ALPDM (III, Carencia de deseos)

“Hay muchos individuos para quienes la cualidad “CARENCIA DE DESEOS” es verdaderamente difícil, porque sienten que sus deseos son ellos mismos, y que si desechan sus deseos peculiares, sus gustos y disgustos, dejará de existir su yo.” (“A los pies del maestro”, K.)

Discernimiento y deseo

En el capítulo previo habíamos filosofado sobre el Discernimiento: la cualidad (y el acto) de distinguir lo Real de lo ilusorio, lo Permanente de lo transitorio, lo Bueno de lo Malo.

Hemos visto que, en principio, el Bien, lo Bueno, lo Real, no iría asociado al mundo fenoménico, a nuestra realidad cotidiana. Al menos tal conclusión parecía desprenderse de la noción de Permanencia, pues, por definición, el mundo fenoménico es transitorio.

Lo Real se trataría más bien de un campo de fuerza, un nivel vibratorio de diferente naturaleza que las energías y reflejos procedentes del citado mundo fenoménico.

De modo que el buscador se encontraría influido por estos dos campos de fuerza: el de lo Real y el de la ilusión. El de lo Permanente y el de lo transitorio.

El campo de fuerza ilusorio se manifiesta en forma de deseos. Las imágenes del mundo fenoménico y transitorio se introducen en la conciencia del buscador en forma de “deseos”.

De modo que, al Discernimiento de cuáles tipos de objetos resultan ser transitorios o ilusorios, debemos añadir la cualidad del desapego, o carencia de deseos. Es decir: de un lado reconocemos racionalmente el carácter ilusorio de un objeto. De otro lado nos desapegamos de él. Y en la medida en que nos desapegamos del campo de fuerza del mundo ilusorio nos unimos al Campo de Fuerza de lo Real.

El texto se muestra muy optimista, afirmando que, una vez que se reconoce el carácter ilusorio de un objeto, automáticamente cesa todo deseo de él. Bueno, no digo que no ayude un poco, pero la verdad es que los deseos van por libre, y persisten y persisten, por mucho que reconozcamos el carácter ilusorio del objeto deseado.

Hasta aquí el modelo es bastante coherente. Pero acechan un par de contradicciones.

Lo primero es cómo conseguir ese desapego, o esa carencia de deseos. Porque, si deseamos desapegarnos, o deseamos no-desear, nos estamos contradiciendo.

Lo segundo es ver cómo nos desenvolvemos en la cotidiana vida fenoménica. Porque, parece, el deseo es un requerimiento previo a la acción. Si no deseamos nada, si todo nos da igual, entonces parece que no queda otra que quedarnos parados, de brazos cruzados.

Pero, ¿Cómo se comportará una persona “Realizada” en la cotidiana vida fenoménica?

La resolución a estas cuestiones no es evidente.

En relación con la primera cuestión parece que tenemos que postular dos tipos de deseo asociados a dos tipos de campos de fuerza. Un campo de líneas de fuerza procedente del mundo ilusorio y un Campo de Líneas de Fuerza procedente de lo Real.

En relación con la segunda cuestión, la estrategia de actuación cotidiana, podrá venir vivificada bien por un campo de fuerza o bien por otro, o quizá por la interacción entre ambos.

De modo que parece que, finalmente, de lo que se trata es de encontrar la clave para un cambio de nivel vibratorio, para una transmutación alquímica del deseo en, o bien otro tipo de deseo, o bien, otro tipo de energía a la que podríamos dar otro nombre diferente.

Deseo y objeto de deseo

En realidad, el deseo no es independiente del objeto de deseo. No es lo mismo desear una chocolatina que desear un cigarrillo, o desear sexo. Tampoco es lo mismo desear el bienestar de un vecino que desear su fracaso o incluso su muerte.

Estamos denominando con el mismo término “deseo” a modelos vibratorios muy diferentes pero que comparten la vocación, la predisposición, a actuar sobre el mundo fenoménico… o liberarse de él.

Digamos que hay un sistema de líneas de fuerza que enlazan cada deseo con su objeto y no clarifica hablar del “deseo” en sí como algo separado del objeto deseado. A no ser que seamos capaces de desear un Objeto sin reflejo en el fenoménico.

El Camino a través del mundo fenoménico

Entonces, el Camino que conduce de lo ilusorio a lo Real no trataría de romper definitivamente el contacto con el mundo fenoménico. De lo que se trata es de cambiar el tono vibratorio de cada línea de fuerza que une a cada deseo con su objeto.

Deseo del Bien o del Objeto Real

Entonces, quizá, la expresión “carencia de deseos” no sea del todo clara o del todo exacta, ya que pretendía referirse únicamente a los deseos vivificados por el campo de fuerza ilusorio, pero no a los vivificados desde el Campo de Fuerza Real.

A la luz de su Santa Presencia [la del maestro] se extinguen todos los deseos, menos el de igualarse a Él.”(“A los pies del Maestro”, K.)

Bien, aquí tenemos claramente expuesta la contradicción señalada: “el Deseo de igualarse al maestro” que también es un deseo, como bien se reconoce. El propio K. utiliza el mismo término “deseo” para referirse tanto al plano Real como al ilusorio.

Entonces lo que tenemos es un continuum desde el más bajo deseo del campo ilusorio hasta el más puro deseo, pongámoslo con mayúsculas, Deseo del Bien, Deseo del Objeto Real.

Las Upanishads hacen un planteamiento parecido:

“En cuanto a los que se han liberado del yugo del deseo, aquéllos cuyo único deseo es el Atman, se libran de este suplicio de las múltiples encarnaciones, pues los soplos vitales no les empujan después de la muerte. Cuando todos los deseos del Corazón están destruidos, entonces el mortal se hace inmortal.”

También etiqueta como deseo al Deseo de Atman.

Al final de lo que se trata es simplemente de “no-desear el Mal” pero sí-Desear el Bien.

Después de un largo rodeo volvemos a un postulado de Perogrullo.

Volvemos a la cuestión del Discernimiento, a distinguir el Bien y el Mal para pasar así a no-desear el uno y sí-desear lo otro. O, mejor dicho, quizá vaya todo en uno: y desde el momento en que Discernimos el carácter irreal de algo, ya cesa todo deseo relacionado. O mejor dicho, el deseo se transmuta de ser una línea de fuerza ilusoria hacia una Línea de Fuerza Real.

En el acto del Discernimiento se activa una línea de fuerza que nos coloca en un nivel de conciencia que trasciende la contingencia del objeto deseado.

Entonces, ¿Como distinguir, como describir la diferencia, entre las líneas de fuerza ilusorias de las Reales?

En algunos casos puede ser evidente, especialmente cuando se trata de bajos deseos y bajas pasiones.

El deseo de autoliberación y autorealización

“Pero hay algunos que cesan de perseguir los bienes terrenales, con el fin de ganar el cielo o alcanzar la liberación personal del renacimiento; no debéis caer en este error. Si habéis olvidado al yo, no podéis pensar en la hora en que este yo sea libre o qué clase de cielo tendrá.” (K. A los pies del maestro)

En otros casos la naturaleza ilusoria puede tendernos trampas muy sutiles. Por ejemplo, cuando deseamos la liberación, tal y como señala el texto. Cuando deseamos ser una persona sabia y liberada y sentarnos a la derecha del Maestro [marcos 10:32]. De lo cual se deriva implícitamente el deseo de ser más sabio que los demás. No solo de serlo sino de demostrarlo y que nos lo reconozcan.

El texto muestra algunas sugerencias para calibrar las trampas de la naturaleza ilusoria:

“…puede existir el deseo de ver los resultados de vuestra obra. Si ayudáis a alguien, querréis ver en cuánto lo habéis ayudado; aun tal vez queréis que aquel a quien habéis ayudado, también lo vea y os lo agradezca.” (“A los pies del Maestro”, K.)

“debéis obrar rectamente por amor a lo recto, no con esperanza de recompensa; debéis trabajar por amor al trabajo, no por la esperanza de ver el resultado”; (“A los pies del Maestro”, K.)

Lo de actuar sin vistas a una recompensa es una referencia al Bahgavad Gita. Claro que para amar lo recto, primero debemos saber qué es lo recto, y que precisamente es lo que estamos investigando.

“No deseéis jamás brillar o parecer superior en ningún sentido; no habléis mucho. Es mejor hablar poco; es mejor todavía callar, hasta que estéis seguros de que lo que vais a decir es VERDADERO, BUENO y PUEDE AYUDAR A OTROS“. (” A los pies del Maestro”, K.)

Lo del verdadero y bueno y tal, es una referencia a las tres cribas socráticas, que nunca he llegado a entender bien.
Lo de verdadero, vale, de acuerdo. Lo de bueno… ¿Que es lo bueno? Y, ayudar… ¿Cómo?

¿El Bien en el campo ilusorio?

Se trataba de investigar cuál pueda ser nuestra estrategia en el mundo fenoménico, libres de todo prejuicio y concepción previa. Y el texto se salta el rigor metódico apelando, como digo, a ciertos clichés predefinidos sobre lo Bueno y lo Malo.

De momento lo que tenemos es la comprensión de una naturaleza ilusoria que se manifiesta en la conciencia en forma de deseos, en forma de un campo de fuerza. Podemos desenmascarar ciertas trampas del campo de fuerza ilusorio, y la medida en que pretenden orientar nuestra estrategia de actuación en el mundo.
Pero hasta ahora las referencias que tenemos son en clave negativa, lo que no debe hacerse, lo que no debe buscarse, lo que no debe desearse. Casi parece que cualquier tipo de actuación mundana es ilusoria. De hecho, hasta ahora estamos considerando el mundo ilusorio fenoménico como algo malo en sí mismo, por tanto sería contradictorio pretender que existan configuraciones o “videoclips” ilusorios que pertenezcan al campo del Bien.
Pero al mismo tiempo, parece que algunos videoclips sean menos buenos que otros.
Nos faltan referencias positivas, a través de las cuales podamos comprender adecuadamente cuál deba ser nuestra conducta, nuestra estrategia de actuación en el mundo, o, si se prefiere, “el plan de Dios para el mundo y la humanidad

Todavía no procede apelar a “lo bueno” o a “lo recto”, pues todavía no hemos descifrado qué puedan ser en el plano fenoménico.

En resumen, nos falta comprender lo que debe desearse y perseguirse, en la esfera ilusoria, al servicio de lo Real, si fuese posible salvar la contradicción.
En cuanto al “ayudar a otros” que se repite igualmente a lo largo del texto, y que se invoca como un cliché de indudable bondad… tampoco resulta tan evidente, como señalábamos más arriba. Pues,

¿Qué es exactamente ayudar? ¿Ayudar a qué? ¿A satisfacer los ilusorios deseos de nuestros prójimos? ¿Ayudar a que se equivoquen? ¿Ayudar a que cometan indecibles fechorías?
No parece que vayan por ahí los tiros.

Una salida fácil es hablar de “ayudar a otros a manifestar el campo de fuerza Real”. Pero, aún así, no se trata más que de inducir en los demás nuestra propia percepción del “Bien”. Y si no somos más que pobres buscadores es de esperar que nuestra percepción de lo Real sea una percepción un tanto cuestionable.

Conclusión

Finalmente de lo que se va a tratar, en la linea de lo comentado mas arriba, es de una transmutación alquímica de las líneas de fuerza que nos ponen en relación con los objetos fenoménicos (transitorios) pero sin renunciar a los objetos en sí, y sin renunciar a trabajar sobre ellos. Cómo describir esa transmutación no es tarea fácil aunque no faltan algunas sutiles indicaciones en los párrafos previos.

Jan van Rijckenborgh nos da una sugerente explicación muy en su línea mágico-esoterica:

“... es necesario primeramente, lo repetimos, hacer subir el principio central de nuestro ser yo, del sistema hígado bazo hasta el corazón” (JvR, “Gnosis Original Egipcia”)

Todas las indicaciones son sutiles, y escurridizas, porque rápidamente les podemos dar la vuelta y se nos van de las manos.

Por ejemplo lo comentado hasta ahora: “Carencia de deseos”. Sí es un indicador del proceso de transmutación, pero con las contradicciones señaladas.

Se trata de resolver la contradicción inherente al no-desear sin que ello implique el deseo de no desear.

O la contradicción inherente al no-deseo de avanzar en el Camino pero al mismo tiempo desearlo.

Y la contradicción inherente al no desear objetos, o configuraciones fenoménico-transitorias sin que ello suponga plantarnos de brazos cruzados en medio de la vorágine cotidiana.

Una contradicción que, quizá no se resuelva de un modo racional-lingüístico, sino sólo con una intuitiva transmutación de nuestro nivel vibratorio.

En eso estamos.

***

El siguiente capítulo viene titulado “buena conducta”, a ver si arroja algo de luz al respecto.

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ALPDM II. El Discernimiento. (comentarios a K.)

Vamos a ver ahora el planteamiento que hace K. del discernimiento. Hasta aquí lo hemos planteado en términos teóricos, energéticos y objetivos.

Vayamos citando y comentando algunos extractos.

Concepto

“Se denomina así, [discernimiento] generalmente, a la facultad de distinguir entre lo real y lo ilusorio”

Bueno, de entrada no tenemos una presentación muy clarificadora, pues, ¿Qué es lo real y qué lo ilusorio?

En lenguaje coloquial se utiliza el término “real” para referirse a los objetos “reales” que podemos ver y tocar y llegar a un acuerdo con nuestros interlocutores en el sentido de que tales objetos existen realmente ahí afuera. Se contrapone a las percepciones ilusorias como espejismos o alucinaciones. Un espejismo es una imagen de un objeto que no cumple con todos los requisitos necesarios para otorgarle el título de cosa real. Como el típico espejismo del desierto o la imagen reflejada en un espejo. Por ejemplo, te veo a tí reflejado en el espejo, pero la imagen no eres tú realmente. La puedo ver pero no la puedo tocar ni oír ni oler, por ejemplo.

Pero ¿se referirá K. a este tipo de realidad?

Me temo que no. Como ya estamos acostumbrados en filosofía gnóstica, deberemos saltar al nivel metafórico. Lo comento más adelante.

Otro uso del término, a nivel de pensamiento, se utiliza para señalar aquellos pensamientos, o discursos reales o realistas. O sea que describen correctamente la “realidad” tal cual es en el momento presente, o tal cual se materializará, se realizará en un futuro próximo. Tiene aquí un significado próximo a Verdad. O sea, un pensamiento o discurso que se corresponde con cosas que podemos ver y tocar y compartir. Como cuando decimos: “Esta historia está basada en hechos reales” o “este proyecto no es realista, o “no vives en la realidad”

De nuevo me temo que el enfoque de K. debe tomarse en términos metafóricos.

A ver si nos aclara algo más adelante.

“Los que no saben esto trabajan para adquirir riqueza y poder, pero esto dura a lo más una vida tan sólo y, por lo tanto, no es real. Hay bienes mayores, reales y perdurables, cuando los hayáis alcanzado, ya no desearéis jamás aquellos otros.”

Bien, aquí ya nos vamos acercando al meollo. K. identifica lo Real con lo Permanente. Lo ilusorio con lo transitorio. Entonces vemos que lo Real no es lo que comúnmente se entiende por real. Una mesa que podemos ver y tocar, por ejemplo, es real según el significado profano del término. Pero es ilusoria desde el punto de vista de que es un objeto transitorio. Tenemos una comparación metafórica: la mesa es a su imagen en el espejo, lo mismo que lo Real es a lo real.

Pero, ¿Qué es exactamente lo permanente? ¿Hay algo en este mundo que no sea transitorio?

Bueno, este asunto ya lo hemos tratado varias veces, me remito por ejemplo al capítulo de los Upanishads (VI, deseo sensorial y deseo Atmanico), o en “El nombre secreto de Yaveh”.

Nos quedamos, de momento, con que el Discernimiento actúa sobre dos dimensiones. La mental, o racional, por la que sabemos, creemos saber, creemos reconocer y discernir entre lo Real y lo ilusorio, entre lo Permanente y lo transitorio. Y la dimensión astral, o aspiracional, por la cual nos unimos energéticamente a objetos irreales o transitorios, deseándolos, ambicionándolos o “trabajando para adquirirlos” como señala el párrafo previo.

En suma, el Discernimiento nos permite reconocer en cada momento en qué medida nos estamos uniendo a objetos transitorios, irreales, o en qué medida nos liberamos de ellos. La semejanza con el planteamiento rosicruciano es evidente.

Como señala Jan van Rijckenborgh:

Usted deberá percibir en cada segundo, hasta qué punto su voluntad y deseos le encadenan al plano horizontal. Solamente el conocimiento del yo permite evitar las trampas de sus tendencias reprimidas y de sus intentos experimentales de dominio del yo” (Rijckenborgh, Introducción nº 5)

A continuación, K. añade unos comentarios sobre otros tipos de Discernimiento y que, me temo, no añaden mucha claridad al asunto.

La primera cuestión sobre el discernimiento, hemos visto, se trataba de discernir entre lo Real y lo ilusorio. Ahora, añade, se trata de discernir entre:

– Lo justo y lo injusto

– lo esencial y lo accesorio

– lo útil y lo inútil

– lo verdadero y lo falso.

– lo egoísta y lo altruista.

A ver cómo lo vamos desgranando.

Lo justo y lo injusto

La Justicia no es una noción precisamente objetiva, y el texto no intenta ni siquiera formular una definición.

Una cosa es justa en relación a otra, o dicho de otro modo, una cosa se ajusta a otra, como una tuerca a un tornillo, o a un molde. La justicia que nos ocupa se refiere a un comportamiento, un deseo o un pensamiento. De manera que un comportamiento justo es aquel que se ajusta a un sistema legislativo, como en la justicia ordinaria. Y una rueda de pensamientos y deseos tendrían que ajustarse igualmente a un patrón predefinido.

Nótese que en el texto, lo justo, se refiere al comportamiento. Y el comportamiento pertenece a la esfera de lo ilusorio, o lo transitorio, de modo que, a partir de la definición previa, no podemos deducir directamente cuál sea ese comportamiento “justo”.

Podemos suponer, eso sí, que de la susodicha esfera ilusoria emergen ciertas fuerzas astrales, de corte ilusorio que tratan de controlar el movimiento del cuerpo, o sea, la conducta, a través del deseo y sus derivados. Pongamos por ejemplo, los típicos placeres: la fama, el poder, etc. Tenemos una discriminación en negativo, o sea, podemos discernir qué tipo de actuaciones son requeridas por la influencia astral ilusoria. Pero, a falta de ellas, nos falta elucidar cuál sería la justa conducta emanada de lo Real. Una conducta que deberá ir asociada a un deseo, a una fuerza astral dinámica.

Entramos de lleno en una contradicción: puesto que el mundo fenoménico es ilusorio, cualquier deseo de actuar en el mundo, o de hacer justicia en el mundo, nos ataría a la ilusión.

Para solventar la susodicha contradicción habrá que redefinir el concepto de deseo, o establecer dos tipos de deseo, redefinir el propio concepto de lo ilusorio y lo transitorio. Algo de eso ya comentamos también en la saga de los Upanishads.

Pero sigamos con el texto.

Yo superior y Yo inferior
“La voluntad del hombre no siempre coincide con el deseo del cuerpo. Cuando vuestro cuerpo desee algo, deteneos a pensar si vosotros realmente lo deseáis. Porque vosotros sois Dios, y queréis únicamente lo que Dios quiere;”
Cuando se ha de hacer un trabajo, el cuerpo físico quiere descansar, pasear, comer y beber; y el ignorante se dice a sí mismo: “Yo quiero hacer estas cosas y debo hacerlas.” Pero el sabio dice: “Lo que en mí desea no soy yo, y puede esperar.”


Bien, aquí tenemos lo que decíamos antes. El cuerpo, elemento ilusorio y transitorio, intenta hacer valer sus propios deseos. Pero, ¿frente a quien? ¿Frente a la voluntad del “hombre”? ¿Y esa voluntad es una expresión de lo Real?
Porque el “hombre” puede ser un santo o un demonio, como señalábamos más arriba. La idea de que “vosotros sois Dios” me parece un tanto aventurada. El clásico mantram calvinista, la despiadada lucha por la riqueza y el poder que nos acerca a Dios.
El “hombre” busca dinero y poder, elementos ilusorios y transitorios. Y en su lucha por adquirir dinero y poder se encuentra precisamente con que su cuerpo no siempre comparte la estrategia satánica. No por bondad sino por ejercer su propia naturaleza.
Cuando el “hombre” pretende salir a trabajar, a explotar y robar a su prójimo. O quizá cuando va a tomar parte en una batalla, quizá pilotando un bombardero para masacrar poblaciones indefensas… Entonces el cuerpo se rebela: le apetece dormir, pasear, comer, beber unos vinos hacer el amor… No necesariamente por oponerse al mal. Son simples automatismos naturales.
Y nuestro hombre entonces dice: “lo que en mí desea no soy yo y puede esperar” y entonces se levanta, deja el sexo, los vinos y placeres mundanos, monta en el
bombardero y se dirige a su objetivo a cumplir su deber de buen cruzado cristiano.

Claro que lo mismo ocurre cuando nuestro hombre decide “hacer el bien”: los mismos automatismos corporales ejercen cierta resistencia.
“A menudo, cuando se presenta alguna oportunidad para ayudar a alguien, el cuerpo incita a pensar: “¡Qué molestia me causa esto! Dejemos que otro lo haga.” Pero el hombre le replica a su cuerpo: “Tú no me estorbarás para practicar el bien.”
Lo de ayudar a alguien queda muy bien. Intuimos que hay mucho de cierto en ello. Pero ¿qué es ayudar a alguien? ¿Cómo sabemos cómo ayudar a alguien? El asunto no está nada claro.

¿Que es ayudar? ¿Ayudarle a conseguir lo que desea? Un alcohólico quizá desee un vaso de vino, un ladrón necesitará ayuda para robar, un criminal quizá necesite de nuestra ayuda para asesinar a sus víctimas…
Pero si Ayudar no es ayudar a conseguir lo que otro desea… ¿Qué es ayudar? ¿ será obligarle o manipularle para que haga lo que nosotros queremos, lo que nosotros pensamos que está bien?
¿Dar de comer al hambriento?

¿Socorrer al moribundo?

Sí, pero, ¿a cual de ellos? Porque hay muchos, si decidimos socorrer a uno entonces dejamos morir al otro. ¿Y si aquel a quien socorremos se vuelve un demonio, o un tirano, de modo que por haberle salvado la vida hemos contribuido a generar más crímenes, más hambre y más moribundos a quienes socorrer?
De nuevo, las piezas del puzzle se niegan a encajar con facilidad.
Entonces, lo dicho. No está nada claro cuál sea la conducta “justa”, ni son evidentes criterios genéricos de comportamiento ético desde el punto de vista de lo Real. Cada cual debe valorar qué tipo de conductas o actuaciones le ayudan a mantenerse en el nivel vibratorio adecuado.


Claro que también podríamos dar otro enfoque a lo justo o lo injusto. Podemos entender lo justo como “el justo nivel vibratorio” de la conciencia. Y que es justo porque se ajusta al campo vibratorio del “Bien”


Lo importante y lo secundario
“Debéis saber distinguir lo importante de lo secundario.”
Bueno, seguimos en las mismas. Desde un punto de vista práctico, o sea: de lucha por la vida, es evidente. Sin embargo, desde el punto de vista de manifestación de lo Real, deviene todo muy subjetivo. Diría yo que se están mezclando las cuestiones espirituales con las mundanales. En cualquier caso, a lo dicho: “prueba y error”. Ir viendo para cada actuación en qué medida nos ayuda a sintonizar con el campo vibratorio que nos interesa.


Lo útil y lo inútil, lo más útil y lo menos útil
“Debéis distinguir no tan sólo entre lo útil y lo inútil, sino entre lo más útil y lo menos útil. Alimentar a un pobre es bueno, útil y noble; pero alimentar su alma es todavía más noble y más útil que alimentar su cuerpo. Cualquier rico puede alimentar el cuerpo de un necesitado, pero tan sólo los sabios pueden alimentar su alma. Si sois sabios, vuestro deber es ayudar a otros en el logro de la sabiduría”.
Tampoco avanzamos mucho con ésto. Alimentar un pobre será bueno, útil y noble. Más aún será alimentar a dos pobres, o a tres, o mejor aún luchar por un cambio social que erradique la pobreza. Pero claro, una lucha que deviene en lucha literal: revolución, guerra. También deviene en lucha por el Poder: el Poder necesario para implentar los buenos y útiles cambios sociales.

Si somos sabios, no sé… quien sea sabio ya sabe qué hacer, no necesita consejos espirituales. Y si no lo somos, nos toca seguir buscando la sabiduría, mientras tanto a seguir dando palos de ciego.


Lo verdadero y lo falso
“En el mundo hay muchos pensamientos falsos, muchas supersticiones tontas, y nadie que esté esclavizado por ellas puede progresar. así pues, no debéis sostener una idea precisamente porque otros la sostienen, ni porque se haya creído en ella durante siglos, ni porque esté escrita en algún libro que los hombres tengan por sagrado. Debéis pensar acerca de aquel asunto por vosotros mismos, y juzgar si es razonable”

Bien, de acuerdo no debemos creernos nada de lo que otros digan. Ni siquiera lo que nos dice el texto que estamos comentando. Pues no sabemos en realidad quien lo ha escrito, ni si fue corregido.

Yo diría que hay diferentes niveles de creencias, y que para evolucionar debemos aceptar ciertos modelos, ciertas creencias, siempre de modo provisional y hasta que las vayamos sustituyendo por otras. El Camino, de hecho es eso, ir sustituyendo unas creencias por otras. En cada momento nos quedamos con las que más nos gusten.

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A Los Pies Del Maestro I. El Discernimiento. (consideraciones previas)

Del comentario de textos

Vamos a dar un repaso al libro citado de Krishnamurti (o quién fuera el autor), “A los pies del Maestro”, abreviando “ALPDM”.
Como vengo haciendo hasta ahora, afrontaré los textos en cuatro fases principales:

1.- La lectura rápida del texto seleccionado las palabras y temas más importantes o sugerentes.

2.- Una redacción sobre mis ideas previas sobre los temas seleccionados.

3.- Una lectura más detallada del texto contrastando mis ideas previas con el contenido.

4.- un comentario del texto, considerando las posibles diferencias entre mis ideas previas y las transmitidas por el texto.

Luego el proceso se podría ir refinando cuántas veces se desee.

Bueno, el esquema es muy teórico, pero solo es el enfoque general. En ocasiones la reflexión previa irá entremezclada con el comentario, en otras en epígrafe separado. Pero que nadie se despiste si en algún momento me pongo a desvariar sobre un tema que parezca no tener nada que ver con el texto en cuestión.

Si alguno se anima a seguir el modelo… Para mí es la mejor forma de afrontar textos filosóficos: haciendo un inventario previo de nuestros puntos de vista, nuestra mente se condiciona, se orienta como una antena y se vuelve más receptiva y crítica para afrontar textos de terceros, o intercambio de puntos de vista.

Hay varios enlaces de descarga del texto en internet, algunos puse en el post previo.

Y ahora sí, empezamos con el Discernimiento.

Discernimiento: el Bien y el Mal y el “yo superior”, consideraciones previas.

Noción básica

El Discernimiento, después de todo, no es más que la aptitud, la capacidad, la disposición, para distinguir lo Bueno de lo Malo.

Asumida la existencia del Bien y del Mal, la base del Camino va a residir precisamente en distinguir lo Bueno de lo Malo. De Perogrullo.
Nos encontramos, pues, frente a un problema parte racional, parte intuitivo, finalmente decisorio. Primero debemos conocer qué sea lo Bueno, segundo ejecutarlo.

Entonces, la “buena acción”, a nivel conductual, debe ir precedida de un conocimiento de cuáles acciones deban ser consideradas como “buenas”

O quizá conocimiento y ejecución van de la mano. Si, por ejemplo, consideramos el Bien como una cualidad vibratoria de la conciencia, entonces el reconocimiento y la ejecución se resumen en un único pulso vibratorio.

Proselitismo

Digamos también que cada cual se ve impulsado a vender, o defender, su propia noción de lo Bueno y lo Malo. Expandir nuestros sistemas de creencias hacia los demás, convencerles de nuestro punto de vista con estrategias más o menos eficaces y diplomáticas, o, incluso, por la fuerza o llegando al exterminio físico. Buenos o Malos, con razón o sin ella, da igual, pretenden ganar adeptos para su causa.

El texto comentado puede encuadrarse en este principio básico. K. o quien sea, pretende expandir un conocimiento, un discernimiento previo del Bien.

Y, siguiendo el modelo vibratorio, lo mismo. Nos vemos impulsados a mantener, y expandir, la cualidad vibratoria que hemos reconocido como buena. Y a unirnos con aquellas personas que promueven un campo de fuerza similar al nuestro.

Carácter subjetivo del concepto

En cualquier caso, estamos tratando de unas consideraciones muy subjetivas:

Cada cual tiene su propia noción de lo Bueno y lo Malo, tanto a nivel conductual como a nivel vibratorio.

En coordenadas objetivas todavía no nos podemos referir a un “Bien absoluto”. Pero podemos referirnos, eso sí, a dos tipos de relación interna con el conocimiento de lo Bueno y lo Malo. O dos polos de un continuum, más bien:

1. Cuando creemos y defendemos firmemente una noción de lo Bueno y lo Malo (“yo impongo“)

2. Cuando nos sentimos confusos o inseguros respecto a lo que pueda ser Bueno o Malo, y por consiguiente a las decisiones a tomar en la vida. (“Oh Señor! ¿ qué quieres que yo haga?”)

Polos que, igualmente, llevan asociados su respectiva tonalidad vibratoria.

Yo-superior versus Yo-inferior

A ciertos niveles se da una lucha interior, una contradicción entre conocimiento y praxis (del Bien y del Mal), cuando creemos firmemente en la bondad de una conducta pero luego hacemos lo contrario. Por ejemplo creemos que es bueno dejar de fumar pero seguimos fumando.

Aquí se habla entonces de la lucha entre el “yo superior” y el “yo inferior” y similares. K. habla también de lucha entre el verdadero Yo y los cuerpos mental, astral y/o físico.

Pero nótese que nuestra firme creencia en la bondad de algo no implica necesariamente que sea cierto. Podemos estar equivocados. Quizá aquella firme creencia sobre algo que entendemos como Bueno esté equivocada. De hecho, muchas personas creen firmemente en cosas que se oponen entre sí. Uno cree firmemente en algo, otro cree firmemente lo contrario…

El puzzle no se resuelve de una manera sencilla: nuestro yo-superior puede tomar malas decisiones. Y nuestro yo-inferior puede oponérsele. No por la mala acción en sí sino porque va por libre.

Todos los buenos tiranos han tenido un “yo superior” muy desarrollado, gracias al cual han conseguido abrirse paso con éxito en la vida. O dicho de otro modo, han conseguido alcanzar altas cotas de Poder. Un poder, gracias al cual pueden ejercer su tiranía. Los tiranos también son tentados por su naturaleza inferior. Los tiranos también son tentados por los placeres, el sexo, el vino, la pereza, la ira…. que se oponen a sus pretensiones de dominio del mundo.

De modo que, cuidado con el desarrollo de ese yo superior. A dosis bajas puede ser terapéutico. A dosis altas puede resultar satánico.

Entonces, el Discernimiento, en el plano material, debe abrirse paso en varias dimensiones:

– una: el Discernimiento del objetivo a materializar, la estrategia a seguir y

– otra: el Discernimiento de las trampas de naturaleza inferior a superar.

El Discernimiento en clave vibratoria

En general, podemos considerar nuestra vida, nuestra existencia, como un complejo sistema vibratorio. Y podemos suponer cierta capacidad para influir en la calidad del sistema vibratorio. En cada momento, nuestro Poder Creador aporta un pulso magnético peculiar, resultando una secuencia de pulsos, a través de los cuales se va modelando, de instante en instante, la configuración vibratoria de nuestro sistema vital.

Entonces, el Discernimiento espiritual se refiere a éso: discernir en cada momento hasta qué punto, los pulsos electromagnéticos que vamos emitiendo son los más apropiados. Los más buenos en suma.

También podemos considerar la mente, o la conciencia, según otro modelo similar, como un sintonizador, que puede sintonizarse con energías más o menos “buenas”. Entonces el Discernimiento sería éso, discernir en cada momento la calidad de las energías sintonizadas.

En cierto modo podemos describirlo como una “respiración vibracional” o “respiración energética”. La inspiración es una especie de “escucha” o recepción. La expiración sería la emisión, el “habla”. Por la inspiración somos creados, por la expiración nos volvemos creadores.

Conducta y nivel vibratorio

Las decisiones prácticas y materiales son, en principio, efectos colaterales de la estructura vibratoria interna. Y, en general, puede haber una correlación entre una decisión, un comportamiento, y una sintonía hacia unas vibraciones de una calidad determinada: Tal nivel vibratorio tiene como consecuencia tal comportamiento.

Pero también se da un efecto de retroalimentación, por el cual las actuaciones materiales van a influir en el posterior status vibratorio. O sea, que tal comportamiento tiene como consecuencia tal cambio en el nivel vibratorio.

Así, todas las corrientes espirituales establecen normas de conducta que, supuestamente, irían asociadas a campos vibratorios de calidad. E, inversamente, pecadillos que irían asociados, a campos de fuerza negativos. Pongamos por ejemplo el beber y el comer y fumar. Una buena sintonía vibracional tenderá a rechazar el hábito del tabaco, por ejemplo. Pero, y al mismo tiempo, eliminar el tabaco de nuestras vidas mejorará la calidad de nuestro nivel vibratorio, (o de nuestro sintonizador, si se prefiere).

En principio, una buena conducta, una buena toma de decisiones, debería surgir como consecuencia de una correcta orientación interior.

Pero también puede darse la ecuación inversa:

El libre albedrío para discernir

Si, por casualidad, nuestra conducta es correcta, entonces ¿Tiene como resultado un cambio a mejor del nivel vibratorio?

Si, por casualidad, el gobierno prohíbe el alcohol y el tabaco, y me veo obligado a dejar de beber y fumar, ¿Mejorará mi nivel vibratorio?

Por una parte es cuestionable, porque el abandono del tabaco no procede de un esfuerzo personal, sino que viene impuesto por casualidad.

Una casualidad por imposición, pero podría haber dicho por obediencia ciega, por tradición, o por costumbre. Quiero decir que yo no hago ningún esfuerzo ni ningún mérito para merecerme un avance espiritual. Simplemente dejo de beber porque lo prohíbe el gobierno, o porque así me lo impusieron mis padres o la tradición.

Por una parte parece cuestionable, como digo, y que no tiene ningún mérito, una conducta “buena” cuando dicha conducta es impuesta, o surge aleatoriamente. ¿Mi evolución personal va a depender de las decisiones del ministro de sanidad?

Pero, por otra parte, resulta comprensible que el buscador sea “obligado”, de vez en cuando, a sintonizar con el campo de fuerza del Bien, aunque sea por un periodo limitado. Primero para que compruebe que dicho campo de fuerza existe, y cuáles sean sus cualidades. Y, segundo, para que conozca las llaves que pueden acercarle, o alejarle, del susodicho campo de fuerza. Que el buscador tenga a su disposición las llaves o la teclas a través de las cuales pueda modular la calidad de su sistema vibratorio. Y elegir libremente el tipo de vibraciones con las cuales quiere sintonizarse.

Entonces, y resumiendo, tenemos el Discernimiento, como la cualidad de emitir aquellos pulsos vibratorios, de sintonizar con la adecuada vibración interior, que nos conduce por el Camino.

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A los pies del Maestro

Mi primer contacto con la obra de Krishnamurti fue a través de su libro, citado en el post previo, “A los pies del Maestro”. Un libro que, muy a pesar del título, me gustó, lo tuve entre mis favoritos de cabecera durante algún tiempo.

El estilo del libro es completamente distinto a su obra madura, la cual también me gustó y espero comentar más adelante. Pero de momento quedémonos con este librito.

Controversia sobre la autoría

Y es que, resulta, parece ser… según dicen… el citado libro no fue escrito exactamente por Krishnamurti sino más bien… ¡Por el pederasta Leadbeater!

Pero, entonces…

¿Cómo es posible?

¿Cómo es posible que yo me haya dejado seducir por la literatura de un jodido pederasta?

¡No, no puede ser!… quizá haya otra explicación.

Quizá no fue tan cierto aquello de la pederastia.

Quizá no fue tan cierto aquello de que el libro fue obra de Leadbeater…

O quizá se limitó a transcribir un libro escrito por un tercero?

🤔🤔

Así que centrémonos en los hechos, que no son otra cosa… que el propio texto escrito.

El propio Krishnaji ya comentaba en la introducción que “estas palabras no son mías, son del maestro que me enseñó“. De lo cual podría inferirse que el maestro citado fuese Leadbeater.

Pero, y también, más probablemente, podría referirse a otro tipo de Maestro etéreo, o Maestro interior tal y como acostumbraba a llevarse en el seno de la Sociedad Teosófica.

En cualquier caso, lo que decía antes, habrá que meterse en el texto y aclararse si, lo que dice, es bueno y sensato, y recomendable, independiente de quien lo haya escrito, o transcrito, o traducido, o copypasteado de otra fuente previa.

Krishnamurti con Besant y Leadbeater

Leadbeater cuenta en su libro “Los Maestros y el Sendero” que cada noche llevaba a Krishnamurti en su cuerpo astral a la casa de su Maestro (el Mahatma Kuthumi) para que le diera instrucción.“Todas las mañanas hacía un resumen de lo que había escuchado en la noche, y lo escribía de manera laboriosa en inglés, que en ese entonces no dominaba mucho.
Un poco después Krishnamurti se fue a la ciudad de Benarés [en la India] con nuestra Presidente de la Sociedad Teosófica [Annie Besant], y estando allí me escribió a Adyar pidiéndome que juntara todas sus notas y se las enviara. Yo arreglé sus notas lo mejor que pude, y las escribí a máquina. Luego, astralmente le llevé la copia mecanografiada al Maestro, y le pedí que fuera tan amable de leer lo que había escrito.
Él la leyó cambiando una u otra palabra aquí y allá, agregando notas explicativas y conectando algunos pasajes, y unas cuantas frases que yo había oído que él había dicho. Luego dijo esto basta, sin embargo mostrémoslo al Señor Maitreya, así que fuimos juntos. [Astralmente por supuesto] El mismísimo Instructor del Mundo lo leyó y lo aprobó. Y fue él mismo el que dijo:
– “Deberías hacer con esto un bonito librito, para introducir a Alcyone [Krishnamurti] al mundo”.
Cuando la señora Besant recibió el manuscrito del libro contestó entusiastamente diciendo:
– “Estamos tan deleitados por la aprobación del Maestro y del señor Maitreya del primer esfuerzo literario de Alcyone, que debemos imprimirlo con una pasta muy bonita. Este será su regalo al mundo”.
La primera edición de este libro, cuyo título fue sugerido por la señora Besant como A los Pies del Maestro, fue publicada por primera vez en diciembre de 1910. »
(Citado en “The Elder Brother”, Gregory Toller, pp. 135-136). [1]

Con semejante presentación dan ganas de salir corriendo 😁😁, pero, en fin, aparcando el tema de los viajes astrales de Leadbeater, podemos quedarnos con lo básico. O sea, que quizá Krishnamurti tendría hechos unos resúmenes de las enseñanzas del etérico maestro y que fueron corregidos y mecanografiados por Leadbeater. No voy a entrar a valorar el significado de esos Maestros, si es que eran reales, imaginarios fantasmas, si eran demonios disfrazados de Maestros o simplemente descaradas mentiras.

Y el título aportación de Besant.

Pero también hay otras interpretaciones. De que, por ejemplo, como decía más arriba, el libro habría sido escrito en su totalidad por Leadbeater.

Se alega que en aquella época Krishnamurti no sabía casi nada de inglés y no podría haberlo escrito. Se alega igualmente que el estilo sería típico de Leadbeater, con algunas coletillas típicamente suyas.

Ahora bien, si es cierto que los gurús de la S.T. canalizaban comunicaciones con los Mahatmas, tampoco sería de extrañar que K. hubiera canalizado el libro en inglés, más o menos chapurriau. Puestos a creer en canalizaciones, el idioma del texto canalizado ya sería lo de menos, y no lo más increíble.

El propio K. afirmó haber tenido comunicación con el maestro Kuthumi, sea lo que sea lo que queramos entender por ello.

La Relevancia del autor en los textos espirituales

Kuthumi_1.jpg
El Maestro Kuthumi, tal y como lo pintan algunos teósofos…

En cualquier caso tenemos sobre la mesa una buena moraleja.

Pues, ¿Tiene realmente importancia quien sea el verdadero autor de un discurso espiritual? O planteado de otra forma, ¿Cual es el verdadero sentido de estudiar textos espirituales?

¿Si el autor es A. nos creemos todo lo que pone, sin análisis crítico, pero si el autor es B. entonces no nos creemos nada? ¿Si el autor es A. dejamos que el discurso modele nuestra estructura de creencias, pero si es B. entonces ponemos en alerta toda nuestra capacidad crítica?

Sobre este tema ya filosofé hace tiempo en el capítulo de “Análisis del discurso espiritual”

Pero, entonces, ¿quién es el verdadero buen gurú? ¿El que provoca una actitud sumisa manipulando sin resistencia nuestro sistema de creencias? ¿O el que induce una actitud crítica? ¿Con cuál de ellos se produce un auténtico aprendizaje?

De nuevo, el mundo parece presentarse al revés.

También podríamos plantear la moraleja cambiando los términos:

¿Quién es el verdadero investigador?

¿El que acepta sumisamente las creencias inducidas por una fuente X. ? ¿O el que cuestiona críticamente las inducciones procedentes de todas las fuentes?

Claro que también tenemos otro parámetro a valorar, trascendiendo un poco el plano estrictamente filosófico. Se trata de la Energía sutil que emana de cada discurso. Energía, nivel vibratorio, campo de fuerza o como queramos llamarlo, que trasciende al aspecto puramente racional, intelectual o literal, que puede quedar en un plano muy secundario.

O, afinando un poco más, yo diría que el Campo de Fuerza Espiritual no emana exactamente del discurso sino de la correcta interacción entre el buscador y el discurso. De modo que un mismo discurso puede ser inductor de un intenso campo de fuerza espiritual en un buscador, pero resultar irrelevante en otro, o incluso, claramente nefasto en un tercero. Por otra parte la interacción entre un mismo buscador y un mismo discurso también puede ser completamente diferente en fechas y épocas distintas.

En fin, a lo dicho, que el librillo tuvo su lugar en mi biografía y ahora lo que toca es darle un repasico. Más tarde tocará meterse con la obra madura, y aspectos biográficos de Krishnamurti. Ahora, de momento, sigamos con ello, a ver qué conclusiones vamos sacando.

Título y prólogo

Antes de nada comentar, que el título de este libro se me atravesó desde el principio. Suena a dependencia servil, demasiado indigesto para un pobre anarko. Pero, ahí quedó. Según comentaba más arriba, sería una aportación de Besant.

El prólogo también se me atravesó, creo recordar, lo corté con unas tijeras 😁

La introducción que hace K. dice que “éstas palabras no son mías, son del Maestro que me enseñó”. Supongo que debe entenderse que no se trata de un maestro de carne y hueso, sino de un maestro etéreo, o un Mahatma, tal y como se llevaba en el entorno de la ST. No digo que sea necesariamente cierto, solo que es lo que pretende transmitir el autor.

Real o imaginario, lo relevante aquí es que no se trata de un maestro de carne y hueso. En algún lugar del texto se dice algo de que “el maestro” nos acompaña de una encarnación a otra por lo que se entiende que no se trata de un maestro al estilo convencional.

Claro que también se dice que el libro fue 100% obra de Leadbeater, como señalé más arriba, incluida la frase citada. No sé, yo me inclino por la hipótesis de que, como decía Leadbeater, el núcleo del texto se basa en unos apuntes de Krishnamurti que luego fueron completados y reelaborados por L.

En cualquier caso, como decía, vamos a intentar un comentario del texto en sí, independientemente de la controversia sobre su autor a quien designaremos como K.

[1] http://esoterismo-guia.blogspot.com/2012/12/a-los-pies-del-maestro-krishnamurti.html

Literatura y fuentes:

Aparte de las referencias del capítulo anterior:

El texto está en la biblioteca del blog y en numerosos enlaces en la web, por ejemplo

O si se prefiere en formato audio-youtube:

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Krishnaji

Los Antecedentes de la Sociedad Teosófica

Hace ya unos cuantos capítulos que comencé a investigar la historia de la Sociedad Teosófica, en el contexto de la presentación de Max Heindel: Blavatski, Olcott, Besant, Judge, Leadbeater, Chakravarti…

Faltaba, casi, el capítulo más importante, y es el relacionado con la aparición de Juddit Krishnamurti, alias Krishnaji.

El contexto donde emerge Krishnamurti no podía ser más turbio. Por un lado estaban las interminables intrigas palaciegas y luchas por el poder entre los gurús de la Dirección Espiritual de la Sociedad Teosófica.

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Krishnamurti jovencito

Recordemos que todo el juego de la Sociedad Teosófica giraba en torno a las supuestas revelaciones, o apariciones, o canalizaciones de los incorpóreos Mahatmas a los corpóreos gurús.

Pero, claro, cada Mahatma decía a cada interesado lo que quería oír, o al menos, les ponían a unos contra los otros en su lucha por el liderazgo, por el poder y el protagonismo en la Dirección Espiritual del mundo.

Del mundo o de la Sociedad Teosófica, aunque sólo sea.

Cada cual se sentía llamado a la misión de liderar la Sociedad Teosófica; un liderazgo que sólo podía realizarse contra el llamado de sus compañeros, que también aspiraban al mismo liderazgo.

Y finalmente estaba el escándalo por las acusaciones de pederastia contra Leadbeater.

No voy a dar más vueltas a este tema, pues ya comenté algo en su día, por ejemplo en el capítulo:

https://isaspi.wordpress.com/2016/01/02/carl-louis-grasshoff-ii-la-teosofia-de-besant-y-leadbeater/
Krishnamurti y la Sociedad Teosófica

Este capítulo sobre Krishnamurti, en cierto modo es una continuación o una bifurcación del citado más arriba sobre Besant y Leadbeater.

Una rama tira a través de Max Heindel, continuando hacia Jan Van Rijckenborgh.

Otra rama tira hacia Krishnamurti, que dejé aparcada en su día, y toca retomarla ahora.

Pues bien, parece ser que el Sr. Leadbeater se fijó en Krishnamurti en una playa, cuando era un niño y proclamó que sus auras eran altamente puras y que posiblemente fuese la encarnación de Buda o de Cristo y que, en cualquier caso, estaría llamado a un liderazgo espiritual del mundo.

Los argumentos de Leadbeater convencieron a Besant, presidenta de la Sociedad Teosófica, de modo que “adoptaron” al muchacho y le ofrecieron toda la educación necesaria para poder llevar a cabo su misión de líder espiritual mundial.

Incluso crearon una sección especial dentro de la Sociedad Teosófica, la Estrella de Oriente, dedicada a envolver y proteger al niño.

Krishnamurti y Leadbeater.jpg
Leadbeater con Krishnamurti

El leitmotiv de la sociedad Teosófica se configuró, pues, en la adoración de este supuesto Mesías, su educación, y la paciente espera de que comenzase a manifestar los primeros indicios de su apostolado.

Los buenos críticos no pueden evitar ciertos chascarrillos, y no sin razón, de que fuese un pederasta quien se fijase en el niño mesías, encima en una playa, no sabemos si ligerito de ropa.

Pero, los que de un modo u otro hemos sido admiradores o seguidores, o simples lectores interesados en Krishnamurti, todas estas historias nos dan que pensar sobre las maneras en que se configura la historia del pensamiento espiritual.

¿Cómo es posible que uno de los mejores gurús y filósofos espirituales haya sido detectado, educado y socializado en tales circunstancias?

Suele decirse, es cierto, que los buenos mesías nacen en establos. Y, quizá, tomando lo del establo en clave metafórica (pues nada realmente malo hay en un establo literalmente entendido) podríamos también entender las historias de buenos gurús surgidos en medio de cuestionables fuerzas psicosociales.

En cualquier caso los hechos son los que son. Krishnaji fue aupado, mantenido y educado por Annie Besant y Leadbeater. Si no hubiera sido por ellos el fenómeno Krishnamurti, tal como lo conocemos, nunca habría tenido lugar.

Es cierto que, finalmente, Krishnamurti rompe con sus protectores, rompe con la Estrella de Oriente, y rompe con la carrera mesiánica que le habían propuesto.

Pero, ¿de verdad que rompe definitivamente? Hummm, bueno, me temo que la ruptura fue más bien parcial.

Precisamente, la ruptura con la Sociedad Teosófica, la ruptura con sus mentores, fue lo que añadió un poco de morbo a la historia, dándole una publicidad que le permitió ir llegando a un público más extenso.

Quizá pensó que la estructura, la Dirección Espiritual de la Sociedad Teosófica, tenían más bien el efecto de ahuyentar a los buenos buscadores y que era necesario derribar estos muros, para poder acceder a un público más extenso.

Pero Krishnamurti no renunció a su vocación de gurú, por mucho que hablase en contra de los gurús. Krishnamurti se dedicó toda su vida a dar charlas y conferencias con el propósito más o menos explícito de guiar espiritualmente a sus seguidores. Si éso no es un Guru, se le parece mucho.

Cuando criticaba a los gurús debía de entenderse que criticaba a los “otros” gurús, o a los “malos” gurús, pero, en cualquier caso, él seguía comportándose como un gurú.

Y, si bien criticaba los textos sagrados, por otra parte publicaba libros que, de algún modo, no podían tener otro papel que el de sustituir a los textos clásicos.

Entonces, realmente, en el fondo, no puede decirse que Krishnamurti renunciase completamente al rol de “instructor del mundo” que le propusieron sus protectores de la ST. Simplemente, que lo ejercitó a su manera. Como no podía ser de otro modo; si es que era el gran instructor del mundo, entonces le tocaba organizar él mismo su propio modus operandi, y no seguirles el rollo a sus educadores.

Puesto que, según su punto de vista, las religiones, los textos sagrados, los gurús… etc… no ayudaban a la realización espiritual del ser humano, decidió entonces predicar en su contra. Pero con el objetivo implícito de guiar a los seguidores por otros medios.

Krishnamurti podría haberse dedicado a cualquier otra cosa después de romper con la Estrella de Oriente.

Si, realmente, como decía, no quería ser un gurú, podría haber organizado su vida de otra forma. Podría haberse dedicado a la horticultura, o al pastoreo, o quizá a la mecánica o a pilotar coches de carreras. Podría haberse casado, educar hijos, o escribir novelas de ciencia ficción, o de aventuras.

Pero no.

Se dedicó a dar innumerables charlas sobre cuestiones filosófico-espirituales, con una implícita intención de guiar, educar o convencer de algo a sus auditorios.

También fundó algunas escuelas.

Puede leerse, es relevante en este sentido, su discurso en el contexto de su renuncia a la E. O.

http://legacy.jkrishnamurti.org/es/about-krishnamurti/dissolution-speech.php

Que luego despotricase de gurús, de religiones, de iglesias… da igual. Quizá pensó que no ayudaban a la auténtica realización del ser humano. Quizá pensó que se habían quedado obsoletas y era necesario darles una nueva forma.

Pero, aún cambiando la forma, la energía que animaba a Krishnamurti era la misma energía que había impulsado a otros gurús y líderes espirituales y promotores de religiones en general.
*****

Más adelante tocará meterse de nuevo con Krishnamurti y su obra madura. De momento, y siguiendo con el guión, ahora toca unos comentarios sobre un librillo, el primero atribuido a Krishnamurti, y no exento de polémica: “A los pies del maestro” .

Literatura

En la web hay abundante material de críticos y seguidores, y un montón de vídeos en YouTube.

En la biblioteca del blog hay también varios títulos.

Y una biografía, por PUPUL JAYAKAR

Un par de enlaces:

http://legacy.jkrishnamurti.org/es/index.php
http://esoterismo-guia.blogspot.com/2012/12/krishnamurti-mesias-mundo-orden-estrella.html

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Argi

Pagitzlan me habló en una ocasión de Argi.

Era un viejo gurú, famoso en el Pirineo oriental que había pasado el centenar de años. Anarquista, naturista y vegetariano como él mismo se definía. Según me comentó Pagi, vivía en una especie de comunidad rural donde se rodeaba de seguidores y buscadores que acudían en busca de consejos espirituales.

– No es necesario que le digas nada. Antes de que hables ya sabe lo que te ocurre. Tiene el don de ver las auras y los más recónditos pensamientos de cada uno.

La idea de conocer a un gurú de este tipo me resultaba tentadora. Me sentía identificado con el tema del anarquismo y el naturismo. Vegetariano yo no era al 100% ni lo consideraba un aspecto demasiado relevante. Pero que hubiese vivido más de 100 años era otro aspecto que me otorgaba bastante confianza.

Y éso de que pudiera leer las auras… pues éso era precisamente lo que necesitaba, y es que no me resultaba fácil explicar lo que me ocurría, si es que me ocurría algo…

Así que, terminado el curso académico, decidí cruzar el occéano para hacerle una visita.

– Yo no te voy a decir que no vayas – me dijo Pagi cuando estaba a punto de partir. No entendí lo que quiso decir con eso… solo más adelante.

El viaje

Y así, cogí la mochila y aterricé a orillas del Mar Mediterráneo.

No dormí nada aquella noche, tenía la mala costumbre de tomar café, que me aceleraba más de la cuenta, y con el stress del viaje, pasé toda la noche despierto.

Pagi me había facilitado unas indicaciones para llegar hasta la residencia de Argi.

Me junté con un mozo que regresaba a su casa, disfrutando de un permiso del servicio militar. Íbamos andando por una carretera mientras hacíamos auto stop.

No recuerdo mucho del viaje, ni de lo que hablamos. Al cabo del tiempo paró un coche y recogió al militroncho.

Dijo que no había sitio para mí.

Continué el camino sólo.

No sé cuánto tiempo estuve andando, horas y horas al ritmo del ardiente sol mediterráneo que, recién llegado el verano, apretaba con fuerza sobre el maltrecho cuerpito que me quedaba después de una noche sin dormir.

No paraba nadie, no me extraña la fama de tacaños de los occitanos 😈

Bueno, sí, alguien paró y me acercó algunos kilómetros a mi destino.

-Nunca suelo parar a nadie, con la gente tan rara que anda por aquí… – dijo sonriéndome de reojo – pero es que te vi antes. Hace un par de horas que pasé por aquí.

Después de caminar durante todo el día por fin llegué a un poblado, próximo a la casa de Argi. Los vecinos me miraban como si de alguna aparición extraterrestre se tratara.

– sí allí es, a unos 800mts

Me caía de sueño.

Me senté a descansar debajo de una higuera.

Me sentí un Buda, meditando bajo el árbol sagrado y preguntándome a ver para qué hostias había ido hasta allí, con lo bien que podría estar en mi casa viendo una buena peli de terror y fumándome unos chirris.

– ¿Qué es lo que realmente buscas? – creí oír que me decía una voz interior.

– ¡Todas las respuestas están en tí!

Me planteé seriamente el darme la vuelta por donde había venido, ya casi se ponía el sol… ¿Qué pensaba yo pues que me iba a decir de nuevo el buen anciano?

Pero, no, una vez llegado hasta allí, casi alcanzado el objetivo, tenía que completar el viaje.

Retomé la mochila y me acerqué hasta la casa donde vivía Argi.

Con Argi y Compañia

Me recibió sonriente, en la calle, un mozo de buen ver.

Llamaba la atención la pureza de su aura, posiblemente trabajada a base de una alimentación crudívora y, quizá, alguna otra práctica ascética.

– ¿Argi? ¿Vive por aquí?

– Sí sí, aquí es. Qué tal, qué te trae por aquí!

– No nada, me estaba volviendo loco en mi pueblo y me animé a dar una vuelta.

– ¿Y qué querías?, ¿ver al Abuelo? Vaya, pues está en la cama… se suele acostar pronto, con el sol al atardecer…

Me resigné.

Después de todo, me tocaría volver sin verle. Por unos pocos minutos se me había ido a la cama.

El mozo entró en el interior de la casa. A los pocos minutos volvió donde mí.

– ¡Adelante! ¡Pasa! El Abuelo se va a levantar para recibirte.

Pasé a un estancia de la cual no recuerdo detalle. Espere un rato sentado y allá apareció Argi. Me resultó una persona menuda, que andaba con dificultad. Me llamó la atención la ropa, que me sonó un tanto exótica, no sabría decir porqué.

Comenzó a hablarme en catalán, no entendía nada, y me caía de sueño.

Recordé las palabras de Pagi, de que no era necesario decirle nada…

– El Abuelo está un poco sordo, háblale un poco más alto – comentó el mozo.

Lo que me faltaba, hablar a gritos, si no podía yo con mi alma…

No sé cómo iniciamos la conversación. Pero giró alrededor de mi preocupación por mi posible locura.

– pero, ¿Quién te dijo que estás loco?

-pues mucha gente me dice, lo insinúa, o lo da a la entender sin decirlo.

Pagi, por ejemplo, un psicólogo amigo tuyo, incluso, me llevó a un psiquiatra para un tratamiento…

– no le recuerdo a Pagi. Pero ¿vas tú donde él, o él va a tu casa?

No supe que contestar. Conocí a Pagi por qué se presentó en mi casa, pero normalmente le llamaba yo.

– Los locos gritan y rompen las cosas, insultan y molestan a la gente. -señaló-

Sí, bueno, evidentemente no era ése el tipo de locura que me preocupaba.

– Los que fuman y los que comen carne son los que están locos – añadió.

-Bueno, yo he sido fumador, y a veces como carne… – le contesté – Pero no es el tipo de locura que me preocupa.

Se hizo un rato de silencio.

– No comas carne que es pecado

Silencio, de nuevo.

– Los que gobiernan están locos. -añadió- Porque quieren gobernarme a mí, y yo no quiero que nadie me gobierne.

– Pero, ¿puedes volverte loco leyendo la Biblia?-acerté a preguntar-

– ¿Y qué tiene que ver la Biblia? -pareció extrañarse de la pregunta.

Se quedó un rato como pensativo. Luego comenzó a hablar en catalán con el otro compañero con un tono como de sorpresa o extrañeza.

– ¡ Le dicen que está loco y se lo cree! -Continuó saltando al español de nuevo-

Me sentí un poco incómodo. Pensaba que mi problema era más serio que todo éso.

– Pero… ¡Cómo! – intervino el compañero que había permanecido en silencio hasta el momento- ¡Cómo que te crees lo que te dicen! ¡Tú no hagas caso a la gente! ¡Tienes que ser tú mismo!

Me sonó un poco a cliché facilongo lo de “ser tú mismo”

– A nosotros también nos llaman locos – continuó Argi.

– ¿Vosotros? ¿Quiénes “vosotros”?

– nosotros, naturistas, – pareció extrañado de nuevo por mi respuesta- Nos toman por locos.

Me ofreció un folleto de una escuela de yoga, animándome a ir.

Creo que intenté exponer mis miedos hacia el yoga, el hatha yoga y las energías kudalíneas.

– ¿Y dónde piensas dormir esta noche? -continuó volviendo a la práctica realidad cotidiana-.

– Pues… Pensaba dormir aquí… Si es posible…

– Oh, no! No es posible, aquí no tenemos sitio.

Se dirigió a su compañero como para confirmarlo.

– comprendo… Entonces ya me voy.

Me levanté y salí a la calle. El sol ya se había puesto hace un rato y no quedaba luz para mucho tiempo. Y no tenía ni idea de dónde estaba, en mitad del campo.

El compañero de Argi salió detrás de mí.

– ¡Recuerdos a Jalisco! Ya me gustó cuando estuve por allí. Mucha gente muy despierta y mucho verde. Mejor ambiente que por aquí, ésto está muerto.

Yo me empezaba a preocupar por la vuelta. Estaba anocheciendo.
El mozo continuaba hablando.

– y qué haces por allá, a qué te dedicas?

– estudio ingeniería industrial

– ¿ingeniería? Hummm… Ya veo… Tú debes ser el clásico que han hecho de tí lo que han querido, y no lo que tú hubieras querido ser.

Me sonó de nuevo a cliché facilongo. Las circunstancias que me habían impulsado hacia la ingeniería no habían sido fáciles. Todos vivimos insertados en ecosistemas coercitivos que nos limitan las opciones vitales.

– ¿porqué no coges la azada, trabajas la tierra… y así la tierra te trabaja a tí… ?

De nuevo, más clichés… Qué más quisiera yo que disponer de un trozo de tierra para trabajarlo… Pero la tierra cuesta dinero… Hay que trabajar en la industria primero… y guardar los ahorros en el banco…

-Sí, sí, ya veré…

– ¿ y hacer una dieta de crudos? Igual será difícil ¿No?

– Ya veré, ya veré…

Se veía que el buen hombre tenía ganas de hablar. Pero yo estaba en un nivel más práctico, pensando en dónde iba a dormir esa noche. Agotado, dos días sin dormir, un día entero caminando por el asfalto, no sabía ni dónde estaba, en medio del campo… ¡Qué les habría costado hacerme un rincón para dormir…!

Pero qué les vas a hacer, eran catalanes 😜😜

– Bueno, tendré que dormir en la calle -le dije.

– No hombre, tienes un pueblico ahí mismo. Sí mira, bajas por aquí, y luego por allá, luego das la vuelta a la izquierda y subes por la derecha… y llegas a un camino que conduce a P. Primer cruce a la derecha y segundo a la izquierda… Allí ya encontrarás algo.

Me marché de allí.

El regreso

Me metí en un campo, creo que eran vides. Un buen rato caminando, la noche era cada vez más negra, me sentía perdido, pensaba hacerme un agujero en el suelo y echarme a dormir.

Entonces oí pasar un coche a lo lejos.

Había una carretera.

Me dirigí hacia allí.

Gracias al tenue resplandor de las estrellas algo se distinguía la línea del asfalto, aunque a veces se desdibujaba y las sombras parecían moverse. Poco a poco seguí adelante, no sin miedo de salirme de la carretera y caer en alguna acequia.

Pronto pasó otro coche. Le saqué el dedo, sin mucha esperanza, y, como suponía, sin éxito. Pasó a toda velocidad; a través de sus ventanas abiertas sonaba a todo volumen un estridente ritmo bacaladero que iba atenuándose a medida que sus luces se alejaban en el horizonte… Pude comprobar así el largo camino que aún quedaba.

Y así pasó otro coche, y otro, todos con similar ritmo discotequero.

Finalmente, no sé cómo fue que aparecí en S.

Recuerdo, al menos, tres videoclips de mi paso por el pueblo.

Primero recuerdo una cuadrilla de jóvenes haciendo corro en la calle bebiendo unas cervezas. Me miraban riéndose.

-¿Qué os pasa? – inquirí.

Aquél no era yo. Yo nunca respondía a burlas e insultos, reales o supuestos, pero estaba un poco alterado del viaje y la falta de sueño.

-Tranquilo amigo, no pasa nada.

Pensé que probablemente era alguna de esas cuadrillas que me adelantaron en coche por la carretera

Entonces me acordé de las palabras de Argi

“¡Le dicen que está loco y se lo cree!

Y reconocí que había mucho de cierto en ello. Las críticas ajenas me afectaban de una manera especial, casi como “creyendo” lo que trasmitían. El pensamiento de “estar loco” procedía de los demás.

Yo me levantaba de la cama, feliz y lleno de energía, me asomaba por la ventana y disfrutaba de un hermoso día de primavera, o de otoño. Salía a pasear recreándome plácidamente en mis pensamientos… Hasta que me cruzaba con algún conocido, nos saludamos, hablábamos de esto y lo otro… Y, ¡Zas! La idea de “estar loco” se instalaba en mi mente hasta que poco a poco me iba zafando de ella.

Bueno, no exactamente así pero casi.

El segundo videoclip va ambientado en una pensión que encontré en el pueblito. Se me abrió el cielo pensando que podría dormir plácidamente en una cama, aunque tuviese que invertir los pocos dólares que me sobraban.

– Hola buenas noches ¿ alguna habitación para dormir hoy?

– sí creo que sí, – me atendió una simpática moza- preguntaré a ver

Se dirigió a un hombre con cara de pocos amigos que sería el dueño del local.

No hacía falta mucho conocimiento del occitano para traducir la respuesta del jefe:

– Ese tipo de gente en mi casa yo no quiero.

La moza volvió donde mí

– Lo siento no tenemos habitaciones libres

– Estoy muy cansado, llevo dos días sin dormir, no sé dónde ir. ¿No podría aunque sólo sea dormir en el suelo en cualquier rincón? .

– No, no! ¡No puede ser! ¡Imposible!

– Que os pago por adelantado
– Que no!

Se puso un poco nerviosa.

El tercer videoclip se desarrolla en una estación de tren o de autobuses no recuerdo bien.

Me metí dentro, me tumbé encima de un banco y me eché a dormir tapado con la manta.

Al poco rato oí como entre sueños una voz en catalán. Supuse que era el responsable de la estación, que iba a cerrar y me apremiaba a levantarme y largarme a otro sitio.

Me hice el dormido. El buen hombre no insistió

A la mañana comprobé que no había cerrado la puerta de la estación con llave. A lo que se ve le había dado pena y me dejó estar. Qué no se diga, que algunos catalanes tienen su corazoncito 😜😜

Un poco más animado, después de dormidas algunas horas, que no muchas, deposité mis huesos en un autobús dirección Tortosa.

Me acomodé entre los asientos y según me dormía, no sé bien si más dormido que despierto, divisé un enorme OVNI que acompañaba la trayectoria del autobús.

A partir de ahí no recuerdo nada más, solo sé que aparecí en Guadalajara. De nuevo, pensé, se trataría de algún tipo de teletransportación cuántica, o quizá algún tipo de amnesia temporal, no le dí mayor importancia. Lo verdaderamente importante es que había dormido profundamente, y me encontraba totalmente recuperado. Hacía un día espléndido y disponía de todo el día para pasear por la ciudad.

A la tarde cogería un tren para llegar a casa.

Recordé que en Guadalajara había un centro de la Escuela Gnóstica. Por un momento pensé que, si había sido teletransportado hasta esta ciudad, no habría sido por casualidad y que algo o alguien quería dirigir mis pasos hacia esta Escuela. Además tenía pendiente una entrevista con el director del centro.

Así que me entretuve buscado la Avenida del Levante donde, recordé, se hallaba situada la vivienda particular del director del centro y que hacía las veces de local público.

No me costó mucho encontrarlo, preguntando aquí y allí. Me acerqué al portal… Pero no me decidí a llamar. Lo dejé correr. Pensé que ya era suficiente con haber explorado el terreno. Tampoco eran maneras presentarse ahí sin avisar con estas pintas… que estos gnósticos son un poco raritos… En otra ocasión quizá.

Y, así, seguí deambulando por la ciudad.

Me metí en una librería, en una sección de temática espiritual y esotérica y allí pase largas horas absorto, hojeando libros.

Finalmente, de entre toda la oferta, y cuando el librero ya me echaba del establecimiento elegí un par de ellos.

-¡Venga, ya está bien! que esto no es una biblioteca pública, llevas toda la mañana! ¡Tengo que cerrar para irme a comer!

Elegí un librillo que se convirtió en libro de cabecera durante un tiempo: “A los pies del maestro” de Jiddu Krishnamurti. El otro, no recuerdo cuál.

No sé qué fue lo que me llamó la atención del librillo en cuestión, supongo que el carácter escueto y resumido del texto, y alguna frase que leí en su interior.

El título no resultaba nada atractivo, menos aún para un pobre anarco como yo, trasmitía la imagen de una sumisión negativa e incondicional hacia los Gurús.

El autor tampoco me resultaba muy atractivo, al menos las cosas que había oído de él. De que si era la encarnación de Jesucristo y cosas similares que no invitaban a hacerle mucho caso.

Yo también me fui a comer.

Me metí en un restaurante y, hojeando la carta, sentí una cierta repulsión ante los platos carnívoros. Me di cuenta de que había llegado el momento de dar una nueva vuelta de tuerca hacia el vegetarianismo.
A la tarde cogí el tren de vuelta a casa. Casi ni me acordaba ya de Argi, pero me sentía envuelto en un campo de fuerza de tipo naturista, ecologista vegetariano, anarco, hippie….

Conclusión

Bueno, la organización un desastre. Pagi me trasmitió la idea de que podría dormir allí, en los dominios de Argi, pero no fue así, lo cual me dejó un poco resentido.

Mea culpa, si ya sabía yo que Pagi era un poco fantasma, tenía que haberlo confirmado. En realidad, Argi había tenido que abandonar recientemente sus dominios, y las cosas no eran como las había conocido Pagi. Pero en cualquier caso, aunque hubiese sido un centro público de acogida, siempre hay que confirmar las plazas.

Mea culpa, mis resentimientitos no estaban en absoluto justificados, bastante había hecho el Abuelo en levantarse para recibirme con sus ciento y pico de años.

En cuanto al auto stop, cada región tiene sus costumbres y no se puede culpar a nadie de que yo hubiese caído en una zona poco dada a estas formas de desplazamiento.

Y lo del hostal, sí, casi seguro que no me dejaron habitación porque no les dió la gana, pero en fin, suele pasar.

Por lo que se refiere a la filosofía naturista y pacifista alrededor de la cual se movía el entorno de Argi, no era perfecta ni me cautivaba en absoluto, hacía agua por todas las esquinas.

La Madre Naturaleza no es en absoluto pacífica ni vegetariana. Es carnívora, cruel y despiadada. Y en un mundo cruel y despiadado, el pacifista que se queda de brazos cruzados ante la violenta maldad y crueldad de sus convecinos se vuelve cómplice violento del evento. O exterminamos violentamente al violento criminal, o permitimos violentamente que continúe ejerciendo sus violentos crímenes, con lo cual, en un mundo interconectado, realmente, es como si los cometieramos nosotros mismos.

En fin, sobre estas contradicciones de los pacifismos, humanismos y naturismos ya he disertando ampliamente en otras partes del blog. La filosofía gnóstica me resultaba más completa, y más consecuente.

También me resultaba atractiva la idea de una estructura burocrática, de una “persona jurídica”. En ocasiones, y cuando las personas fallan, las estructuras impersonales pueden resultar útiles.

Sin embargo, con todas sus imperfecciones y contradicciones, el “naturismo” resulta un campo de fuerza aceptable, que ofrece igualmente una identidad aceptable para desenvolverse en sociedad. Una identidad más aceptable y fácil de llevar y compartir que la propiamente gnóstica.

Amor por la naturaleza, rechazo de la civilización y el progreso, vida sana, comida vegetariana, vuelta a sociedades primigenias, la India, el Amazonas, los antepasados, ecología, antimilitarismo, antinuclear, Etc. Etc. Etc.

Así pues, a pesar de que yo me sentía gnóstico, de cabeza y de corazón, me refugié en una identidad, en un discurso, en una apariencia de corte natural, ecologista, naturista, anarquista y vegetariana. Con unos vaqueros, unas sandalias, unas melenas y un periódico de izquierdas.

Los gnósticos, la verdad, me resultaban un poco distantes, psicosocial mente hablando, con sus trajes y sus corbatas y sus coches impecables.

Parecían traficantes de armas 😁😁

Aparte de que, bueno, ellos mismos se empeñaban en ponerme a comer aparte con su negativa a admitirme como un compañero más.

Hay que decir que mi naturismo resultaba un tanto atípico, mis estudios de ingeniería industrial no casaban mucho con el perfil medio. También era un tanto burgués, en el sentido de que yo no renunciaba a ninguno de los placeres de la civilización, o casi (aunque éso es algo que hoy día cada vez se lleva más). Era una especie de identidad social. De máscara, más bien. Y por otra parte engarzaba bastante bien con lo que había sido mi vida previa, mis compañeros previos. En el fondo, podría seguir presentándome como un hippie. Un hippie que se alejaba de las drogas y del pasotismo, arrimándose a la dimensión más naturista, espiritualista, intelectualista…. manteniendo una buena dosis de romanticismo rebelde.

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La Dirección Espiritual IV

Estimado amigo:

Ya le dijimos en una de nuestras anteriores cartas que el acercamiento a los temas espirituales en general y la Escuela gnóstica en particular, denotan cierta actividad del átomo original.

El tono de la respuesta volvía a sonar cercano, y cargado del magnetismo peculiar del Sr. Echeverria.

Este hecho, unido a cierta predisposición karmika le han acercado a la Escuela Espiritual, y la Escuela intenta ayudarle. En primer lugar, le hicimos ver que lo importante, o lo más importante, es la ayuda impersonal que la Escuela irradia sobre los buscadores en forma de Fuerza. Se trata de una Fuerza que ayuda al buscador a vencer su propia debilidad sin forzar nada.

Nosotros no hemos excluido una ayuda personal ya que, precisamente, desde el momento en que contestamos a la mayoría de sus cartas, personalmente le decimos algo. Es decir la Escuela intenta ayudarle a usted concretamente a salir de sus apuros.

Bueno, ya nos vamos entendiendo. Pero el término “Escuela” viene usado en términos un tanto ambiguos, como también suele ser frecuente en la literatura de JvR. Tenemos la Escuela/campo-de-fuerza y la Escuela/organización-burocrática. A la primera correspondería la ayuda impersonal y a la segunda la personal.

Cuando le hablamos de impersonal queremos recalcar que usted debe orientarse principalmente a esa Fuerza que irradia de la Escuela. Esta Fuerza está al servicio de todos por igual a condición de ser aceptada.

Seguimos con la confusión de términos. Y se contradice con la carta anterior en la que decía que la Fuerza sólo estaba disponible para alumnos que se habían preparado cuidadosamente.

Piense que toda ayuda personal es limitada, parcial y a veces muy subjetiva mientras que la ayuda de la Gnosis es siempre objetiva.

Y, bueno, entonces, la decisión de prohibirme la entrada en la Escuela… ¿también resulta limitada, parcial y subjetiva? Porque, resulta que, si como dicen, la Fuerza irradia de la estructura burocrática, y a uno se le prohíbe la entrada en la estructura, entonces se le está impidiendo igualmente el contacto con la Fuerza, y se le está impidiendo la ayuda objetiva.

Un auténtico sinsentido argumental

Hemos pensado que colocarle ante la realidad desnuda era la mejor ayuda que podíamos ofrecerle ya que como si según nos dice usted no tiene un dominio pleno sobre si mismo el hecho de colocarse ante la realidad es la mejor manera de recuperar ese control.

Aquí me pierdo. ¿”colocarle ante la realidad”? No acabo de pillar el sentido de la frase. ¿Negarme la entrada en la Escuela es confrontarme con la realidad? 🤔🤔

Por supuesto, yo no tenía un dominio pleno sobre mi mismo, ni antes ni ahora, ni creo que lo tiene ningún alumno de la Escuela.

¿Quién es dueño de aumentar un par de centímetros su estatura? ¿De qué grados de autocontrol y autodominio estamos hablando? )

Usted necesita un punto de apoyo para esclarecer su confundida mente, y ese punto de apoyo debe ser la realidad.

Mientras usted no haya conquistado una zona de seguridad interior su entrada en la Escuela iría unida a una serie de tensiones difícilmente soportables por usted. Por esta razón le indicamos que por ahora no podría hacerse alumno, siempre que su deseo fuese ser alumno.

Por supuesto, mi mente estaba confundida, pero, ¿no están igualmente confundidas las mentes todos los pobres buscadores? De nuevo vuelvo a la pregunta: ¿de qué grados de confusión estamos hablando? ¿De qué tipos de seguridad o inseguridad?

¿La seguridad del ignorante que cree saber no sabiendo?

¿La inseguridad de quien descubre que su supuesta sabiduría y autocomplaciencia se desmoronan a la luz de la investigación gnóstica?

Y de nuevo se contradice con la carta anterior, en lo que se refiere a los motivos para negarme el ingreso en la estructura burocrática. Antes se decía que yo no era libre para decidir. Ahora se señalan las posibles tensiones a soportar.

Bueno, decir que son numerosos los alumnos que ingresan a la estructura y al poco tiempo abandonan, y más tarde vuelven a ingresar… y no pasa nada. ¿Porque yo tenía que ser diferente?

Veamos cómo plantea JvR el problema:

Usted se ve a sí mismo en el Atrio, en harapos. Y como uno siempre se ve reflejado en el otro, aparecen las tensiones, y la explosión no tarda.”

Imaginemos a cien alumnos en el Atrio que no hacen nada por hacerse aptos para entrar en el Santuario. ¿Qué ocurriría? Sin lugar a dudas se eliminarían mutuamente. El Atrio de la Escuela es saneado constantemente por esta auto-destrucción, y sólo en escasas ocasiones es necesaria la intervención directa de la Dirección. De este modo se hace sitio para un nuevo grupo que penetrará en el Santuario o se eliminará a sí mismo”.(JvR, la Fraternidad de Shambalah)

Esta postura no es ni mucho menos absoluta está sometida al tiempo: si usted persevera y no se abandona seguro que triunfará sobre sus dificultades.

Aquí estamos igual que antes, una prohibición de ingresar en la Escuela sobre la base de unos motivos demasiado genéricos e indefinidos. ¿Quién decide si mi entrada en la escuela provocará tensiones insoportables? Pero, ¿No quedamos que la orientación personal era limitada, parcial y subjetiva? 🤔🤔

Y unido al hecho de que yo tampoco tenía claro lo del alumnado y las estructuras burocráticas jerárquicas.)

No obstante le recomendamos un contacto personal con el Director del grupo de Guadalajara a quien puede solicitar una entrevista, y posiblemente tenga la ocasión de asistir a alguna actividad pública este otoño.

Bueno, un contacto personal es lo menos que se puede pedir antes de negarle a alguien la entrada en la Escuela.

Deseándole que los próximos meses sean especialmente provechosos se despide bla bla bla…

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Bueno, la nueva carta me dejó un mejor sabor que la anterior, y una mejor sintonía con el campo de fuerza. Aunque con las objeciones citadas.

Pero, la cuestión esencial persiste, y es la negativa a admitirme como alumno. Con muy buenas palabras, sí, casi como que me hacían un favor marginándome del grupo de alumnos.

Podrían haberlo planteado como un consejo, pero no. Era una prohibición ejecutiva que bloqueaba indefinidamente mi relación con la Escuela.

Y todavía se empeñan en proclamar que “en la Escuela no hay autoridades“, o que “todos somos maestros y todos somos alumnos” 😄😄, suena bien, si, pero no sé corresponde con la realidad.

Y lo que es peor, se trasmite un mensaje engañoso.

En fin, que esta negativa, unida a mi desconfianza de las estructuras burocráticas espirituales, y que, por otra parte, yo tampoco veía claro ingresar en la estructura burocrática, es lo que ha marcado mi relación con la Escuela Gnóstica, tal y como ya describí en el capítulo anterior. Una situación un tanto kafkiana, ya que, de un lado me sentía atraído por el campo de fuerza, y de otro lado repelido de la estructura burocrática.

Resumiendo, que me quedaba con:

-una buena sintonía con la filosofía gnóstica, con la excepción de algunas contradicciones.

– una buena sintonía con el campo de fuerza

– desconfianza de los sistemas burocráticos espirituales

– Prohibición de las autoridades burocráticas, la dirección espiritual, respecto a mi ingreso en la estructura

– y permiso para estudiar la literatura, el cual fui aprovechando para profundizar en la obra de JvR, de la cual, en algún momento, tendré que hacer un buen comentario.

En cualquier caso, como decía en el capítulo previo, acepté humildemente los planteamientos de la dirección en la perspectiva de que, quizá, en un próximo futuro comprendería los motivos por los cuales la dirección de la escuela se empeñaba en prohibirme el ingreso, incluso antes de solicitarlo.

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La dirección Espiritual III

El Derecho a la interacción. Monopolio del campo de fuerza. La “puerta” astral. El delirio de grandeza. Delirios y grandeza entre los gurús de movimientos espirituales. Intensidad, duración y frecuencia del síntoma delirante. Efectos secundarios del síntoma. Los Criterios burocráticos de admisión en la Escuela Gnóstica. La RC y Yo.

Querido amigo:

Hemos recibido su carta y pasamos a contestarle.

Comprenderá que no podemos entrar en cada detalle de su carta, no obstante, si lo desea, puede usted profundizar en Nuestra enseñanza a través de Nuestra amplia literatura.

Lo primero, queremos aclarar que, cuando en nuestra anterior carta le decíamos que no podíamos ayudarle personalmente, lo que queríamos decir es que en la Escuela no se trata de que los problemas personales de los alumnos sean analizados por otros alumnos más avanzados para luego aconsejarles sino que cada alumno debe resolver sus propios problemas.

Ello es posible porque el alumno serio es dotado de una fuerza que contrarresta su debilidad y de una luz que desenmascara las raíces mismas de sus problemas. Con esa fuerza y en esa luz el alumno puede conseguir que la raíz misma del problema se consuma en el fuego purificador del Espíritu Santo. En nuestra anterior carta, por tanto, nos referíamos justamente a esas radiaciones que están a disposición de todo alumno serio que se ha ennoblecido para ello mediante una preparación cuidadosa.

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Yo pecador (y III; David y Goliath y el OVNI )

Coitus interruptus

Hace tiempo que no publico nuevas entradas y es que la actual, se quedó atascada en la carpeta de borradores. No por nada en especial, pero mis contactos del Mossad me aconsejaron que, casi mejor, que no la publicase o me atuviese a las consecuencias. Y, bueno, uno ya tiene suficientes frentes abiertos como para meterse en más líos.

Pero resulta que el presente capítulo, a pesar de un poco farragoso, resulta crucial, y punto de inflexión de la historia, y estaba bloqueando nuevas entradas.
Así que, bueno, de algo hay que morir, habrá que meterlo, aunque sea en modo intermitente, no creo que nadie se entere, sigamos con la saga 😉.

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La Estela de David

Un buen día estaba yo leyendo la Biblia, Antiguo Testamento, recreándome plácidamente, leyendo las historias de los reyes y profetas de Israel.

De repente leyendo la historia de David y Goliath sentí como un fugaz chispazo, una sensación de déjà vu, o dejà veçu, o similar, y de que esa historia se relacionaba conmigo de una manera muy especial… quizá en clave reencarnatoria… 😉

No quería creerme que en realidad me había pasado éso, ni quise darle importancia a lo sucedido. Me di un buen pellizco y lo dejé correr, como un curioso lapsus neuronal.

Pero, poco más tarde, leyendo el episodio de la abducción y arrebato del rey David, volví a sentir lo mismo, más intensamente, como un fogonazo, con un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo.

¡Sentía vívidamente como que aquello me había pasado a mí! 😉

– ¡No puede ser!, ¡ésto no puede ser!. – me dije – No es posible que me esté sucediendo ésto a mí!.

Estaba completamente sereno. Hacía tiempo que había dejado el alcohol y las drogas, y aquella experiencia me daba a entender que quizá estaba yo perdiendo el buen juicio, y posiblemente, a causa de las lecturas bíblicas.

Quise hacer como que no había pasado nada. Me decía a mi mismo que, cuantas más vueltas le diese al fogonazo en cuestión, más relevante se iba a volver. Lo mejor, quizá, actuar como si nunca hubiera pasado nada. Ni hablar de contárselo a nadie, ni registrarlo en el diario. Solo conseguiría darle más fuerza. Mejor ni recordármelo a mí mismo, como si de un revoltoso sueño se tratase; sueño que se olvidaría a poco de despertar.

Gnosis o Psicosis

Pero se había abierto en mi interior una línea de fuerza magnética de difícil explicación y manejo, y que se mantenía latente, dispuesta a emitir su peculiar y sutil frente de ondas.

Pronto lo relacioné con los síntomas de una psicosis o una esquizofrenia mística. Parecían como delirios de grandeza, ( aunque yo me negaba a creérmelo. Tampoco me hacían sentirme “grande”, candidato al manicomio, más bien.)

Era como las llamadas autoreferencias, y en la mismísima Biblia. Autoreferencias que dirigen la mente, o al menos lo intentan, y, en cualquier caso, dejan su huella.

Y tenía toda la pinta de que con un poco más de intensidad y un poco más de duración podría llegar a causar serios problemas.

Me acordé de la historia de Don Quijote, que algo rarito le debió de ocurrir leyendo libros de caballeros justicieros…

Todo mi supuesto camino espiritual amenazaba con resquebrajarse en mil pedazos, con esta nueva línea de fuerza. Una línea de fuerza sin palabras pero que pretendía hacerme creer que yo era la reencarnación del mismísimo rey David con una misión a realizar en el mundo moderno 😉.

¿Qué me quedaba entonces de mi vocación y camino espiritual?

¿Qué me queda del supuesto campo de fuerza gnóstico ? ¿Y del poder benefactor de la Escritura ?

¿Se tratará todo, igualmente, de una alucinación? ¿Todo mi proceso, supuestamente espiritual, no era más que una sintomatología psicótica galopante?🤔🤔

¡No!, ¡no puede ser!.

Y es que la idea de haber perdido completamente el juicio me resultaba casi tan increíble como la idea de ser la encarnación literal del citado personaje.

Ahora que todo parecía ir bien… Ahora qué mi vida parecía ordenarse alrededor de mi recién encontrado camino espiritual…

y se me presenta una historia como ésta, dejándome completamente desarmado.
Reevaluación

Entonces, a ver, cómo empieza todo.

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Yo pecador (II, misión y vocación)

Sentido de la vida y vocación. Investigación y divulgación. Gnosis. Vidas ejemplares en el AT. Misionismo y mesianismo. Misionismo racional. Misionismo mágico y profético. Misionismo reencarnacional. Misión y Gloria Terrenal. Recurrencia del modelo misionista. Dioses extraterrestres y otras fuerzas sobrenaturales. Esquizofrenia psicosocial.

Sentido de la vida

Al terminar la época preuniversitaria yo no tenía muy claro qué hacer en la vida. Sentía una fuerte inquietud interior y no veía embarcarme en un currículum clásico de estudios. De estudios-trabajo-matrimonio-hijos…

Entonces me tomé un año sabáthico para reflexionar…
Me sentía un poco diferente a los demás. Diferente, sí, pero un poco en clave de superioridad. Como que no quería ser un “animal de rebaño” más… y sin tener claro el rumbo a seguir…

En el entorno en que vivía, llamémosle pseudohippie, circulaban ciertos valores, ciertas ideologías, ciertas cosmogonías, ciertas “leyendas urbanas”… no exentas de contradicciones… de modo que me veo en la necesidad de investigarlas, de esclarecer el misterio de “la verdad de las cosas”, de las opiniones, las ideologías, los valores, hallar mi propio camino, en suma…
Vocación

Comienzo con la investigación y lo que va surgiendo es una vocación filosófica, cientifica… Muy inspirada en la filosofía clásica y cartesiana y el Jnana Yoga… que tras la experiencia de mescalina va tomando forma un tanto mágica, esotérica, psicodélica…

Con el estudio de la Biblia y los Evangelios la vocación va tomando una forma espiritual-religiosa.

La cuestión era, o es, cómo enfocar, o cómo entender, una “vocación” de este tipo. Porque, se supone, que una vocación de pintor, por ejemplo, le empuja a uno a pintar cuadros, el músico a componer melodías, el escritor a escribir novelas, el médico a curar enfermos. El arquitecto, el pastor, el guerrero…,,, bueno, cada uno a lo suyo.

Pero, una “vocación espiritual”… o más concretamente: mi propia percepción espiritual.. ¿Hacia donde me llevaba?
Modelos a imitar

Consideremos también los modelos de referencia. El pintor quizá coja como modelo a Picasso o a Velázquez y el músico a Mozart, Bach o Lou Reed… Pero yo… ¿a quien tenía como modelo?

De primeras a nadie, me temo. Mi vocación había surgido de lo más profundo del interior… precisamente uno de mis principios había sido de no dejarme influir por nadie, y cuestionar cualquier influencia externa…

¿Cualquiera?

Bueno, al menos conservaba el lenguaje, el sistema lógico-linguístico heredado, el espíritu académico-filosófico-cientifico… casi me suena a Descartes… y su duda metódica… pero aderezado con algo más… ¿Siddhartha quizá?

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