El Nombre Secreto de Yahveh

YHWH_Goya

Yahveh, ¿Dios “exterior“?

Una lectura ortodoxa del Éxodo, en la línea del capítulo anterior, nos muestra una cosmogonía religiosa orientada principalmente hacia el “exterior”. Yahveh se presenta como una columna de fuego, obrando milagrosos prodigios en el ecosistema exterior, enviando plagas, separando las aguas del mar rojo, etc. Por otra parte, y apoyado en este repertorio de milagros, prescribe un sinfín de normas de comportamiento, también exterior, un autentico sistema normativo-legislativo.

Apenas si es posible extraer alguna suerte de filosofía espiritual, como no sea echándole una buena dosis de imaginación, para convertir la descripción de eventos exteriores en metáforas sobre filosofía interior.

El Nombre

La excepción se encuentra en el propio nombre de Yahvé, donde se encuentra concentrada la clave filosofal de la historia.

Según el éxodo, Yahvé se presenta a Moisés en el desierto, en forma de una zarza ardiente, diciendo…

Exodo 3:14

(14) Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.

La primera vez que me tropecé con este párrafo me causó una profunda impresión. Era la indicación velada de que, a pesar de todo, Yahvéh era un Dios interno. Como matizaría Isaías mas tarde: “en tí esta Yahveh escondido”.

Un Nombre sirve para llamar, o invocar a alguien. Entonces para contactar con Yahvé deberíamos pronunciar el “mantram” yo-soy-el-que-soy. El verbo SER conjugado en primera persona del presente. Lo cual, más bien, nos lleva directamente al interior de nosotros mismos y no tanto a una nave espacial que se divierte separando las aguas del Mar Rojo en el plano tridimensional 😉 .
Todo esto da mucho de sí, más de lo que pudiera parecer a primera vista.

La correcta pronunciación del Nombre

Lo primero que tenemos es que no se trataría de un nombre que deba ser pronunciado oralmente, sino en silencio. De hecho existía antiguamente una prohibición de pronunciarlo en voz alta. En hebreo escrito no existen vocales.( En la escritura sagrada, al menos). De modo que el proceso de lectura no consistía únicamente en darle voz sino también en insertar las vocales apropiadas. Por tanto podemos inferir que la prohibición de pronunciar el nombre de YHWH se hacía extensiva al proceso de inserción de vocales. Por lo que la forma “Yahvé” o “Yahweh” ya sería, en cierto modo una profanación del nombre sagrado al cual se le han insertado las vocales “a” y “e”. Como mucho podemos decir que se trata del nombre del Nombre.

La profanación del Nombre

Lo importante aquí no es cuales sean las autenticas letras del Nombre, ni cuales pudieran ser las autenticas vocales. Lo importante es que la meditación sobre el significado del “mantram” yo-soy coloque la conciencia en el plano vibratorio adecuado.

Pero, bueno, digamos, haciendo un esfuerzo de erudición, que el nombrecito en cuestión esta formado por las letras:

Y – iod H – hei W – vav H – hei

Escritos de derecha a izquierda.

Según algunos autores, los sonidos y las grafías tienen asociadas unas fuerzas mágico-cabalísticas, por lo que sí que resultaría adecuado pronunciar las invocaciones con sus letras y sonidos originales. Yo a tanto como eso no llego, y prefiero quedarme en el plano mental o conceptual.

Cuando a fuerza de repetir un nombre, o un vocablo, lo asociamos a un concepto o a un tono vibratorio particular, entonces ese nombre nos lleva directamente al plano vibratorio para el cual le hemos programado.

Cuando pronunciamos “en vano” el nombre de Yahvé, o Dios, o Cristo, Brahama, Buda o cualquier otro término de relevancia espiritual, lo asociamos a planos vibratorios inadecuados, y terminan perdiendo su funcionalidad. La carga negativa transmitida puede llegar a ser tan poderosa que, finalmente, los buenos buscadores rehuyen todo el entorno conceptual relacionado con los Nombres sagrados. En este sentido se comprende perfectamente tanto la prohibición de pronunciar el nombre de Yahveh como la prohibición de insertar las vocales. Incluso, el cerebro gestiona de diferente forma un signo lingüístico, pronunciable (Yahvé, pongamos por ejemplo) de otro impronunciable (YHWH). Diría que se almacena en zonas de memoria diferentes…

Y, bueno, pongamos que, a la inversa, si conseguimos asociar un Símbolo con el plano vibratorio adecuado entonces el propio símbolo puede canalizar, o inducir, este tono vibratorio. La conexión, sin embargo, debe revisarse constantemente so pena de flagrante caída en profanación e idolatría.

Pero vayamos al trasfondo lingüístico-semántico.

Conjugación y Significado del Nombre

Cuando Yahvé se presenta diciendo aquello de “Yo soy el que soy” uno puede dudar sobre la manera de realizar el “cambio de coordenadas”, en el discurso, desde el emisor al receptor. Quiero decir que, Moisés, por ejemplo, al reenviar el mensaje a una tercera persona podría cambiar la conjugación del Verbo Ser en primera persona y ponerlo en tercera persona. Y así diría: “Yahvé Es el que Es.”
Pero, si nos atenemos a la traducción literal ortodoxa, pareciera que Yahvé expresa su deseo de que se le conjugue en primera persona: “así dirás: el Yo-Soy me envió a vosotros“.

Podría haber dicho algo así como que: “así dirás: aquél que ES me envió a vosotros”. Pero se traduce manteniendo la primera persona.

Hay una sutil diferencia de matiz entre emplear la forma primera “Yo-Soy”, o emplear la tercera “Él-Es” a la hora de pronunciar el mantram sagrado.
“YO-SOY” nos remite a Algo interno. Al Yahvé que está dentro de nosotros.
“ÉL-ES” nos remite a Algo externo. Al Yahvé que esta “afuera”.

Pero, en el contexto bíblico, se presupone, de entrada, que Yahvé es una Tercera persona; como mínimo es un Interlocutor, por lo que implícitamente la formulación ya lleva en sí un algo de tercera persona.

Por otra parte, el mantram yo-soy, al remitirnos hacia un principio interno, puede derivar hacia la sugestión “yo soy Yahvé”, lo cual quizá no sea exactamente el significado del mantram original. Puesto que yo también “soy el que soy”, es fácil establecer la identificación.

Y si consideramos el mantram en tercera persona, al remitirnos hacia un principio externo, puede derivar en la creencia de que Yahvé es un objeto exterior que puede residir en el espectro visible y representable (o en el deseable y/o pensable).

De modo que, quizá, la autentica pronunciación del mantram sagrado no se refiere ni a la primera persona ni a la tercera, sino, como mínimo, ambas a la vez, al puente que conecta, o unifica, primera con tercera persona.

Todo esto se merece una investigación más detenida.

Sujeto y Verbo Sagrados

La estructura básica del lenguaje, que es la estructura básica del conocimiento, es la de un Sujeto que se relaciona con un Objeto, con una Circunstancia, a través de un Verbo.

El sujeto tiende a permanecer, literalmente, sujeto. El objeto, la circunstancia, son móviles, cambiantes. El Verbo describe la acción bajo la cual se produce el cambio…

El Sujeto que Ve se relaciona con el Objeto que es visto a través del Verbo Ver. “Yo veo la luna”
Lo mismo si consideramos el verbo oír, gustar, oler… “yo oigo los pájaros, huelo la hierba,…”
Lo mismo con el verbo desear, tenemos un sujeto que desea un objeto. “Yo deseo una pizza”
Lo mismo con el Pensar, Imaginar, recordar…
Hacer, transformar, mover…

Pero Yo-soy, Yo-Soy el que ve, el que oye, el que piensa, el que siempre esta presente… trasciende el plano del objeto.

El verbo “ser” puede usarse reflexivamente, como cuando el sujeto se refiere a sí mismo. En algunos idiomas también se usa indistintamente como el verbo “estar”. Pero se trata de sujetos relativos. Como cuando decimos “el perro corre”. O “La higuera es un árbol”. El perro, o la higuera, son los respectivos sujetos de las oraciones señaladas. Pero son sujetos relativos, u objetos subjetivados. El verdadero Sujeto soy Yo, que veo, considero y estudio, al perro y a la higuera, y que, realmente, son objetos respecto a mí.

De modo que tenemos una forma Absoluta del Verbo Ser, que trasciende el plano del objeto y es la que empleamos con el mantram sagrado. Y, aparte, tenemos las formas relativizadas, con las cuales se establece una cierta relación de analogía.

Cuando decimos “el perro corre”, “el perro”, sujeto de la oración, es aquello que permanece fijo, o constante, o permanente, en medio del movimiento que suscita la acción de correr. No se trata de una Permanencia Absoluta, sino referida a un evento limitado.

Cuando decimos “la higuera es un árbol” establecemos una cualidad permanente del objeto subjetivado “higuera”. Aquí no hay movimiento. La higuera siempre ha sido y será árbol. De nuevo tenemos una analogía entre:
– la forma absoluta del Verbo Ser, que sugiere permanencia absoluta y
– sus formas relativas que señalan una permanencia a otro nivel, dentro de un contexto concreto y delimitado.

Entonces puede entenderse que el verbo Ser implicado en el Nombre Sagrado de YHWH viene utilizado en su forma Absoluta y que trasciende el plano del “objeto” y de la circunstancia. Yahvé no puede ser visto, oído o pensado. Solo puede ser invocado a través del mantram prescrito. A través del tono vibratorio que coloca el centro de gravedad de la conciencia por encima (o en plano diferente) del pensamiento, del deseo y de la percepción sensorial. “Yo soy el que soy”, esto es: yo soy el ser que se experimenta a si mismo, mas allá del pensamiento, del deseo y de la percepción sensorial.

Pero también teníamos una analogía entre
– el Sujeto Absoluto, que es igualmente Permanencia Absoluta y,
– el sujeto relativo, o el objeto subjetivado, que permanece fijo en un contexto limitado, parcial y práctico.

Entonces, lo que tenemos es que, en el plano absoluto el Sujeto y el Verbo Ser se confunden, se vuelven Uno. El Objeto también se funde con el Sujeto, pues hemos visto que el objeto es el sujeto que se es él mismo.

Tres conjugaciones básicas del Verbo

Como hemos visto, el mantram no es la constatación estática de que “Yo Soy Yahvé”.

El Mantram, el Nombre, es la llamada, la invocación, a través de la cual se establece el contacto con el aspecto desconocido de Yahvé, del SER que ES, ahora en tercera persona. Finalmente nos quedaría la conjugación en primera persona del plural, esto es: “Nosotros Somos”, tal y como se formulará más tarde en la Oración cristiana; la invocación para establecer el contacto, y la unión, en un solo corpus, con nuestras hermanas criaturas.

La conjugación del Nombre en tercera persona es el amor al Padre (o Señor, o superior jerárquico) , la primera persona del plural es el amor al próximo, al “Nosotros”. La primera persona del singular, el amor al sí mismo (o al mí mismo, si se prefiere).

Tal es el resumen “de la ley y los profetas” que más tarde señalarán los evangelistas:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27)

Pero, ¿Yo-soy o yo-pienso-que-yo-soy?

Bueno, la pronunciación del nombre no nos va a salir perfecta desde el principio. El YHWH siempre va a venir adulterado con un pensamiento, más o menos emotivo, que se empeña en ocuparse de nuestros eventos cotidianos.
Pero cuando conseguimos dejar de lado nuestras preocupaciones mundanas y nos ocupamos expresamente del mantram puede ocurrir; de hecho ocurrirá probablemente en mayor o menor grado, que es el pensamiento quien se ocupa del Nombre convirtiéndolo así en objeto de pensamiento. Pero el Nombre no debería pronunciarse con el pensamiento; no se trata de pronunciar “yo pienso que soy”. En tal caso tendríamos un sujeto que piensa en un objeto de naturaleza distinta a la del propio sujeto. De lo que se trata es de acercar la conciencia a un plano en el cual “yo soy el que soy”, más allá del pensamiento. Y, más sutilmente, un plano donde el Yo se une con el Él y con el Nosotros, hacia el Sujeto Sagrado conjugándose en la forma absoluta del Verbo Sagrado SER.

Pero, ¿es cierto todo esto?

Bueno, por lo que se refiere a La Biblia, parece que sí, que es un libro que existe, incluso tengo por aquí un par de ejemplares. 😀 😀

Parece, además, que debe de ser uno de los libros más vendidos del mundo, sino el que más, con millones de ejemplares distribuidos. Y, es más, muchos millones de personas que creen que es cierto lo que pone, con diversos matices de interpretación. Pero, aun y todo, siguen siendo millones de personas que dan fe a la interpretación literal de la Biblia.

Los científicos no parece que dan mucho valor a la historicidad del libro. No me refiero a los milagros, que dudosamente serán admitidos por el pensamiento científico escéptico. Me refiero a los eventos ordinarios, personajes, ciudades, batallas…

La interpretación metafórica es ciertamente sugerente, pero muy subjetiva, y muy dudosamente podemos afirmar que los autores de estos textos pretendían un discurso metafórico. Pero si lo que pretendían era una narración literal de hechos históricos, entonces nos presentan a Yahveh y Moisés como unos demonios criminales y genocidas y…. bueno, lo dejamos así.

En cualquier caso, tanto si la intención es metafórica como si es real, es previsible que se le hayan añadido fragmentos falsos, de mala fe, por los motivos que fueren.

Y, finalmente, tenemos posibles errores de traducción, mejor o peor intencionados. Todo ello favorecido por el peculiar carácter de la lengua hebrea escrita. Ya hemos comentado que se escribe sin vocales. Esto favorece la ambigüedad, dobles sentidos, y amplio margen de interpretación personal. Una ambigüedad que puede ser voluntariamente diseñada y calculada por los autores del texto, montando una interpretación “sagrada” sobre la interpretación “profana”.

La ausencia de vocales no es la única peculiaridad del texto hebreo. Nos encontramos con otras varias ambigüedades, como señala, por ejemplo, Spinoza en su “tratado teológico político” :

– Muchas consonantes son intercambiables, cuando son articuladas de modo semejante.

– Conjunciones y adverbios pueden portar múltiples significados.

– Los verbos en indicativo carecen de una distinción clara entre presente, pasado y futuro

– no hay signos de puntuación ni criterios claros para separar unas oraciones de otras.

– Y, aparte, la consabida tendencia a usar imágenes y metáforas que no corresponde interpretar literalmente.

En fin, por lo que se ve, para meterse a descifrar los textos bíblicos, va a ser necesaria una buena dosis de imparcialidad y buen sentido del humor 🙂 . Aunque todo esto se refiere principalmente al antiguo testamento. El Nuevo, creo, se escribió en griego.

Spinoza termina concluyendo que la auténtica palabra divina no puede contradecir a la razón humana. Por tanto, si en algún momento pareciera que esto último llega a ocurrir, sería lícito entender que la escritura fue corrompida por gentes perversas. El verdadero mensaje bíblico sería, según el mismo Spinoza, el amor al prójimo, tal y como señalarían los cristianos en el NT. Pero, me temo, para arribar a esta conclusión, tendríamos que desechar el 90% del sangriento AT. O al menos de sus traducciones modernas. (Supongo que volveré más adelante sobre ello. Spinoza también ha saltado al escenario antes de tiempo)

Entonces, uno se pregunta si, realmente, merece la pena su estudio, el estudio del AT, o si nos puede aportar algo relevante. Pero, en fin, ahí está para quien quiera leerlo. No conviene olvidar que el nuevo testamento cristiano surge del antiguo y que, siempre en la versión literal, Jesucristo se proclamaba heredero de los viejos patriarcas del AT, encontrándose con Moisés, Elías y Yahveh en su inseparable nube de fuego (Mateo 17). Todo lo cual le convertiría en cómplice de las sangrientas matanzas supuestamente cometidas en su nombre, en la conquista de Palestina y sobradamente explayadas en el libro de Josue. Matanzas sangrientas que, todo hay que decirlo, los cristianos han seguido cometiendo hasta el día de hoy.

En cualquier caso, las guerras y genocidios han acompañado siempre a la humanidad (de ahí que se haya ganado el título de “único animal que practica la guerra de un modo organizado”). Así que, quizá, tampoco sea conveniente un posicionamiento pacifistamente facilongo frente a la guerra, y habrá que dejarlo para otro momento.

Las reflexiones que he planteado sobre el Nombre de Yahvé son puramente racionales y no dependen de un hipotético valor histórico del texto. Podrían encuadrarse dentro de ese 10% de sabiduría oculta entre las tenebrosas páginas del AT (Y nunca mejor dicho lo de oculta 😀 😀 ). Y en cualquier caso no es un mantram exclusivo del AT, su hermanamiento con la filosofía advaitista, por ejemplo, es más que evidente. De modo que, incluso en el supuesto de que todo lo relacionado con el nombre de YHWH, y la zarza ardiente, fuese pura falsificación, ello no perturbaría en absoluto la validez del mantram en los términos racionales en que ha sido expuesto.

Así pues, la exposición del Mantram-Nombre sagrado queda relativamente clarificado. Al menos como para que uno mismo sepa si le resulta familiar y si se siente tentado de practicar la invocación.

Pero, ¿qué dicen los eruditos del significado de YHWH?

Según la Wikipedia el nombre YHWH se trataría de una combinación de las formas de pasado (היה), presente (הוה) y futuro (יהיה) de la raíz del verbo ser, para señalar la eternidad de la existencia divina, y que podría traducirse como “Yo soy el que existe por sí mismo”. Bueno, puede, ser, encaja con lo que he llamado forma Absoluta del verbo Ser, (y/o del Sujeto)

Se habla también de una forma causativa y acusativa que apuntaría a traducciones, algo así como “el que causa el ser”, o “El que hace existir”. “Aquel que trae a la existencia”, y como reza el Apocalipsis: “El que es, que era y que será”.

“Yo soy el Alfa y la Omega–dice el Señor Dios– el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.” (Apocalipsis 1:8)

Son diferentes variantes del mismo mantram, o tabla de meditación. Pero, como comentábamos antes, se trata de la forma absoluta del verbo ser, que integra pasado, presente y futuro, integra todas conjugaciones, y que se convierte, al mismo tiempo en verbo, sujeto, objeto y circunstancia.

Y, en un momento dado, “sabemos” que Aquello que estamos pronunciando realmente se basta a si mismo.

Bueno, no se si ha quedado demasiado embrollado. Volveré en otro momento, desde otro ángulo quizá.

Acerca de Isar

Investigador de todo...
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