Modos de conciencia

Ayer me quedé plácidamente dormido mientras practicaba la primera meditación. Y me desperté con la frustración de no haber descubierto nada relevante sobre el misterio de la toma de decisiones: Un aséptico vacío asediado por nubes de pensamientos que poco tenían que ver con metas ni objetivos investigables.

Así que me propuse continuar la meditación durante el día con el fin de sorprenderme in fraganti en el acto de tomar una decisión. En el momento de elegir una opción. Y poder así investigar los sutiles mecanismos psicológicos intervinientes.

Pero una cosa es sentarse plácidamente en estado de relajación, en estado de alerta vigilante, y otra precipitarse en la vorágine cotidiana de estímulos.

Ciertamente tomamos muchas decisiones a lo largo del día. Pero me ha sido imposible agarrar ninguna de ellas para colocarla en el observatorio mental. Como conclusión general, que cuando tomamos decisiones, en nuestro quehacer cotidiano no estamos en ese estado de alerta vigilante, y no podemos tomar decisiones al mismo tiempo que observamos el mecanismo en que estas se producen. Otro modo de decirlo es que se trata de un modo de conciencia diferente y que cuando decidimos no estamos plenamente conscientes de lo que ocurre en nuestros owns.

Por otro lado, el modo de “alerta consciente” es también fruto de una decisión, y una respuesta a la cuestión del” qué debo hacer?”. Y mientras permanecemos en alerta estamos poniendo en juego cierta “energía decisoria”. Decidimos, ciertamente, mantener el enfoque de la mente en su adecuada calidad vibratoria y “saludando” a las nubes de pensamientos emotivos que pretenden interrumpir nuestra investigación.

Por lo tanto, este modo de conciencia al que ya voy poniéndole nombre, de “alerta consciente” y similares, este modo, digo, sí que puede devenir en el laboratorio donde diseccionar cierto tipo de actividad decisoria: la decisión de permanecer en modo de alerta, relajada y conscientemente. Las decisiones cotidianas, por su parte, tendrán que ser investigadas a posteriori.

Bueno, hemos puesto el dedo sobre “la adecuada calidad vibratoria de la mente”. Lo cual nos coloca frente al misterio del Bien y el Mal. Misterio que no es ajeno al propio de la toma de decisiones, al contrario, van íntimamente unidos

Así que ya se van perfilando los deberes para mañana: definir la segunda y tercera meditación.

¿O nos daremos un responso cambiando de tema?

Acerca de Isar

Investigador de todo...
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