La Meta 

“La Meta” era el titulo de un libro que alguien tomó prestado de las oficinas centrales de la difunta Fagor y que, no recuerdo bien cómo, llegó a mis manos. Tampoco recuerdo bien su contenido, sólo que me dió que pensar y quizá el recuerdo que me resta ni siquiera se ajuste a la realidad.
Cualquier proyecto lleva asignadas unas Metas, u Objetivos. A corto, a medio, a largo plazo… Cuando trabajamos para una empresa, o un cliente, los objetivos vienen marcados desde fuera. Son, digamos, “variables independientes”.

Pero, en general, los propios objetivos, van a ser variables dependientes que se definen y redefinen a lo largo del tiempo.

En la vida empresarial, y entendiendo la empresa como “persona jurídica”, se acepta comúnmente que el objetivo es hacer dinero, ganar dinero, dividendos para los accionistas etc. La perspectiva temporal es también digna de tener en cuenta: el beneficio de hoy puede sacrificarse en aras del beneficio futuro. Por ello, podremos tener diferentes matices en el planteamiento del objetivo susodicho. Podemos suponer que, si prima el egoísmo individual frente al intergeneracional, entonces la Meta de ganar un máximo de dinero en un plazo de 50 – 60 años puede ajustarse a la realidad de la empresa corporativa, capitalista o calvinista. Neocalvinista, si se prefiere.

En el plano personal el dinero se considera un recurso o un medio para acceder a otros fines, más que un fin sí mismo, con excepción sea dicha del militante Neocalvinista para quien el dinero, (entendido además como Poder Cuantificado) sí que resulta un fin en sí mismo.

“Pero, ¿para qué querrán tanto dinero?” Se preguntará el profano… A partir de ciertos niveles, el dinero pierde su función primigenia de satisfacer nuestras necesidades y deseos básicos y se va instalando en redes neuronales cada vez más peculiares.

Para el profano, para el buscador medio, el dinero no es más que un medio, un medio a través del cual conseguir otros fines…o, porqué no, otros recursos intermedios. Usamos dinero para, por ejemplo, comprar un destornillador, una herramienta, que a su vez es un medio para arreglar una máquina, un coche, que a su vez es un medio para ir al trabajo… que a su vez…

Entonces, y resumiendo: que nos pasamos la vida proponiéndonos metas y objetivos, y diseñando estrategias para conseguirlos.

¿ Cuál es nuestra misión en la vida?

La sabiduría popular aconseja que en la vida lo importante es proponerse una Meta y defenderla, con uñas y dientes. Concentrarse en el objetivo hasta materializarlo. Sin embargo esto no siempre va a ser posible, ni conveniente. A no ser que el objetivo esté muy bien definido. O quizá sea lo suficientemente ambiguo como para ir adaptándose a las circunstancias.

Circunstancias no sólo ambientales, sino del propio sujeto. El sujeto, en general, es un sujeto cambiante. (Vamos, que no está tan “sujeto” como su propia pureza etimológica podría exigir) . El Sujeto propone objetivos, y desarrolla estrategias. Pero, a medida que transcurre el tiempo, el ecosistema cambia, bajo la acción de las propias estrategias y de fuerzas externas.   Pero también cambia el propio sujeto, de manera que si volviera a sentarse a redefinir objetivos, ya no serian los mismos que en sus inicios.

Entonces, volviendo a la máxima popular, de defender el objetivo inicial a toda costa, nos vemos obligados a matizarla, sino corregirla completamente.

Es fácil intuir que si cambiamos nuestras metas constantemente, si no nos concentramos en alguna específica, no vamos a materializar ningún proyecto concreto. Comenzamos a estudiar una carrera, pronto nos aburrimos, lo dejamos y comenzamos otra, pronto nos cansamos y decidimos que lo que nos interesa es trabajar, o militar en una ONG, para, seguidamente viajar, sin rumbo fijo, por supuesto. ..

Este currículo horrorizaría a nuestros padres, guías y educadores, pero antes de lanzar la piedra al incansable buscador habría que investigar si, realmente, está saltando desordenadamente de un objetivo a otro o, quizá, está siendo fiel a un objetivo distinto, de otro nivel, que el propuesto por las instituciones endoculturativas.

De hecho, una forma de plantear el objetivo, a defender con “uñas y dientes” puede ser precisamente ése: descubrir el objetivo de nuestras vidas. Y en la medida en que avance la investigación en este sentido ir redefiniendo los objetivos intermedios, secundarios o estratégicos.

Quizá lo más conveniente sea dejarse asesorar por la experiencia de nuestros padres y educadores. O quizá no. O quizá solo parcialmente. En cualquier caso, cuando hablamos de defender un objetivo con uñas y dientes parece, parece digo, que negamos todo el valor a la experiencia personal. Una experiencia, un aprendizaje que pudiera colocarnos ante la necesidad de cambiar de objetivo cuantas veces lo estimemos oportuno.

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Acerca de Isar

Investigador de todo...
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