Filosofía y Política

Filosofía y politica

Filósofos y políticos se cuentan entre las “profesiones más antiguas del mundo”. (Cuando digo profesión quiero decir también “rol”)

Supongo que tanto “filosofía” como “política” han sido definidos cientos de veces. Aquí ensayaremos una definición o matización local más:

El filósofo intenta comprender y mapear la realidad a través de un discurso o un sistema lógico lingüístico. En su forma ideal pura el filósofo intenta generar discursos verídicos, consonantes con la Realidad, independientemente de sus consecuencias prácticas. (Consecuencias, por otra parte, que pueden ser variadas, desde las clásicas penurias socioeconómicas hasta verse chamuscadas las posaderas en alguna hoguera cristiana)

El político, por su parte, también fabrica discursos, pero no con la intención de que sean necesariamente verídicos, ni lógicos, ni Realistas, sino con la intención de ganar Poder rodeándose del mayor número posible de seguidores, votantes o admiradores. Esto se realiza en dos vías complementarias:

– diciendo a los posibles seguidores lo que quieren oír, o bien:

– persuadiendo a los posibles seguidores para que gusten o acepten el contenido de un discurso previo.

La persuasión, por su parte, se consigue asociando el contenido del discurso con los deseos básicos de los seguidores, a saber: el deseo sexual y el de la propia importancia; y otros derivados como puedan ser el poder, el dinero, la fama, la seguridad, comodidad, longevidad etc. Y finalmente, cualquier eslabón intermedio entre los deseos básicos y su situación actual. (Todo ello sin perjuicio de ciertas cualidades carismáticas y persuasivas innatas que parecen radicar en cierta actividad anómala del lóbulo temporal)

El discurso político y el filosófico no tienen por qué ser necesariamente opuestos. El primero deberá incluir ciertas dosis de metodología filosófica, cierta apariencia de racionalidad para que pueda conectar con el sentido común popular. El discurso filosófico, por su parte, puede echar mano de ciertas técnicas políticas a fin de volverlo más asequible y digerible por la comunidad de eventuales receptores. Todo ello, por supuesto, sin alterar su estructura lógica y profunda. Cuáles puedan ser éstas técnicas que ayuden a conectar un discurso filosófico con una comunidad y sin corromper su propia esencia filosófica será tema de próximas reflexiones. Como mínimo el discurso deberá ser pronunciado en un idioma comprensible. Pero incluso dentro de la ortodoxia de un idioma oficial, las palabras portan diferentes significados y connotaciones emocionales propias de cada subcomunidad, con lo cual la politización del texto filosófico se nos complica (politización en sentido literal y etimológico, por supuesto). O, al menos, se vuelve menos nítida la separación entre la composición puramente técnica y racional del discurso y su posterior tratamiento político- comercial.

Quizá debiéramos limitar la definición del quehacer filosófico al discurso elaborado en la intimidad, en un lenguaje, bastaría, asequible al propio filosofador. Luego vendría la fase del quehacer político, o sea, cuando el animal político y filosófico comienza a investigar las relaciones de su discurso con la comunidad de hablantes (hablantes que, igualmente, elaboran discursos político-filosóficos) y su eventual adaptación a los flujos y reflujos lingüísticos comunitarios.

Queda por valorar también cuál es la función del discurso filosófico en el subsistema psicosocial y si realmente le corresponde un espacio propio e independiente al discurso político comercial. O sea, si hay lugar para un discurso que no obedezca a los deseos básicos de un animal político

 

Acerca de Isar

Investigador de todo...
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Una respuesta a Filosofía y Política

  1. Jajaja, muy cierto… y filosófico.

    ¿Cuántos “like” son simple estrategia? ¿el que tiene más tiempo para dedicarse a poner like, gana más visitas y otros tantos like?

    Pero los que escribimos por el simple gusto de hacerlo lo seguiremos haciendo, con o sin “likes”

    Saludos y te puse “like” porque sí me gustó 🙂

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