De vuelta al cole

Después del año académico-sabático, la verdad es que las ideas respecto a mi futura ocupación profesional no se me habían aclarado mucho.
Sentía una profunda vocación de tipo filosófico-espiritual pero que no acertaba a compaginarla o a relacionarla con una profesión políticamente correcta.

En junio eran los exámenes de acceso a la universidad para los que, mejor o peor, me había estado preparando. Exámenes que finalmente aprobé. Me veía ante el problema de elegir especialidad y el asunto no era nada evidente.

Me atraía la bioquímica y la física cuántica y moderna. Pero no terminaba viéndome en una facultad de física y química.

Quizá fuese la carrera de filosofía y letras la que más se adaptase a mi vocación filosófico-espiritual.

Yo dudaba, por un lado, de que en una Facultad universitaria pudiese aprender el tipo de filosofía que anhelaba desarrollar. Tampoco me veía ejerciendo una actividad profesional como filósofo: ¿Cómo sería eso? ¿Cobrar dinero a la peña por soltarles mítines filosóficos? 😀 😀

Luego estaba la psicología, que se adaptaba a mi interés por la salud mental y a mis miedos de sucumbir bajo una galopante esquizofrenia paranoide. Pero, y la profesión… ¿en qué consistiría? Un despacho, con un diván, psicoanalizando a la peña?

No me veía, no por nada, pero desconfiaba de cualquier institución políticamente correcta. Rechazaba identificarme con cualquier rol adaptado a la sociedad.

Tuve la ocasión de presentarme a unos exámenes de acceso a una Corporation, para comenzar a trabajar ya, ganar un dinero, con espectativas de “promoción”. Tampoco me sedujo la idea. Demasiado adaptado, demasiado fácil, demasiado aburrido. Yo, en el fondo, aspiraba a algo más 😉

Finalmente opté por separar radicalmente la profesión de la vocación. “Al César lo que es del César” y opté por una opción que me permitiese separarme un poco de mi vida pasada, cambiando de aires. (Pero no digo que sea lo más recomendable)

Me presenté al examen de acceso de un colegio de élite y me admitieron. Era un colegio privado, tutelado por diversos grupos de presión, el Opus Dei entre ellos, donde se cursaban estudios de Ingeniería Electrónica y Mecánica, yo opté por la rama electrónica.
Bueno, la verdad es que la electrónica siempre me había atraído. Como buen rockero, me encantaba todo lo relacionado con la musica, los equipos de sonido, amplificadores y similares. Tampoco se me escapaba la íntima relación de la electricidad y el electromagnetismo con la parapsicología y las Ciencias ocultas, auténtico punto de contacto con nuestra tecnología.

¡No sabía donde me estaba metiendo 😀 😀 !

Allí la cualidad poético-romántica de las clases era nula 😀 😀 ! Con la excepción de un profe un poco excéntrico que se entusiasmaba explicando la naturaleza electromagnetica de la luz Solar…
Allí todo tenía un aura eminentemente práctica, enfocado a la empresa, la producción, marketing, beneficios…,

Pero no fue la vocación lo que me llevó a elegir la especialidad ni el lugar de estudios, o al menos no directamente:

La Escuela estaba situada estratégicamente en un lugar lo suficientemente alejado como para coger distancias con mi vida pasada, mis amigos (y enemigos), familia, drogas y campos de fuerza relacionados.

He dicho que era un colegio de élite, al menos así lo consideraban, de cierto prestigio internacional,  con fama de dejar por el camino a buenos estudiantes, y de, finalmente, asegurar un buen puesto de trabajo a las remesas de graduados. Incluso antes de terminar los estudios se aseguraba un trabajo a media jornada a los sufridos estudiantes.
Bien, éso era lo que me interesaba, una titulación que me permitiese acceder fácilmente a puestos de trabajo decentes sin necesidad de andar chupando las posaderas al jefe de personal de turno…

Y si podía optar a un trabajo a jornada reducida para pagarme la estancia y las alubias, pues mejor que mejor.

No sabía donde me estaba metiendo 😀 😀

Como decía, la decisión no fue fácil y no me abandonaron las dudas hasta el final, “¿pero qué hostias pintaría yo en un colegio de élite, del Opus Dei para más inri? ¿No estaría mejor tejiendo cestos en alguna comunidad terapéutica?

Mi padre estaba encantado del cambio, su hijo por fin parecía haber sentado la cabeza. Pero en el fuero interno vivíamos a años luz el uno del otro, nuestras perspectivas eran completamente diferentes.

Me han “acusado” en alguna ocasión que mi decisión no fue libre y que fue debido a la presión familiar. Bueno, no creo que es un diagnóstico correcto. Como decía, la decisión no fue fácil pero no por eso estuvo poco meditada. Que coincidiese con alguno de los deseos de mi padre fue algo casual. En realidad mi familia ni siquiera pensaba que yo pudiera entrar ahí ni soportar el régimen de estudios. Mi perspectiva era diferente y priorizando las condiciones que, entendía yo, eran más importantes para mi supuesta vocación espiritual 😉 .
Desde luego lo ideal habrían sido unas buenas vacaciones en los Alpes suizos 😉 pero todo tampoco se puede.

Bueno, estabamos en Julio, las clases comenzarian a primeros de septiembre. Quedaban dos meses para despedirme de mi antigua vida.

Me compré una una buena piedra de hachís para celebrarlo, y definitivamente despedirme también, de mi vida de fumador.

Acerca de Isar

Investigador de todo...
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