El sistema lógico lingüístico II

Ayer noche me pararon en un control de la policía. Por lo visto, querían saber que tipo de yerba fumo cuando escribo los posts. Afortunadamente, no había tomado mas que una 0.0. (:-D

Joder, uno no puede disertar sobre la CIA ni el MI9 sin que le pinchen el post.

En fin, habrá que volver a la línea de discursos políticamente correctos.

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Bueno a ver si estrujamos un poco más el tema este del sistema lingüístico:

Tenemos, lo primero, el “acto creador” del discurso. El sujeto creador hace surgir el discurso de la nada.

Pero, ¿quien es realmente el creador del discurso? ¿Yo? Bueno, para salir del paso, lo entenderemos así. Digamos que un discurso se crea en un sistema neuronal de referencia, cuyo subsistema de salida emitirá el discurso: “yo hablo” “yo soy el creador del discurso” etc.

De aquí nos sale una nueva meditación: “quién y cómo se crea un discurso”.

Es fácil intuir que no todos los discursos se producen de la misma forma, o en la misma área. Unos son más conscientes, otros más espontáneos, otros parecen venir de “afuera”, incluso nos vemos obligados a “rechazarlos”… el discurso sale de diferente forma según empleemos la forma oral o escrita, según nuestro estado de agitación emocional o según los interlocutores que tenemos enfrente. Algunas personas escriben largos discursos en estado de trance mediúmnico, ofreciendo su sistema neuronal a otras entidades. Otras, simplemente, dicen cosas de las que luego se arrepienten. Y están los discursos que oímos en sueños, diálogos incluso, cuya génesis resulta totalmente diferente de nuestro estado despierto. Los discursos en lengua materna parecen generarse en zonas diferentes que lenguas aprendidas posteriormente. Los primeros en áreas mas subconscientes que los segundos.

Otro ejemplo de gestación de discursos atípicos son los referidos a las psicosis…

Parece que no haya un único órgano cerebral creador de discursos, frases o mensajes. Incluso, parece, que los discursos puedan ir circulando de un área neuronal a otra, modulándose incluso, a través de un “departamento de censura” antes de ser emitidos al exterior. O más concretamente emitidos a la red de receptores.

Podemos proponer un sistema formado por:

– El creador del discurso o mensaje
– el supervisor o censurador
– el emisor
– red de receptores probables
– red de receptores efectivos.

El creador, o subsistema creador, se nos antoja oculto y digno de ulteriores meditaciones. Parece residir en las áreas subsconscientes, o al menos fronterizas.

El supervisor y emisor parecen actuar en una zona más consciente, aunque tanto funciones conscientes como inconscientes parecen trabajar entrelazadas con mayor o menor influencia respectiva.

El análisis del mensaje, o del discurso propiamente dicho, lo dejamos para después. Ahora toca meternos en el pellejo del receptor.

El mensaje recibido impacta en la parte consciente, se ramifica hacia zonas inconscientes y se instala en memoria. Una vez instalado en memoria continúa replicándose, ocasionalmente, a baja intensidad, o reactivándose bajo la influencia de un estímulo externo.

El mensaje es interpretado y se activan las reacciones procedentes. Bueno, no parece un proceso sencillo.

La primera valoración es emocional: se trata de si el emisor es “amigo” o “enemigo”. Si el mensaje es un “grito de guerra”. Si es un enemigo a combatir, o quizá, un amigo, un aliado con quien combatir juntos contra un enemigo común…

Luego se valora si el emisor es un superior o inferior jerárquico y el tipo de jerarquía implicada. Tenemos jerarquías militares, administrativas, culturales, religiosas… entrelazadas unas con otras.

El mensaje, ¿es una orden? ¿Una pregunta? ¿Transmite información técnico-práctica? ¿Creencias? ¿Valores?

En función de estas y similares cuestiones “se” decide la manera de procesar el mensaje.
En general puede haber un menor o mayor análisis crítico, en función de la fuente, y en función de la vocación “filosófica” del receptor. Cuando “se decide” que el mensaje en cuestión es bueno o interesante o verdadero, pasa a reforzar nuestro sistema de creencias.

O quizá lleve una carga revolucionaria, “iluminadora”, “conversora”… vamos que provoca una reconfiguración, más o menos importante, del sistema. Posteriormente, según el contexto, puede ser amplificado o reenviado a la red. Un caso genuino puede ser la iluminación y/o conversión mística, seguida de una predicación y búsqueda de prosélitos. (Habrá que volver más tarde sobre esto)

Caso contrario, si se entiende que el mensaje no es bueno, queda ninguneado, archivado en la “papelera de reciclaje”, sin perjuicio de posibles huellas que haya podido dejar en la estructura subconsciente. Incluso, según el contexto, puede considerarse oportuna la emisión a la red de mensajes de signo opuesto a fin de contrarrestar, en la medida de lo posible, la influencia del mensaje sobre el entorno.

En resumen: que los discursos entrantes se clasifican en buenos-malos; verdaderos- falsos; vinculantes o no…

Y pueden gestionarse en función de la fuente emisora o en función del contenido. De la fuente emisora resulta relevante el status jerárquico y su área de competencia, que puede ser militar, administrativa, cultural, religiosa, médica, científica, política, revolucionaria…

En cuanto a la valoración del contenido… en sí mismo… con independencia de la fuente que lo avala…

Bueno, sera carne para un próximo capítulo.

Acerca de Isar

Investigador de todo...
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