimos en el Campo de Fuerza Real, los diferentes vaivenes de la vida cotidiana no deberían afectarnos.

El dominio de la mente como causa o como efecto del Campo Real

Lo que no queda muy claro es si el “dominio de la mente” es una condición previa y necesaria para arrimarse al campo Real o, inversamente, se trata de una consecuencia directa de la onda expansiva del Campo de Fuerza Real.

El texto no dice nada al respecto, pero casi parece que sugiere que debemos decantarnos por la primera opción. O sea que, deberíamos usar el poder de nuestra Voluntad para controlar las líneas de fuerza ilusorias. Y en la medida en que limpiamos nuestro subsistema de malas hierbas la semilla de lo Real crecerá espontáneamente.

Pero es de suponer, por un lado que, para que exista una disposición previa, la Voluntad debe tener una cierta sintonía con el campo Real. Porque la noción de Voluntad no va asociada necesariamente al campo Real. Podemos hablar de una férrea voluntad de lucha y de control de debilidades y bajos instintos… enfocados hacia el poder y riqueza en clave ilusoria, en clave de apego al mundo fenoménico.

De modo que ya parece se perfilan dos tipos o modos de “Voluntad”. Por si no fuese bastante con uno: La voluntad que controla el fenoménico y refuerza el campo de fuerza ilusorio y la voluntad que refuerza el campo Real.

Luego ya podemos suponer que, a medida que el campo de fuerza Real se manifiesta, las líneas de fuerza ilusorias se van debilitando.

De modo que tendriamos una suerte de realimentación.

La atención sobre el mundo físico

Aun en otro sentido debéis dominar vuestro pensamiento; no le permitáis errar a la ventura. Fijad la atención en lo que estéis haciendo, sea lo que fuere, para que lo hagáis con toda la perfección posible.

Si en el epígrafe previo hablábamos de fijar la atención en una manzana y de cómo la atención era interrumpida por ruedas de pensamientos, con ritmo de semiconsciencia, ajenos a la Voluntad, ahora el texto nos sugiere enfocar la atención a nuestras actividades de la cotidiana vida. Describe las interrupciones con la expresión “errar a la ventura”.

Tenemos más de lo mismo: interrelacionarse con el mundo fenoménico manteniendo la atención despierta, o si se prefiere, manteniendo un elevado nivel de autoconsciencia.

Puede parecer un poco contradictorio que, si consideramos el mundo fenoménico como ilusorio, pongamos todo nuestro empeño en fijar la atención en lo que se hace y, encima, en hacerlo con la mayor perfección posible. Sin embargo, ya comentamos que, quizá, de lo que se trataba no era exactamente de renunciar al mundo fenoménico, sino de transmutar las líneas de fuerza relacionadas. Habíamos propuesto no identificar necesariamente el concepto de “ilusorio” con el de “fenoménico”, sino de elevar el mundo fenoménico, (en tanto que es percepción sensorial) a un nivel vibratorio diferente. O, más exactamente, elevar a un nivel vibratorio diferente las líneas de fuerza que nos ponen en contacto con el mundo fenoménico.
Lo de hacer las cosas “lo mejor posible” también resulta un tanto cuestionable. ¿Perfección respecto a qué? ¿ Respecto a la riqueza y poder que nos pueden reportar nuestras actividades cotidianas? 🤔🤔
Pero, de alguna manera, debemos canalizar nuestro quehacer cotidiano hacia el objetivo propuesto, que era elevar la calidad vibratoria del sistema de líneas de fuerza que nos unen al fenoménico. Y de alguna manera, en absoluto evidente, debemos hacer lo propio con la riqueza y el poder. Las cuales, por otra parte, aunque sea en grado mínimo, se vuelven necesarias en el proceso.

Pulsos de amor

Pensad cada día en alguno de quien sepáis que está triste, que sufre o que necesita ayuda, y enviadle pensamientos de amor.

El prójimo, el próximo, el semejante, es uno de los aspectos más importantes del mundo fenoménico. Siguiendo el mismo principio que hasta ahora, diremos que no se trata de considerar al prójimo como un “elemento ilusorio” a descartar, ni de cortar toda relación refugiándonos en una cueva del Himalaya. Se trata de elevar el nivel vibratorio del sistema de líneas de fuerza que nos ponen en contacto con nuestros semejantes. Pensemos, de momento, que las relaciones psicosociales son fuente de numerosas líneas de fuerza perturbadoras. Pongamos por ejemplo, el odio, la envidia, celos, miedos, venganzas, etc.

La transmutación de este sistema de líneas de fuerza psicosociales, posiblemente sea la investigación más importante a considerar en el Camino. Y con cuidado de no caer en clichés facilongos. Habrá que volver a ello más adelante así que de momento vale con dejar caer la idea.

Todas las tradiciones espirituales hacen hincapié en este asunto, y en la necesidad de modular el sistema psicosocial, lo cual, desde luego, no puede realizarse en el interior de una cueva, a no ser que entendamos el retiro como un eslabón preparatorio, un desarrollo de la Voluntad Consciente, con carácter previo al trabajo en el laboratorio psicosocial.

Vamos a señalar un par de detalles.

Primero en la cuestión de “enviar pensamientos“. O quizá enviar algún tipo de energía psíquica. Se puede entender lo del “envío” en clave poética, como que su fundamento último sea el de mantener nuestro espacio psíquico ocupado en estos amorosos pensamientos.

Pero se puede entender también literalmente, que nuestros pensamientos llegan realmente a su destinatario, influyendo en su estado psíquico. De modo que con el poder de nuestra Voluntad no solo modulamos nuestro ritmo psíquico sino también el de los demás. Para bien o quizá para mal.

Lo dejamos caer aquí, nada más. Supongo que en los próximos capítulos tendremos ocasión de ir desarrollando estas cuestiones.

Adaptación, supervivencia y camino espiritual

Hay que tener en cuenta, en relación con el manejo de las líneas de fuerza ilusorias, que pueden ser, adaptativas. O sea, que tienen su función en la conservación del individuo en su ecosistema natural. Pongamos el miedo, que predispone al individuo hacia la huida o el ataque. O la cólera, claramente agresiva. No estoy muy seguro de la función adaptativa de la tristeza o la depresión, pero seguramente que la tienen en ciertos contextos. Por ejemplo, pueden tener su función en las relaciones psicosociales, el llanto de los niños para conseguir atención, “el que no llora no mama” que se dice. La ira, o la rabia también pueden transmitir eficazmente la información de que alguien está muy disgustado y que conviene tener en cuenta sus puntos de vista. Quien no exprese eficazmente esas emociones corre el riesgo de no ser tenido en cuenta, dando la impresión que, sea lo que sea el conflicto en cuestión, no le importa demasiado.

Claro que en unas sociedades cada vez más democráticas y burocratizadas éstas emociones van perdiendo, y no sin razón, su función. Ante una solicitud administrativa, de cualquier tipo, por ejemplo, es poco probable que sea mejor atendida por el mero hecho de que el solicitante vaya triste o colérico, llorando o amenazando.

En general, en las sociedades modernas, estas reacciones emocionales han perdido buena parte de su función adaptativa y al contrario, pueden resultar más bien nefastas para su adaptación al medio.

Entonces, cabe preguntarse si, cuando el texto habla del control de las emociones, o de los deseos, se refiere únicamente a los contextos en que estas reacciones han perdido su función adaptativa o se refiere a una aniquilación indiscriminada de la vida emocional.

Idealmente, debería referise al primer caso pero me temo que lo que da a entender el texto es que se trata más bien del segundo caso. O sea, se trataría de apaciguar o reducir al mínimo estas reacciones, en cualquier caso. Todo lo cual tendría como consecuencia un menoscabo de los recursos adaptativos del buscador.

Esto no es nada nuevo, ya hemos visto que, con demasiada frecuencia, las aspiraciones y vocaciones espirituales van a estar reñidas con las aptitudes adaptativas del interesado. La propia carencia de deseos comentada en el capítulo previo, la renuncia al deseo de riqueza y poder, parece que no puedan conllevar otra cosa que problemas de adaptación social, o problemas de supervivencia.

Claro que también tenemos deseos, en ciertos contextos, cuyo control sí puede resultar adaptativo.

Pensemos por ejemplo, en los llamados vicios, fumar, beber, drogas, y sus efectos sobre la salud. La lucha por el poder y la riqueza, por otra parte, pueden resultar nefastos para la supervivencia, en determinados contextos, cuando uno se ve envuelto en todo tipo de reyertas, guerrillas, atentados, o guerras en toda regla. La cólera puede provocar una agresión en contexto inadecuado, pongamos que reaccionamos agresivamente en un control de la Guardia Nacional.
De modo que, el camino espiritual va a tener una relación un tanto complicada con las necesidades adaptativas del buscador.

En cualquier caso, este problema no es exclusivo de los caminos espirituales. Aparece siempre que hay consideraciones éticas o humanitarias, o de tipo ecológico o político. El que reparte su riqueza con los pobres, o arriesga su vida implicándose en actividades revolucionarias también sufre una merma de sus posibilidades de supervivencia.

Entonces, o bien nuestra apertura al campo de fuerza Real nos otorga unos poderes , o unos recursos adaptativos extraordinarios, o bien vamos a tener serios problemas para recorrer el Camino. Primero por, la supervivencia propiamente dicha. Pero también por las tormentas emocionales que van asociadas a la lucha por la vida: miedos, inseguridades, preocupaciones etc.

Si existe realmente un camino liberador, para recorrerlo con eficacia, se necesitan recursos, se necesita riqueza y poder, aunque sea en grado mínimo, y el buscador serio debe, de alguna manera, encontrar respuesta a sus necesidades en el laberinto del mundo fenoménico.
Puede ser que el buscador, el colectivo de buscadores, este protegido por una “casta” de orden económico y militar que vele por su supervivencia. Es un modelo típico, la casta sacerdotal, la casta brahamanica, protegida por el poder militar y otorgándole el bienestar y la tranquilidad necesaria para su proceso espiritual.

¿ Claro que, porqué habrían de querer hacerlo? Y con qué criterio iban a distinguir la “verdadera” espiritualidad de la mediocre? No queda muy claro.

Vuestro padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas

Creo que al hilo de todo esto toca citar el texto evangélico. Muy sugerente, aunque no creo que sea conveniente tomárselo al pie de la letra. Si nos despreocupamos de nuestra lucha por la vida, lo más probable es que… bueno… ya se sabe… A no ser que tengamos buen enchufe ahí arriba 😉

(Lc. 12.22-31)

22 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

23 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

24 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?

25 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;

26 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria nunca se vistió así como uno de ellos.

27 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

28 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?

29 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

30 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

31 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Resumen y conclusiones

Bueno, no hemos avanzado mucho en este capítulo, estamos dando vueltas y vueltas a lo mismo.

Hemos profundizado, sí, sobre todo en la cuestión del concepto de la Voluntad, pero todavía está verde y le faltan un par de vueltas de tuerca. Hacen falta un par de buenas sesiones más para elucidar los conceptos y líneas de fuerza que se esconden tras este término.

Y los asociados, como el libre albedrío. El dominio de la mente. El Yo. El deseo…

La relación entre Voluntad y deseo tampoco se aclaró mucho. Parece que el deseo surge en una región más periférica, mientras que la Voluntad iría más unida al Yo, al nivel consciente y al control de los propios deseos. Aún así, el asunto dista mucho de quedar claro.

Es cierto que es el propio texto el que no es muy claro, ni presenta los conceptos muy ordenadamente. Pero tampoco se trata de que el texto nos ordene las ideas, al contrario, se trata de que nosotros ordenemos las ideas del texto, adaptándolas a nuestro contexto personal, si fuese posible.

Ya intuíamos que estos conceptos relacionados con la Voluntad, el deseo y el libre albedrío no estaban muy claros… pero hemos comprobado que están aún menos claros de lo que imaginábamos. Nos consolaremos con ello, que después de todo, no deja de ser un avance.
Supongo que volverán a aparecer desde diferentes ángulos durante los siguientes capítulos, de modo que lo dejaremos así por el momento, a ver si se va aclarando.

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ALPDM (IV, buena conducta)

Discernimiento y carencia de deseos

El problema de la conducta, de “la buena conducta”, ya venía planteado en los capítulos previos del texto.

Por el Discernimiento nos encontrábamos con que el mundo fenoménico es ilusorio, y por tanto cualquier conducta en este mundo debería pertenecer igualmente al campo de fuerza ilusorio. De modo que, en principio, no procedería hablar de “buena conducta”. Al menos no resulta evidente en absoluto como debe de entenderse.

Por la Carencia de Deseos nos encontrábamos con que, si seguimos el citado camino de extirpar todos los deseos, si llegamos a un punto en que no deseamos nada… pues tampoco podemos desear ningún tipo de conducta, ni buena ni mala. No podemos desear hacer algo, ni hacerlo ni no-hacerlo.

Aclarando conceptos: lo Real, lo fenoménico y lo ilusorio

Esto nos llevaba a un callejón sin salida, al menos intuimos que no puede ser exactamente así.

El propio texto se saca de la manga algunos modelos de “buena conducta” lo cual entra en contradicción con el planteamiento que el mismo texto hace en relación con el carácter ilusorio del mundo y la “carencia de deseos”.
Hay algunas ideas que no están muy claras y conviene darle un par de vueltas antes de seguir adelante.

Vamos a ver: estamos identificando lo ilusorio con lo fenoménico, tal como sugería el texto desde el principio.

Y estamos entendiendo lo ilusorio-fenoménico como opuesto a lo Real. Opuesto e independiente, como si lo Real y lo fenoménico estuviesen separados en departamentos estancos.

Hay ciertas tradiciones, o interpretaciones espirituales, que refuerzan este punto de vista. Que, por ejemplo, sitúan lo Real en el “interior” del buscador. Es así que se habla del “Dios interno”, o la “Voz interior” o de “dirigir la mirada hacia el interior”. Se plantea el mundo sensorial, fenoménico, como algo pecaminoso en sí mismo, como si tuviésemos que cerrar los ojos al mundo o retirarnos a meditar a una cueva cuanto más oscura y profunda mejor. Pues si tu ojo te hiciere pecar… (Mateo: 18:9 y 5:29)

El modelo de interpenetración

Sin embargo, la relación de lo fenoménico con lo Real, quizá no deba entenderse en este sentido de separación estricta. Podríamos describir esta relación como de interpenetración. Como que ambos campos vibratorios se interpenetran.

Así, una conciencia humana sumida en la ilusión fenoménica, supongamos por ejemplo, que va despertando a lo Real. Pero no por ello el mundo fenoménico desaparece, ni se obscurece. Al contrario brilla con una nueva luz. Vibra con una nueva frecuencia, con un nuevo patrón vibratorio si se me permite la redundancia. Las líneas de fuerza que interconectan lo “interior” con lo “exterior” se van transmutando según un nuevo patrón vibratorio. Digamos que se manifiesta el principio Real que se oculta en el interior de la manifestación exterior, si se me permite el juego de palabras.

Pensemos que el primer concepto ilusorio a considerar es el Espacio euclídeo, que no existe nada realmente “ahí afuera”, sino sólo como reflexión de nuestros sentidos.

Ahora bien, si no existe el Espacio entonces tampoco existe realmente lo exterior ni por tanto tampoco lo interior. De modo que ni lo Real ni lo ilusorio se encuentran ni “dentro” ni “fuera”, ni pueden encontrarse en “lugares” distintos. Quizá podríamos describirlos mejor, como decíamos, como campos vibratorios que se interpenetran ante la conciencia del buscador. O, si se prefiere, podríamos decir que la conciencia del buscador está formada esencialmente por estos dos campos vibratorios interpenetrados.

La interpenetración en la tradición filosófica y espiritual

Tenemos también interpretaciones y tradiciones que apuntan en este sentido. Por ejemplo, cuando se dice que “Dios está en todas partes”. O “más cerca que los pies y las manos” . O que “Dios está en Todo y Todo está en Dios”.

Pensemos ahora en el buscador que experimenta un atisbo de lo Real mientras contempla una puesta de sol, o el cielo estrellado, o el movimiento de las olas del mar… de modo que pareciera, como decía, que el principio Real se oculta igualmente tras la trama fenómenica.

En cualquier caso, tenemos que la manifestación de lo Real se relaciona directamente con una conducta en el plano ilusorio, que es a donde queremos llegar.

Las cosas no serán tan fáciles para el pobre buscador que, al día siguiente, volverá al mismo lugar y a la misma hora, a experimentar la misma puesta de sol, y con ello la misma iluminación… pero, nada, algo falla, alguna pieza falta en el puzzle…

Aquí, lo importante es que, con este modelo, el buscador no se queda de brazos cruzados. Sabe que los ansiados atisbos de lo Real se encuentran escondidos en cualquier rincón del sistema vibratorio en que se desenvuelve y que pueden ser desvelados a través de una acertada conducta.

Y, por supuesto, tenemos al discípulo que experimenta su iluminación escuchando al Maestro, un Maestro que no es otra cosa que un “elemento exterior”, según el lenguaje clásico newtoniano. Un maestro al cual se accede, entre otros, desplazándose a lo largo del espacio-tiempo, desplazándose el día D, a la hora H, al número tal de la calle cual, donde el maestro K. impartirá su charla.

Tres cuartos de lo mismo para el buscador que encuentra la luz en la lectura de los textos sagrados.

También tenemos el enfoque inverso: si constatamos que una determinada línea de fuerza fenómenica bloquea nuestro contacto con el campo Real, entonces nos veremos obligados a protegernos de ella… a través de una adecuada conducta en el mismo plano fenoménico. No sé, pensemos en cualquier tipo de adversidad que nos interrumpe cuando estamos meditando plácidamente sobre los misterios de lo divino y lo humano: temperaturas extremas, frío o calor, un ataque de una fiera, un disgusto, las notas de nuestro hijo o una caída en picado de la bolsa.

Lo sensorial: entre lo ilusorio y lo real

De modo que, en resumidas cuentas, lo que tendríamos serían dos campos vibratorios que se interpenetran entre sí.

– el campo de fuerza Real

– el campo de fuerza ilusorio

Pero ahora vamos a dejar de identificar biunívocamente lo fenómenico, o lo sensorial, con lo ilusorio.

Lo ilusorio lo vamos a asociar a un campo vibratorio, un ritmo vibratorio peculiar que a su vez puede ir asociado a lo sensorial.

Pero, igualmente, lo Real, lo asociamos a un campo vibratorio peculiar, que también puede ir asociado a lo sensorial.

O dicho de otra manera, que lo sensorial puede manifestar ambas claves vibratorias.

Pensemos, como decía antes, que la onda expansiva del campo de fuerza Real alcanza a los órganos sensoriales, a través de los cuales tiene lugar la experiencia sensorial fenoménica. De modo que la cualidad “sensorial” en sí no nos dice nada acerca del carácter ilusorio de un evento.

Toda una lástima, porque a todos nos gustan las recetas fáciles. Y nada más fácil que identificar lo sensorial con lo ilusorio, y lo desechable. Pero, con este otro modelo, lo que toca es discernir cuáles de las experiencias sensoriales vienen vivificadas por el campo Real, o cuáles por lo ilusorio, o en qué proporción, para lo cual no disponemos de recetas fáciles.

Pero, al menos, disponemos de un marco conceptual básico a través del cual investigar la cuestión de “la buena conducta”.

La Voluntad Creadora como subsistema autónomo

Nos vemos obligados a postular un principio autónomo coexistente con los dos campos de fuerza: una “voluntad creadora”, local, o parcial, que es capaz de actuar sobre el fenoménico y modular el ritmo vibratorio de ambos campos de fuerza.

Digamos que sea capaz de emitir “pulsos vibratorios” que, según su cualidad o calidad, influirán en el ritmo vibratorio global, acercándola, o sintonizándola, bien al campo Real, bien al campo ilusorio.

Pero, ¿Porqué hablar de “Voluntad” y no de “Deseo”? ¿Cuál es la diferencia? ¿No podemos hablar de un “Deseo Creador”? ¿Merece la pena introducir un nuevo término?

La verdad es que no sé porqué me ha venido a la cabeza esta nueva palabreja. Parece que suena más elegante, como que la voluntad se encarga de cosas más “serias”. Pero, de momento, creo que podemos considerarlas como sinónimos. O quizá la voluntad como un subtipo de deseo.

Sí, es cierto, se dice que la voluntad se opone al deseo. Pero también podríamos decir que un Deseo se opone a otro deseo. El deseo se conjuga con el verbo “desear”, la voluntad con el “querer”. Pero, a fin de cuentas, es casi lo mismo. “Yo quiero un coche nuevo” o “yo deseo un coche nuevo”. La voluntad parece ir revestida de una mayor autoridad: “yo deseo un coche nuevo, pero quiero ahorrar”. También podría decir: “deseo un coche pero deseo ahorrar” o “quiero un coche nuevo pero quiero ahorrar”. “Quiero dejar de fumar” o “quiero vencer el deseo de fumar”, pero también, “deseo dejar de fumar”, o “deseo vencer el deseo de fumar” 🤔🤔

La voluntad parece que tiene una vocación más a largo plazo, como implicada en una estrategia de medios con arreglo a fines. En el ejemplo del tabaco, el objetivo a largo plazo es la salud, el deseo a corto plazo es el fumar…

Se habla también de la “fuerza de voluntad”, como quien quiere dejar de fumar pero no tiene voluntad suficiente. También se puede decir que el deseo de fumar pone constantemente en jaque al deseo de no fumar.

En fin, que la diferencia no la veo muy clara. De momento los plantearé casi como sinónimos, o subtipos de un mismo concepto, ya le daremos una vuelta en otro momento.

No es cuestión baladí, a mis años, ¡Cofff Cofff Cofff! y todavía sin tener claros estos conceptos básicos.

El Yo como “Todo”

Y, bueno, ¿dónde situamos al “buscador”, o al Yo del buscador?

Por un lado, podemos decir que el Yo lo es Todo, o sea, el conjunto de los dos campos de fuerza interpenetrándose, o el conjunto de toda la experiencia existencial del buscador.

Pero con el mismo criterio podemos afirmar que, puesto que el Yo lo es Todo, nos sobra el concepto, y lo mismo nos da decir que el Yo no es Nada.

Me aclaro un poco con éso de que el Yo lo es Todo. Con “Todo” me refiero a la experiencia existencial del sujeto, incluida la percepción sensorial directa. Por supuesto, podemos suponer que tras la percepción fenoménica se oculta una realidad que existe independientemente de dicha percepción. Esa realidad desconocida no formaría parte de ese Todo, ni de ese Yo (aunque sí las imágenes o suposiciones que podamos hacernos al respecto). Por tanto se trata de un Todo subjetivo y relativo al “sistema de coordenadas” del sujeto alrededor del cual gira este Todo.

El Yo como “Parte”

Otra opción que tenemos es la de considerar al Yo como una Parte, un microcosmos o un subsistema vibratorio autónomo, interpenetrándose igualmente de los citados campos de fuerza, Real e ilusorio. Entonces tendríamos tres conceptos principales:

– el campo de fuerza Real, o campo vibratorio Real

– el campo de fuerza ilusorio

– el Yo, como un subsistema autónomo e interrelacionado con los campos de fuerza citados.

Pero para considerar la existencia de un subsistema autónomo debemos definir sus características diferenciales, o sea aquellos parámetros que le son propios y que le distinguen del resto de los sistemas con los que se relaciona.

El Yo y la Voluntad creadora

En nuestro caso, el parámetro clave iba a ser la “Voluntad creadora”, el principio autónomo citado más arriba. La capacidad de modular autónomamente la cualidad vibratoria de los campos de fuerza puestos en juego.
Entonces, digamos que, en general, el mundo fenoménico aparece sin la intervención del buscador, como si fuese fruto de un mecanismo, o una “Voluntad” ajena, o externa, y que en su mayor parte escapa al control del yo.

Igualmente, las caricias que podemos recibir del Campo de Fuerza Real resultan caprichosas y, en cualquier caso, vienen y van, igualmente como movidos por una Voluntad o mecanismos externos.

Pero también atribuimos al buscador una voluntad propia, una capacidad de decidir y de actuar sobre el mundo fenoménico, de modo limitado, por supuesto. Una capacidad de pensar, de sentir y, en suma, de generar patrones vibratorios propios, o generar pulsos vibratorios autónomos que, uno tras otro, generan un campo de fuerza propio con todo el derecho a recibir un status de autonomía en toda regla.

Libre albedrío

Todo ello viene relacionado con lo que comúnmente se denomina como libre albedrío. A partir de este libre albedrío el buscador tomaría decisiones propias, emitiría pulsos vibratorios propios y conformaría un campo de fuerza propio. Un campo de fuerza particular que, en general, presentará una estructura vibratoria intermedia entre el campo Real y el ilusorio. Digamos que recibe una influencia, o una inducción de cada uno de los campos y por el Poder de su voluntad se arrima a uno o a otro.

O, dicho en terminología clásica: el Buscador tiene un ángel en el hombro derecho y un diablo en el izquierdo. Ambos le susurran al oído para que se arrime hacia el Bien o hacia el Mal, pero finalmente, el buscador, con el poder de su voluntad y de su libre albedrío, decide autónomamente el camino a seguir.

Es el planteamiento clásico de que el ser humano, o la humanidad en su conjunto, es el campo de batalla donde se enfrentan el Bien y el Mal

En fin, que seguimos dando largos rodeos para volver a los planteamientos espirituales más elementales.

Determinismo, libre albedrío y subsistema autónomo

Se puede cuestionar si realmente existe el controvertido libre albedrío, la libre voluntad para inclinarse hacia el Bien o hacia el Mal, o si quizá, realmente, todos nuestros deseos, todas nuestras inclinaciones, todas nuestras decisiones, en suma, nos vienen condicionadas, determinadas, o predestinadas, por energías externas, inconscientes, o por una Voluntad divina, y que, finalmente, todo éso del libre albedrío no sea más que una ilusión.

Es un debate interesante sobre el que habrá que volver de nuevo.

En cualquier caso, aquí lo que nos interesa es carácter autónomo de la voluntad creadora, más que el hecho de si es realmente libre o no.

Quiero decir que, por ejemplo, la expresión “yo muevo un dedo” se refiere a un evento esencialmente diferente al referenciado por la expresión “tu mueves un dedo“, o “él mueve un dedo“. La línea de fuerza que actúa para realizar el “yo muevo un dedo” es esencialmente diferente a la que actúa en el resto de los casos (desde el punto de vista del origen de coordenadas del subjetivo Sujeto, me refiero).

Entonces es perfectamente legítimo suponer la existencia de un Yo, de una voluntad local, de un subsistema autónomo que produce estas actuaciones. Incluso aunque luego se demuestre que, en el transfondo de todo, finalmente, la decisión no es libre, ni aleatoria, sino que está dirigida en última instancia por fuerzas externas, por una Voluntad externa.

Mis decisiones son “mías” y son esencialmente diferentes a las decisiones que toma Otro. Digo que son esencialmente diferentes, precisamente por eso, porque parten de un subsistema de “coordenadas” diferente. Igualmente, mis pulsos vibratorios son “míos” y son esencialmente diferentes de los pulsos emitidos por un tercero, o por cualquier otra entidad del cosmos. Incluso aunque se demuestre, como decía, que en última instancia, el pulso viene generado, determinado o predestinado por una fuente exterior.

Si mi voluntad creadora parcial es, a su vez, la creación de otra Voluntad Creadora de orden superior entonces la parcial creación final, en cierto sentido, no es mía sino de la Voluntad Creadora de rango superior. Pero, en cualquier caso, la creación ha tenido lugar en un subsistema particular y diferenciado.

O, dicho de otra manera, la creación (léase también actividad o conducta) que la Voluntad de nivel superior crea a través de mi voluntad, de nivel inferior, es esencialmente diferente que la creación creada, por esa misma Voluntad superior, a través de la voluntad de otras entidades decisorias, a través de otros subsistemas decisorios. Las líneas de fuerza son esencialmente diferentes y por tanto resulta apropiado, y necesario, describirlas a partir de estructuras conceptuales diferentes. Y resulta apropiado, por tanto, postular la existencia de un Yo, de una voluntad parcial, como subsistema diferenciado.

Filosofía conductual

Entonces, resumiendo, que el buscador, a través de su actividad física, mental y emocional va modelando la calidad del sistema vibratorio en el cual se desenvuelve y del cual forma parte.

Lo importante ahora es que hemos salvado la contradicción que nos impedía filosofar sobre una “buena conducta”, una buena actuación (actuación creativa, por cierto) sobre el mundo fenoménico.

Suponemos entonces que, a través de nuestra conducta, podemos influir sobre la calidad del sistema vibratorio, vivificando bien sea el principio Real o bien sea el principio ilusorio.

Podemos suponer, que para que la semilla de lo Real pueda germinar, para que el campo de fuerza Real pueda vivificarse en el subsistema subjetivo, quizá sean necesarias ciertas condiciones, cierto recogimiento, cierta tranquilidad que la vorágine cotidiana no favorece demasiado. Pongamos por ejemplo que nos encontremos en mitad de una batalla, de una reyerta. O en condiciones extremas de mucho frío, o mucho calor, o tumbado sobre una cama de clavos. O quizá perdidos, de noche en la selva sintiéndonos acechados por las fieras.

Todo esto es igualmente tenido en cuenta por numerosas escuelas espirituales que predican ciertas normas de conducta, ciertas prohibiciones planteadas sobre la fenómenica vida cotidiana. Pongamos por ejemplo normas sobre cómo y cuánto hay que comer, o beber, o a que sitios de energía espiritual acudir, templos, iglesias o puntos geográficos animados por energías telúricas, y un sinfín de recomendaciones conductuales.

El retiro ascético

Si del campo fenómenico surgen numerosas líneas de fuerza que inciden en la conciencia del buscador e interfieren con la manifestación del campo Real, entonces no es de extrañar que algunas escuelas planteen el retiro a un monasterio, o a una cueva del Himalaya.

Pensemos, por ejemplo, en las cuevas iniciáticas de los albigenses.

Se trata de un retiro coyuntural, o provisional, hasta que el principio Real esté lo suficientemente desarrollado como para no dejarse perturbar por ciertas líneas de fuerza ilusorias.

En cierta manera podemos compararlo al fumador que intenta librarse de la adicción. En un principio deberá retirarse a lugares tranquilos, lejos de otros fumadores y lejos de lugares donde se fuma y deberá evitar situaciones que le predispongan la recaída. Con el tiempo, y a medida que va venciendo al vicio puede ir volviendo a la vida normal, incluso dejarse invitar a una comilona festiva o trabajar en una discoteca o en un estanco.
Igualmente, el buscador, zarandeado por las líneas de fuerza ilusorias, activas en su cotidiana vida fenoménica, puede necesitar un retiro, a una cueva, a un monasterio, una iglesia, o simplemente apañarse en su propio dormitorio, o en los lugares tranquilos que le ofrece su vida cotidiana.

Una vez fortalecido, o según se va fortaleciendo, se vuelve más impermeable frente a las líneas de fuerza ilusorias, y puede comenzar a vislumbrar y transmutar sin peligros el principio Real que se oculta tras la experiencia fenoménica.

Pero estas consideraciones nos llevan a una nueva contradicción.

Riqueza y Poder

Y es que habíamos catalogado la riqueza y el poder como altamente tóxicas. Parecía una verdad indudable… La pobreza, la mansedumbre, el pacifismo…

Pero ahora hemos visto que las líneas de fuerza ilusorias pueden bloquear o interferir nuestra conexión con lo Real. Y estas líneas de fuerza se manejan desde su propio campo ilusorio, desde el propio mundo fenoménico. Se necesita riqueza y poder para poder vivir, para poder vivir con la suficiente tranquilidad y seguridad, que nos permita refugiarnos en un lugar tranquilo, sin pasar hambre ni sed, ni frío ni calor, con buenos guardaespaldas que nos protejan del ataque de nuestros enemigos, con buenos policías que protejan nuestra propiedad privada, ejércitos que protejan nuestras fronteras y expolien lejanas tierras para nuestra propia comodidad y bienestar… y meditación y recogimiento y estudio de ciencia y filosofía espiritual.
Pero en esas lejanas tierras expoliadas, posiblemente habiten también buenos buscadores que también necesitan riqueza y poder para procurarse escenarios de tranquilidad y recogimiento espiritual. Y también necesitan buenos ejércitos para defender sus fronteras y expoliar otras tierras.

Entonces, ¿veremos a los buenos buscadores luchando entre sí? ¿ Luchando por la defensa de sus propiedades, de sus fronteras, por la riqueza y el poder que les permita recorrer plácidamente el camino liberador?

La nueva contradicción está servida y no parece de fácil resolución.

Por otra parte nos lleva al primer capítulo del Bhagavad Gita, donde Arjuna, situado en pleno campo de batalla, se da cuenta de que sus queridos parientes también están situados al otro lado de la barricada. Habrá que volver aquí, de nuevo, más adelante.

Tal contradicción no es ajena a todo tipo de escuelas, sectas e iglesias que, por un lado, predican la pobreza y el desapego de los bienes mundanos y transitorios. Pero por otro lado se ven obligadas a una constante lucha por la riqueza y el poder, precisamente para mantenerse en este mundo ilusorio, y poder seguir predicando, y manteniendo sus costosos templos, centros de conferencias y editoriales.

El tradicional sistema de castas de nuestra querida India se basaba igualmente en este principio. Y que no es exclusivo de la antigua India, de una forma u otra lo vemos reflejado a nivel mundial. O sea, que para que una privilegiada casta de brahamanes pueda dedicarse plácidamente a la ciencia y camino espiritual, es necesaria también una casta productora y trabajadora, esclava si se prefiere, que les alimente y les provea de los bienes necesarios. Y es necesaria una casta político-militar que mantenga el orden y otorgue protección a los brahmanes, por si acaso a alguien se le ocurre cuestionar el reparto de funciones.

Para salir de la contradicción nos vemos obligados a postular que la riqueza y poder no son ilusorios ni tóxicos en sí mismos sino que deben existir modelos de riqueza y poder armónicos con el campo de fuerza Real. Digamos que debe ser posible establecer con la riqueza y el poder un tipo de relación liberadora.

Este planteamiento es congruente con el de más arriba. Habíamos dicho que lo Real y lo ilusorio no habitan en departamentos estancos sino que se interpenetran. Lo propio ocurrirá también con la riqueza y el poder, como expresiones fenómenicas. Ahora nos toca decir que las líneas de fuerza que unen al buscador con la riqueza y el poder no deben romperse definitivamente sino que deben ser transmutadas hacia un tono vibratorio diferente.

Volviendo al texto

Bueno, después de estas reflexiones previas sobre la “conducta” vamos mejor pertrechados para enfocar el siguiente capítulo del texto.

Tenemos varios apartados:

– Dominio de la mente

– Dominio de la acción

– Tolerancia

– Alegría

– Aspiración única

– Confianza

La verdad es que a primera vista no parece que tengan mucho que ver con la conducta, propiamente dicha, excepto la segunda, sobre la acción. Pero en fin, veamos que sale de todo ello.

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ALPDM (III, Carencia de deseos)

“Hay muchos individuos para quienes la cualidad “CARENCIA DE DESEOS” es verdaderamente difícil, porque sienten que sus deseos son ellos mismos, y que si desechan sus deseos peculiares, sus gustos y disgustos, dejará de existir su yo.” (“A los pies del maestro”, K.)

Discernimiento y deseo

En el capítulo previo habíamos filosofado sobre el Discernimiento: la cualidad (y el acto) de distinguir lo Real de lo ilusorio, lo Permanente de lo transitorio, lo Bueno de lo Malo.

Hemos visto que, en principio, el Bien, lo Bueno, lo Real, no iría asociado al mundo fenoménico, a nuestra realidad cotidiana. Al menos tal conclusión parecía desprenderse de la noción de Permanencia, pues, por definición, el mundo fenoménico es transitorio.

Lo Real se trataría más bien de un campo de fuerza, un nivel vibratorio de diferente naturaleza que las energías y reflejos procedentes del citado mundo fenoménico.

De modo que el buscador se encontraría influido por estos dos campos de fuerza: el de lo Real y el de la ilusión. El de lo Permanente y el de lo transitorio.

El campo de fuerza ilusorio se manifiesta en forma de deseos. Las imágenes del mundo fenoménico y transitorio se introducen en la conciencia del buscador en forma de “deseos”.

De modo que, al Discernimiento de cuáles tipos de objetos resultan ser transitorios o ilusorios, debemos añadir la cualidad del desapego, o carencia de deseos. Es decir: de un lado reconocemos racionalmente el carácter ilusorio de un objeto. De otro lado nos desapegamos de él. Y en la medida en que nos desapegamos del campo de fuerza del mundo ilusorio nos unimos al Campo de Fuerza de lo Real.

El texto se muestra muy optimista, afirmando que, una vez que se reconoce el carácter ilusorio de un objeto, automáticamente cesa todo deseo de él. Bueno, no digo que no ayude un poco, pero la verdad es que los deseos van por libre, y persisten y persisten, por mucho que reconozcamos el carácter ilusorio del objeto deseado.

Hasta aquí el modelo es bastante coherente. Pero acechan un par de contradicciones.

Lo primero es cómo conseguir ese desapego, o esa carencia de deseos. Porque, si deseamos desapegarnos, o deseamos no-desear, nos estamos contradiciendo.

Lo segundo es ver cómo nos desenvolvemos en la cotidiana vida fenoménica. Porque, parece, el deseo es un requerimiento previo a la acción. Si no deseamos nada, si todo nos da igual, entonces parece que no queda otra que quedarnos parados, de brazos cruzados.

Pero, ¿Cómo se comportará una persona “Realizada” en la cotidiana vida fenoménica?

La resolución a estas cuestiones no es evidente.

En relación con la primera cuestión parece que tenemos que postular dos tipos de deseo asociados a dos tipos de campos de fuerza. Un campo de líneas de fuerza procedente del mundo ilusorio y un Campo de Líneas de Fuerza procedente de lo Real.

En relación con la segunda cuestión, la estrategia de actuación cotidiana, podrá venir vivificada bien por un campo de fuerza o bien por otro, o quizá por la interacción entre ambos.

De modo que parece que, finalmente, de lo que se trata es de encontrar la clave para un cambio de nivel vibratorio, para una transmutación alquímica del deseo en, o bien otro tipo de deseo, o bien, otro tipo de energía a la que podríamos dar otro nombre diferente.

Deseo y objeto de deseo

En realidad, el deseo no es independiente del objeto de deseo. No es lo mismo desear una chocolatina que desear un cigarrillo, o desear sexo. Tampoco es lo mismo desear el bienestar de un vecino que desear su fracaso o incluso su muerte.

Estamos denominando con el mismo término “deseo” a modelos vibratorios muy diferentes pero que comparten la vocación, la predisposición, a actuar sobre el mundo fenoménico… o liberarse de él.

Digamos que hay un sistema de líneas de fuerza que enlazan cada deseo con su objeto y no clarifica hablar del “deseo” en sí como algo separado del objeto deseado. A no ser que seamos capaces de desear un Objeto sin reflejo en el fenoménico.

El Camino a través del mundo fenoménico

Entonces, el Camino que conduce de lo ilusorio a lo Real no trataría de romper definitivamente el contacto con el mundo fenoménico. De lo que se trata es de cambiar el tono vibratorio de cada línea de fuerza que une a cada deseo con su objeto.

Deseo del Bien o del Objeto Real

Entonces, quizá, la expresión “carencia de deseos” no sea del todo clara o del todo exacta, ya que pretendía referirse únicamente a los deseos vivificados por el campo de fuerza ilusorio, pero no a los vivificados desde el Campo de Fuerza Real.

A la luz de su Santa Presencia [la del maestro] se extinguen todos los deseos, menos el de igualarse a Él.”(“A los pies del Maestro”, K.)

Bien, aquí tenemos claramente expuesta la contradicción señalada: “el Deseo de igualarse al maestro” que también es un deseo, como bien se reconoce. El propio K. utiliza el mismo término “deseo” para referirse tanto al plano Real como al ilusorio.

Entonces lo que tenemos es un continuum desde el más bajo deseo del campo ilusorio hasta el más puro deseo, pongámoslo con mayúsculas, Deseo del Bien, Deseo del Objeto Real.

Las Upanishads hacen un planteamiento parecido:

“En cuanto a los que se han liberado del yugo del deseo, aquéllos cuyo único deseo es el Atman, se libran de este suplicio de las múltiples encarnaciones, pues los soplos vitales no les empujan después de la muerte. Cuando todos los deseos del Corazón están destruidos, entonces el mortal se hace inmortal.”

También etiqueta como deseo al Deseo de Atman.

Al final de lo que se trata es simplemente de “no-desear el Mal” pero sí-Desear el Bien.

Después de un largo rodeo volvemos a un postulado de Perogrullo.

Volvemos a la cuestión del Discernimiento, a distinguir el Bien y el Mal para pasar así a no-desear el uno y sí-desear lo otro. O, mejor dicho, quizá vaya todo en uno: y desde el momento en que Discernimos el carácter irreal de algo, ya cesa todo deseo relacionado. O mejor dicho, el deseo se transmuta de ser una línea de fuerza ilusoria hacia una Línea de Fuerza Real.

En el acto del Discernimiento se activa una línea de fuerza que nos coloca en un nivel de conciencia que trasciende la contingencia del objeto deseado.

Entonces, ¿Como distinguir, como describir la diferencia, entre las líneas de fuerza ilusorias de las Reales?

En algunos casos puede ser evidente, especialmente cuando se trata de bajos deseos y bajas pasiones.

El deseo de autoliberación y autorealización

“Pero hay algunos que cesan de perseguir los bienes terrenales, con el fin de ganar el cielo o alcanzar la liberación personal del renacimiento; no debéis caer en este error. Si habéis olvidado al yo, no podéis pensar en la hora en que este yo sea libre o qué clase de cielo tendrá.” (K. A los pies del maestro)

En otros casos la naturaleza ilusoria puede tendernos trampas muy sutiles. Por ejemplo, cuando deseamos la liberación, tal y como señala el texto. Cuando deseamos ser una persona sabia y liberada y sentarnos a la derecha del Maestro [marcos 10:32]. De lo cual se deriva implícitamente el deseo de ser más sabio que los demás. No solo de serlo sino de demostrarlo y que nos lo reconozcan.

El texto muestra algunas sugerencias para calibrar las trampas de la naturaleza ilusoria:

“…puede existir el deseo de ver los resultados de vuestra obra. Si ayudáis a alguien, querréis ver en cuánto lo habéis ayudado; aun tal vez queréis que aquel a quien habéis ayudado, también lo vea y os lo agradezca.” (“A los pies del Maestro”, K.)

“debéis obrar rectamente por amor a lo recto, no con esperanza de recompensa; debéis trabajar por amor al trabajo, no por la esperanza de ver el resultado”; (“A los pies del Maestro”, K.)

Lo de actuar sin vistas a una recompensa es una referencia al Bahgavad Gita. Claro que para amar lo recto, primero debemos saber qué es lo recto, y que precisamente es lo que estamos investigando.

“No deseéis jamás brillar o parecer superior en ningún sentido; no habléis mucho. Es mejor hablar poco; es mejor todavía callar, hasta que estéis seguros de que lo que vais a decir es VERDADERO, BUENO y PUEDE AYUDAR A OTROS“. (” A los pies del Maestro”, K.)

Lo del verdadero y bueno y tal, es una referencia a las tres cribas socráticas, que nunca he llegado a entender bien.
Lo de verdadero, vale, de acuerdo. Lo de bueno… ¿Que es lo bueno? Y, ayudar… ¿Cómo?

¿El Bien en el campo ilusorio?

Se trataba de investigar cuál pueda ser nuestra estrategia en el mundo fenoménico, libres de todo prejuicio y concepción previa. Y el texto se salta el rigor metódico apelando, como digo, a ciertos clichés predefinidos sobre lo Bueno y lo Malo.

De momento lo que tenemos es la comprensión de una naturaleza ilusoria que se manifiesta en la conciencia en forma de deseos, en forma de un campo de fuerza. Podemos desenmascarar ciertas trampas del campo de fuerza ilusorio, y la medida en que pretenden orientar nuestra estrategia de actuación en el mundo.
Pero hasta ahora las referencias que tenemos son en clave negativa, lo que no debe hacerse, lo que no debe buscarse, lo que no debe desearse. Casi parece que cualquier tipo de actuación mundana es ilusoria. De hecho, hasta ahora estamos considerando el mundo ilusorio fenoménico como algo malo en sí mismo, por tanto sería contradictorio pretender que existan configuraciones o “videoclips” ilusorios que pertenezcan al campo del Bien.
Pero al mismo tiempo, parece que algunos videoclips sean menos buenos que otros.
Nos faltan referencias positivas, a través de las cuales podamos comprender adecuadamente cuál deba ser nuestra conducta, nuestra estrategia de actuación en el mundo, o, si se prefiere, “el plan de Dios para el mundo y la humanidad

Todavía no procede apelar a “lo bueno” o a “lo recto”, pues todavía no hemos descifrado qué puedan ser en el plano fenoménico.

En resumen, nos falta comprender lo que debe desearse y perseguirse, en la esfera ilusoria, al servicio de lo Real, si fuese posible salvar la contradicción.
En cuanto al “ayudar a otros” que se repite igualmente a lo largo del texto, y que se invoca como un cliché de indudable bondad… tampoco resulta tan evidente, como señalábamos más arriba. Pues,

¿Qué es exactamente ayudar? ¿Ayudar a qué? ¿A satisfacer los ilusorios deseos de nuestros prójimos? ¿Ayudar a que se equivoquen? ¿Ayudar a que cometan indecibles fechorías?
No parece que vayan por ahí los tiros.

Una salida fácil es hablar de “ayudar a otros a manifestar el campo de fuerza Real”. Pero, aún así, no se trata más que de inducir en los demás nuestra propia percepción del “Bien”. Y si no somos más que pobres buscadores es de esperar que nuestra percepción de lo Real sea una percepción un tanto cuestionable.

Conclusión

Finalmente de lo que se va a tratar, en la linea de lo comentado mas arriba, es de una transmutación alquímica de las líneas de fuerza que nos ponen en relación con los objetos fenoménicos (transitorios) pero sin renunciar a los objetos en sí, y sin renunciar a trabajar sobre ellos. Cómo describir esa transmutación no es tarea fácil aunque no faltan algunas sutiles indicaciones en los párrafos previos.

Jan van Rijckenborgh nos da una sugerente explicación muy en su línea mágico-esoterica:

“... es necesario primeramente, lo repetimos, hacer subir el principio central de nuestro ser yo, del sistema hígado bazo hasta el corazón” (JvR, “Gnosis Original Egipcia”)

Todas las indicaciones son sutiles, y escurridizas, porque rápidamente les podemos dar la vuelta y se nos van de las manos.

Por ejemplo lo comentado hasta ahora: “Carencia de deseos”. Sí es un indicador del proceso de transmutación, pero con las contradicciones señaladas.

Se trata de resolver la contradicción inherente al no-desear sin que ello implique el deseo de no desear.

O la contradicción inherente al no-deseo de avanzar en el Camino pero al mismo tiempo desearlo.

Y la contradicción inherente al no desear objetos, o configuraciones fenoménico-transitorias sin que ello suponga plantarnos de brazos cruzados en medio de la vorágine cotidiana.

Una contradicción que, quizá no se resuelva de un modo racional-lingüístico, sino sólo con una intuitiva transmutación de nuestro nivel vibratorio.

En eso estamos.

***

El siguiente capítulo viene titulado “buena conducta”, a ver si arroja algo de luz al respecto.

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